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Para solventar sus gastos, Paco Vargas se desempeña como mesero, cantante en el transporte público y vendedor de carnitas
28/12/2016
01:34
Paulina Rosales

“A mí siempre me ha gustado tocar música al aire libre. Me gusta que se escuche, que la gente sienta que es música viva”, dice Paco Vargas, mientras entona algunos acordes y afina las cuerdas de su guitarra. Con 42 años de edad, Paco es un hombre alto, moreno y alegre. Ha pasado los últimos 27 dedicándose a la profesión que ama: la música; la cual ha tenido que combinar con otros empleos para mantener a su familia, su esposa y sus cuatro hijos.

Durante la semana, atiende un puesto de carnitas en Santa Rosa Jáuregui. Un negocio que emprendió con su hijo más grande con la intención de mejorar sus ingresos.

Los fines de semana, trabaja como mesero en un bar ubicado en plaza Juriquilla y los domingos en el botanero Mi casa.

Los pocos días que tiene libre, Paco los dedica a la música. Después del medio día, los martes por lo regular, va a la plaza del mariachi con su guitarra. Se sienta en una de las bancas de concreto, ya desgastadas por el paso del tiempo, y comienza a entonar algunas canciones.

El sonido de la guitarra es fuerte y melodioso. Los rasgueos siempre van acompañados de su voz y la mayoría de las canciones hablan de amor. Además de ser intérprete, Paco es compositor. Ha escrito varias canciones, una de ellas, habla de Querétaro, de sus calles limpias y de la gente.

“Yo empecé componiendo sin saber cantar, ni tocar. Empecé aprendiendo cómo tocar la guitarra. Comencé a los 22 años, a ver cuáles eran las cuerdas, los sonidos y me aprendí los acordes; pero para ese tiempo, yo ya tenía un hijo y una mujer que mantener. Tuve que decidir entre dedicarme a la música y mantener a mi familia”, relata.

La situación económica para los Vargas, durante esa época, se volvió más complicada de lo habitual. Los problemas entonces comenzaron a surgir y Paco abandonó su empleo como capitán de meseros en un restaurante. Tomó clases de solfeo en la Casa de la Cultura cercana a su colonia y comenzó en un nuevo trabajo.

“Busqué un lugar donde pudiera tomar clases de música. Obtuve otro empleo como mesero y tuve que bajar mi rango de capitán, para poder acomodar mis horarios e ir a la escuela de canto”, recuerda.

El gusto que Paco desarrolló por la música inició por las canciones mexicanas. Su género predilecto es el marichi y de vez en cuando al visitar la plaza ubicada en avenida Universidad recibe consejos de los músicos, quienes durante el día ofrecen desde serenatas hasta conciertos en alguna que otra fiesta o reunión familiar.

El deber, antes que la música

Cantando en los camiones puede llegar a ganar hasta 400 pesos en un día, si le dedica toda la tarde. Sin embargo, con los tres empleos alcanzar estos ingresos es complicado. Actualmente sólo logra dedicarse de dos a tres horas a cantar arriba de los autobuses de la ciudad.

Los ingresos de Paco y su familia se reparten entre las propinas como cantante, su sueldo de mesero y el negocio de las carnitas. Además, para completar los gastos, da clases de guitarra de vez en cuando a 40 pesos.

El dinero que obtiene con estas actividades es variado. Las carnitas es el trabajo más redituable económicamente, pero los ingresos dependen de la inversión que realice en el mismo negocio.

Aunque es complicado mantener tantos empleos, también es necesario. A la semana, sus ingresos tienen que alcanzar los más de 2 mil 500 pesos. Sin embargo, todo depende de cómo le vaya con las propinas.

Con este dinero, sostiene a sus hijos y a su esposa, con quien vive desde los 18 años y con quien formó una familia a los 20 años de edad. Los dos hijos más grandes de Paco tienen entre 21 y 22 años. El tercero va en la escuela primaria y la más pequeña tiene 3. Los mayores le ayudan en el negocio de carnitas, los lunes, miércoles, sábados y domingos.

El local tiene aproximadamente seis metros cuadrados y se mantiene iluminado por la luz del sol. Tiene algunas mesas de plástico y a su lado se encuentra una tienda de discos. Al fondo del cuarto, está colgada su guitarra, justo a un lado de la televisión siempre encendida.

Paco es originario de la delegación de Iztapalapa en la Ciudad de México. Llegó a Querétaro con su familia a los 12 años y se quedó estudiando hasta la secundaria. A los 15, abandonó la escuela y se fue a vivir a Puerto Vallarta, Jalisco, para trabajar como ayudante de albañil.

Aunque reconoce que le hubiera gustado estudiar en un conservatorio de música y especializarse más en su preparación, el deber y los gastos familiares lo han orillado a dejar esa idea a un lado.

“A veces el deber y los gastos tienen más prioridad que la preparación. Por eso, ahorita yo siempre platico con mis hijos. Les digo que tienen que prepararse antes de contraer matrimonio o juntarse y convivir con una persona. Antes de vivir con alguien, uno necesita una preparación”, señala.

“Lo complicado de la música es que uno empieza a cantar y al público le gusta o no. No importa lo que estudies, le gusta al cliente o no le gusta. Ha sido difícil desarrollarme en la música e interpretar mis canciones. No todo mundo nace con la gracia de saber y poder cantar. Yo siempre me he querido dedicar a la música, pero uno no puede vivir de ella. Tiene uno que buscar”, comenta.

Cantante al aire libre

Paco ha logrado desenvolverse en el mundo de la música. Le han ofrecido cantar en restaurantes y botaneros pero él prefiere tocar en los camiones y al aire libre, porque en los bares a veces no le dejan pedir propina y el sueldo es muy variable ya que puede ir desde 250 hasta los 600 pesos, dependiendo la calidad del artista y el gusto que provoca en los clientes.

“En los bares también puedes sacar eventos, serenatas e inclusive cantarle a la novia de algún cliente. En cambio, en los camiones es pura propina. Me ha tocado que me han pedido bajarme del camión para tocarle una canción a la novia de alguien. He tenido la fortuna de ir a dos serenatas bajándome del camión (…) inclusive me han llevado a darle conciertos a las checadoras de los camiones”, cuenta.

En un futuro, a Paco le gustaría abrir su propio local. Cantar ahí y darles la oportunidad a los músicos a que ensayen y puedan tocar su música.

“De alguna manera es lo que yo nunca he hecho y siempre me ha faltado. Un lugar en donde tenga permiso para ensayar. Siempre me ha gustado ensayar al aire libre. Me gusta que se escuche”, dice.