Durante dos años después de la ruptura, Carlota vio a su ex novio coquetearle a otra en la oficina. La relación con Alejandro sólo duró seis meses, pero trabajar en el mismo piso hizo que esa situación fuera una de las más difíciles de su vida. Además del dolor de corazón, por poco la corren, porque no podía concentrarse.

“Caí en depresión, porque ver a las personas después de que terminas es muy difícil, te distrae. Creo que fue la separación más dura de mi vida”, asegura hoy, ya trabajando desde un departamento diferente, pero dentro de la misma empresa y con el semblante tranquilo.

Aunque él terminó de un día para otro con ella, la volvía a buscar una y otra vez. “Llamé a esto el proceso de la liga elástica, porque él trataba de jalarme de nuevo, pero sin regresar conmigo”, cuenta ahora entre risas. Ella asegura que incluso llegó a pasar momentos muy incómodos, como cuando él llegaba a la oficina y saludaba a todos… menos a ella.

“Él no sabía lo que quería, pero con esas actitudes no me quería soltar, en caso de que cambiara de opinión y quisiera regresar conmigo. No quería andar conmigo de nuevo, pero tampoco dejarme”, cuenta. Los nombres son otros, pero el caso es real y ocurrió en una agencia de contenidos en la Ciudad de México.

Lo que la salvó de sufrir una recaída mayor y de prácticamente perder el empleo, dice, es que se abrió una posición laboral en otro departamento de la empresa, lo que los separó de trabajar en el mismo piso y la misma oficina. Empezó a tener un trabajo que le gustaba mucho, con un equipo muy unido, lo cual hizo que se superara en la parte laboral, lo que repercutió en otros aspectos de su vida.

“Si no hubiera sido por eso, hubiera seguido muy mal. Bebía mucho, y como él es muy inteligente y manipulador, me estaba culpando por todo lo que salió mal”, recuerda.

Por supuesto, la bebida no ayudó en nada. A la pregunta de cómo lo superó, Carlota contesta que en realidad son pocas cosas las que pueden ayudarte —intentó un tiempo irse de vacaciones— porque “la fuerza viene de adentro”, dice. “Un día te dices a ti misma, basta”.

El entablar relaciones amorosas en la oficina no es nada nuevo. Muchas personas pasan más tiempo conviviendo con compañeros del trabajo que con su propia familia, así que no hay razón por la cual pensar que sería raro entablar relaciones personales con un compañero de trabajo. De acuerdo con un estudio de Regus, a nivel global 57% de trabajadores admitió tener relaciones amorosas en la oficina.

Otra medición realizada sólo en México por el portal de empleo Trabajando.com, encontró resultados prácticamente idénticos: 56% de los mexicanos aseguró haber tenido un romance en el trabajo con algún compañero.

Según este mismo análisis, 33% de las empresas mexicanas prohíbe las relaciones amorosas en el trabajo.

“En muchas ocasiones, si no se sabe manejar este tipo de relaciones puede llegar a afectar el desempeño de los trabajadores, debilitar su carrera e incluso afectar su carrera profesional”, sostiene el estudio. Es más, 18% de las organizaciones no tienen ninguna prohibición de este tipo, y 49% aseguró le es indiferente.

Justo entre las cosas más complicadas para aquellos que contestaron que han tenido este tipo de relaciones es el tener que actuar como si nada cuando se está enojado con la pareja dentro de la oficina. Y se pone aún peor cuando no sólo están enojados, sino que han roto relaciones, y al parecer será para siempre.

¿Qué hacer?

Primero reconocer que perdiste algo. Es decir, es necesario darle lugar a la situación: Hubo una ruptura y hay una pérdida que afrontar. Aún si la relación no era seria, hay dolor y habrá que pasar por una etapa de superación.

“Cuando hay una pareja o una relación significativa en el trabajo estás superando una pérdida muy importante que requiere de un duelo”, explica Ana Estrada, directora de la consultoría Brújula Interior. Seguramente vendrán muchas emociones: enojo, tristeza, nostalgia. Es necesario pasar por ellas y no reprimirlas.

