En la actualidad, como resultado de los hábitos de vida y el estrés de las grandes ciudades, los trastornos digestivos se han convertido en uno de los principales motivos de consulta médica general y de especialidad gastroenterológica y de cirugía. Entre los padecimientos más frecuentes destacan la gastritis, el reflujo gastroesofágico (agruras) y el síndrome de intestino irritable (colitis) que, en conjunto, constituyen cerca del 90% de la consulta a médicos por alteraciones digestivas.

De todo ello, Vida Q entrevistó al doctor Alejandro Dimitri Hernández García, Especialista en Cirugía General y certificado por el Consejo Mexicano de Cirugía General Manejo de hernias complejas de pared abdominal y heridas crónicas, quien explicó por qué se generan y la manera de prevenir estos trastornos.

¿Por qué son tan frecuentes estos trastornos?

“Todos estamos propensos a padecer cualquiera de estas enfermedades, son resultado de los malos hábitos alimenticios que poseemos (periodos de ayuno prolongado, dieta rica en irritantes, cítricos, bebidas gaseosas, consumo de alimentos procesados y ricos en harinas y conservadores, dieta carente de fibra, etcétera), en asociación con otros hábitos como el tabaquismo y el consumo de alcohol, además del estrés propio de la vida urbana.

“Anteriormente, estos padecimientos se presentaban después de los 30 años de edad; sin embargo, es cada vez más común el atender dentro de la consulta a adolescentes e incluso a niños que presentan estos trastornos”, explicó.

Si bien, afirmó el médico Alejandro Dimitri, una situación que ha contribuido al incremento y agravamiento de estas transtornos digestivos es la automedicación, que suele enmascarar las manifestaciones, hacerlos crónicos y favorecer la aparición de complicaciones, muchas de las cuales requieren resolución quirúrgica.

¿Cuáles son las manifestaciones más comunes de estos padecimientos?

“La manifestación común de todos ellos es el dolor abdominal, que puede ir desde sensación de plenitud (sentirse lleno) o vacío, hasta un dolor francamente incapacitante que limita la actividad física con repercusiones tanto en el ámbito familiar, escolar y laboral.

“Dependiendo del trastorno, los datos acompañantes pueden incluir: agruras y ardor a nivel del pecho (como en la enfermedad por reflujo gastroesófágico); náusea, vómito (como en la gastritis); y constipación o cuadros repetitivos de diarrea (como en el síndrome de intestino irritable). Sin embargo, también pueden cursan sin ninguna manifestación”, dijo.

¿Cómo pueden prevenirse estas enfermedades?

Los buenos o malos hábitos alimenticios comienzan desde la niñez, por lo que la aparición de estas enfermedades es el resultado de una mala alimentación que se ha perpetuado por años.

Por eso es importante educarnos y, lo fundamental, educar a nuestros hijos en el buen comer, que debe incluir:

Alimentación equilibrada y balanceada (todos los grupos de alimentos, con menor proporción de grasas y harinas).

Alimentación dentro del hogar, de preferencia con horarios fijos para el desayuno, la comida y la cena (se puede consumir frutas y verduras entre estos alimentos principales).

Evitar periodos de ayuno prolongado.

Es fundamental no consumir alimentos procesados, bebidas carbonatadas e irritantes.

Aumentar la ingesta de agua a 2 o 3 litros al día.

Consumir alimentos ricos en fibra.

Fomentar la actividad física en toda la familia.

¿Qué debo hacer si ya presento una o más de estas manifestaciones?

El primer paso es modificar los malos hábitos alimenticios, evitando la automedicación. Posteriormente, acudir a consulta médica donde, de acuerdo a la magnitud de los síntomas clínicos, se iniciará el tratamiento más adecuado dependiendo el trastorno y, en caso necesario, se solicitarán estudios especializados con el fin de detectar y tratar oportunamente posibles complicaciones.

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