18/08/2017
19:29
Lourdes Durán

Ayudan a parejas a concebir in vitro

Originaria del municipio de Zaragoza, San Luis Potosí, durante años enfrentó los señalamientos de personas que constantemente cuestionaban la falta de hijos en su matrimonio, sin conocer la situación por la que atravesaban ella y su marido.

 


Elizabeth Torres vivió un calvario antes de quedar embarazada de su hija Natalia. “Lo que la gente te dice te marca”, sostiene. “No te preguntan qué te pasa o si te has atendido. Si no puedes tener hijos, no sirves”, comenta.

Originaria del municipio de Zaragoza, San Luis Potosí, durante años enfrentó los señalamientos de personas que constantemente cuestionaban la falta de hijos en su matrimonio, sin conocer la situación por la que atravesaban ella y su marido.

Pasaron siete años antes de aquel 19 de agosto cuando se confirmó la anhelada noticia. Ocho meses después, reconoció unos ojos grandes en el hospital donde nació Natalia. “Todos mis años de sufrimiento estaban ahí”, dice.

Definición y prevalencia.

En 2009 la OMS y el International Committee for Monitoring Assisted Reproductive Technology (ICMART) clasificaron a la infertilidad como una enfermedad del sistema reproductivo, definida como la incapacidad de lograr un embarazo clínico después de 12 meses o más de relaciones sexuales no protegidas.

Desde entonces, el organismo no ha cambiado esta definición. En 2004 la Organización Mundial de la Salud (OMS) constató que la infertilidad afecta a una de cada cuatro parejas en países en desarrollo, y en 2012 un estudio realizado por la organización demostró que la prevalencia mundial de infertilidad se mantiene igual a los niveles de 1990 a 2010.

El doctor Rafael Sánchez Usabiaga, especialista en reproducción humana, afirma que la infertilidad se ha convertido en un problema de salud pública y expone que el estilo de vida de las personas y la postergación de la maternidad hacen que este tema vaya en aumento a nivel mundial.

Se trata, considera, de un problema reproductivo real que se traduce en problemas emocionales, laborales y familiares.

La historia.

Elizabeth se casó con su marido, Bonifacio, cuando tenía 16 años de edad. Ella es originaria de la comunidad de San Francisco, él de Derramadero. Ambos pertenecen al municipio de Zaragoza, en San Luis Potosí.

Se conocieron en el camión pasajero del papá de Bonifacio, platicaron en el trayecto, luego él la acompañó a su casa. “De primero me caía mal; después iba a la casa a tomar café con su papá”, recuerda.

Tras un año de conocerse, él le dijo que quería algo bien con ella, pero el papá de Elizabeth no les dio permiso de ser novios porque Bonifacio era cinco años mayor. La opción fue verse a escondidas, duraron seis meses de novios, y luego se fueron a vivir juntos. “En enero de 2004 nos juntamos y en abril nos casamos por el civil, en octubre por la iglesia”, recuerda.

A Elizabeth le gustó su sonrisa, el modo en que la veía y su personalidad que lo distinguía del resto de muchachos. “Tenía una forma más madura; no era de estar jugando”, dice. Sin embargo, ninguno de los dos sabía lo que enfrentarían en los siguientes años.

El trayecto.

La pareja nunca se cuidó, tras seis meses de estar juntos y no quedar embarazados decidieron acudir con un ginecólogo en San Luis. “El doctor me hizo un ultrasonido, me dijo que no iba ser mamá porque tenía quistes en un ovario, debía operarme en dos o tres días y la cirugía me costaba 8 mil pesos”, relata.

Sería el primero de muchos golpes. Sin tener el dinero disponible, acudieron con otro ginecólogo que luego de hacerles estudios determinó que no tenía ningún quiste. Le dio un tratamiento con omifin, el cual siguió al pie de la letra, y al mes se hizo una prueba de embarazo. Negativa. Decidieron esperarse, así pasaron uno, dos y tres años.

“Nunca peleamos de que tú no puedes, tú sí, tú por qué, vamos a dejarnos. Simplemente vivimos y nos acostumbramos a estar solos, pero las personas te marcan cuando preguntan por qué no tienes familia.

“No te duele otra cosa. Te duele la gente. No los juzgo porque ignoran, pero no te preguntan qué te pasa o si te has atendido. Si no puedes tener hijos, no sirves. A veces uno también es muy cobarde. Me acuerdo que me preguntaban para cuándo, la respuesta era ‘hasta que haga mi casa’, ‘los niños no me gustan’. Es un caparazón que te pones”, confiesa.