“El darte cuenta que estás triste y que quizá no quieres salir con amigos ni ver a nadie es ya una forma de apapacharte. La aceptación es una gran parte de la solución”, asegura la especialista. Si la relación no era tan significativa, este simple acto puede ayudarte prácticamente a salir en pocas semanas. Si no, durará más tiempo, pero necesitas tener paciencia, porque muy probablemente esta ruptura tardará más tiempo que lo normal en superarse debido a que estarás viendo a la persona diariamente.

“Esto suponiendo que él o ella se porta a la altura, porque si hace de las suyas, te tira mala onda, te hace drama o abusa jerárquicamente, las cosas se complican”, advierte Ana.

El análisis

¿Qué es lo que perdiste en esa relación? Contestarte esto va a ayudar a mirar con detalle la relación que tuviste, lo cual te va a permitir saber no sólo las partes positivas —que son las que solemos añorar cuando estamos con el corazón roto— sino también las partes negativas, lo cual en muchos casos puede ser liberador.

“Elaborar una ruptura significa que eres capaz de reconocer tanto los puntos que perdiste como lo que ganaste. Quizá se enojaba mucho porque viajaba, el que tuviera que excluir a uno de mis amigos, que fuera celosa o celoso, hay muchos aspectos que se pueden ganar y da un sentido de bienestar”, asegura Ana. Si la relación era superficial, es en esta parte en donde es probable que puedas salir adelante. Si no, aquí no se va a resolver pero sí va a ayudar a poner en balance los aspectos de la relación.

Sin embargo, si la persona todavía está en la etapa de pensar que el otro es perfecto y se lamenta por la pérdida, todavía necesita pasar más tiempo para aceptar la pérdida.

“Una persona que está idealizando lo perdido, ya puede entrar a lo perdido pero todavía no puede elaborarlo, necesita más tiempo y más distancia”, asegura la especialista.

Por supuesto, hay que entender que las personas no son reemplazables, y que hay aspectos de las relaciones que no se van a poder sustituir. Pero para superar una ruptura es necesario querer hacerlo y trabajar en ello. Justo lo que le pasó a Carlota, que un día se despertó y dijo “ya basta”. Y empezó el trabajo de duelo.

Lo que la especialista asegura es que la superación de este tipo de situaciones se realiza cuando la persona está consciente de que quiere salir, ya que hay personas que se enfrascan en el sentimiento de pérdida y que “están encantados” con todas las complicaciones que le siguen a la ruptura.

La dificultad de superarlo es directamente proporcional a lo significativa que haya sido la relación. Si ésta no fue tan profunda, muy probablemente en un tiempo puedan ser amigos, al menos conocidos que pueden saludarse y convivir en un mismo entorno. Por el contrario, si la relación fue más profunda, probablemente incluso alguno tenga que salir de la organización o al menos cambiarse de área.

Pero si los dos se quedan en la oficina tiene que reinar la practicidad. No hay pasos fijos de las medidas que han de tomarse, pero sí hay ciertas recomendaciones que pueden ayudarte. La primera es la de tomar distancia.

“Si va a estar la otra persona en una junta y puede alguien reemplazarte, que lo haga. Si te lo vas a topar en un viaje de trabajo y van varios, siéntate con alguien más y hasta el otro extremo. Toma distancia en lo que todo se reacomoda”, dice Ana. El tiempo será un aliado.

Por difícil que sea, es necesario que lo lleves todo al ámbito profesional. “Necesitas tratar a tu ex como cualquiera de tus otros compañeros de trabajo. Mantén las comunicaciones de manera educada y estrictamente laboral. Aguántate si tienes comentarios negativos sobre él, porque hacerlos, no va a mejorar en nada”, recomienda The Muse, una agencia que conecta profesionales con compañías. En este sentido, hablar de él o ella y favorecer los chismes no va a ayudarte. “No necesitas echarle combustible al drama de oficina”, sostiene esta agencia. Mantén la ruptura lo más discreta posible.

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