Después le sugirieron sobarse. la señora que lo hizo le dio unas hierbas y auguró que quedaría embarazada no de uno, sino de dos.

“Como al mes me dijo que mi matriz estaba ocupada y estaba embarazada’. Salí y me acuerdo que llegué a una tienda. Me metí en donde estaba todo lo de bebés, miraba la ropa y sentía una emoción grandísima”, detalla.

Acudió a la clínica familiar y se hizo una prueba. Negativo. La doctora que la atendió le dijo que nunca podría ser mamá porque tenía matriz infantil. No podía más.

“Me acuerdo que había una pareja y mi papá siempre les decía ‘regálenle el niño a mi hija; tiene ganas de un niño’, él tenía ganas de un nieto. Le dije que hasta que no estuviera segura de que no iba a poder ser mamá, adoptaría un niño”, agrega.

Una luz en el camino.

Llegó 2011, a inicios de ese año Elizabeth y Bonifacio acudieron a la Clínica de Médica Fértil en San Luis Potosí, donde les hicieron estudios y pruebas a ambos. Para el 30 de mayo ya les tenían el resultado de cuál era el problema y el tratamiento a seguir.

Elizabeth recuerda que días antes los pasaron a ella y su esposo a un laboratorio para ver una muestra de semen. “Nos pusieron una muestra de un esperma fértil, vimos en el telescopio, iban todos en friega. Los de nosotros unos iban lento, otros estaban parados y otros tenían la cabeza como fracturada”, señala.

A su marido le detectaron teratozoospermia y azoospermia, recuerda. El tratamiento era fertilización in vitro. Sin saberlo, pensó en que costaría mucho dinero, pero era eso o recurrir a la donación de esperma.

Elizabeth se sabe los nombres de un sinfín de medicamentos y domina diversos términos médicos a la perfección; explica las formas normales de los espermas y la cantidad de estos que debe estar contenida en un mililitro. Necesitaban uno para que se embarazara.

La fertilización in vitro (FIV), es una técnica de reproducción asistida que consiste en fecundar óvulos fuera del cuerpo para luego ingresarlos, les costaba 92 mil pesos. Otro golpe. En ese tiempo su marido trabajaba en la minera San Xavier acarreando material en un camión, les tomaría cinco años juntar el dinero.

Programa BB en Casa.

En 2011 Ferring Pharmaceuticals y un grupo de clínicas de reproducción asistida lanzaron el programa de responsabilidad BB en Casa, con el cual se dispusieron mil subsidios para reducir en 45% el costo de los tratamientos, buscando que un menor número de pacientes renunciaran al proceso.

Este programa está enfocado a pacientes de escasos recursos y facilita su acceso a tratamientos de reproducción asistida, particularmente la fertilización in vitro. Las parejas interesadas deben contestar un formulario, obtener una clave y acudir a una clínica en donde se les realiza una evaluación médica. Una vez aceptados, inician con el tratamiento.

El proyecto comenzó el mismo mes que Elizabeth acudió a la Clínica de Médica Fértil en San Luis Potosí, y en esa ocasión el doctor que los atendió, a ella y su esposo, les dio un folleto con información sobre el programa.

“Médica Fértil es de los institutos, a nivel nacional, que apoyan a parejas de bajos recursos y no tienen acceso a tratamientos de alta complejidad”, señala Anaid Batista Espinoza, coordinadora la clínica en Querétaro.

La especialista explica que las becas se aprueban con base a la cuestión socioeconómica y personal de cada paciente y aclara que, si bien se obtienen precios preferenciales, tienen que pagar una parte del tratamiento.

La llegada de Natalia.

Elizabeth y Bonifacio aplicaron al programa BB en Casa y fueron aceptados para seguir su tratamiento en la ciudad de Querétaro.

“Venía lo bueno, porque al final de cuentas no teníamos el dinero, aún con el descuento que nos hacían, teníamos que conseguirlo”, comenta la mujer.

Su esposo fue a la minera y les presentó los papeles y el tratamiento a seguir. Le ofrecieron pagarle los días en que tuviera que trasladarse a Querétaro, y también prestarle parte del capital que necesitaban. La diferencia la consiguieron en otra parte.

El 22 de julio iniciaron el tratamiento. De ocho óvulos que fecundaron escogieron a los tres mejores, y ante la opción de implantarle uno y congelar los otros dos Elizabeth decidió que colocaran los tres. Eso fue el día 5 de agosto. El 19 se hizo la prueba de sangre, y finalmente hubo un resultado positivo. Su hija Natalia nació el 29 de abril de 2012.