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¿Y qué fue de la responsabilidad?

Se trata de un valor que describe a una persona desde un aspecto profundo, al reflejar "el contenido" de un individuo
¿Y qué fue de la responsabilidad?
19/09/2020
11:30
Eva Gabriela Maldonado Santoyo
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Empecemos por aclarar qué significa la palabra responsabilidad. La responsabilidad, al igual que la libertad, es un valor que se practica. No es sólo un concepto o una cualidad en la persona. Como dije en el artículo anterior, no podemos ejercer la libertad sin responsabilidad, ni ser responsables sin sentirnos libres, porque ambos valores implican toma de decisiones.

El concepto de responsabilidad es una composición de dos palabras simples: “responder” y “habilidad” que combinadas significan: “la habilidad de responder a…” Suena algo muy sencillo de leer pero muy difícil de practicar. Ser una persona responsable es observarse a sí misma y a la vez asumir las consecuencias de los actos, es decir, estar atento de manera consciente a las motivaciones personales que nos impulsan a tomar ciertas decisiones y después mirar los resultados.

Ser responsable implica tomar una postura desde un enfoque moral, ético e individual. Este valor describe a una persona desde un aspecto muy profundo. Nos dice cuál es su “contenido” y “de qué está hecha la persona”. Es un valor absoluto. No se puede ser “medio responsable”, así como no se puede estar “medio embarazada”, por dar un ejemplo. Se es responsable, o no se es.

¿Cuáles son las acciones de las personas que no son responsables?

Por mencionar algunas: tienden a culpar a los demás, es decir, son víctimas de las circunstancias y de las personas. Tampoco “se dan cuenta” de sus actitudes y mucho menos aceptan las consecuencias de sus acciones. Fingen “demencia”. Continuamente mencionan frases como: “yo no quiero tener problemas, a mí ni me vean”, o “por tu culpa no pude hacer esto o aquello”, o “calladito me veo más bonito”, entre muchas otras frases que están insertas en el lenguaje coloquial.

¿Por qué nos cuesta tanto trabajo ser responsables?

Aunque todos los individuos viven este valor de forma distinta, ser responsable tiene que ver con un autoconocimiento pleno, una identificación del ego y buen manejo del mismo, mostrar cierto grado de humildad, dejar a un lado las justificaciones y los pretextos; pero sobre todo implica un gran compromiso. Sí, un compromiso sobre lo que hacemos y decimos tanto para nosotros mismos y en la relación con los demás.

Es común escuchar a alguien decir: ¿Y yo qué culpa tengo? Podemos ser responsables y decir: ¿Cuál fue mi participación en esto? Consciente o inconscientemente, no queremos ser responsables porque tendríamos que reconocer que nos equivocamos en nuestro actuar y tampoco estamos dispuestos a exponernos para reconocerlo ante los demás. Es aquí donde se requiere ser humilde y aceptar el error cometido. Creemos que “ganamos” si nos salimos con la nuestra; pero si no reconocemos nuestro error, por el contrario podemos perder todo: relaciones importantes en el trabajo, la pareja, los amigos, la familia, bienes materiales, etc.

En realidad ser responsable es muy sencillo, sólo hay que aceptar y asumir los precios a pagar. Aceptar que la decisión tomada, sólo es nuestra decisión y de nadie más. Si el resultado de esta decisión es bueno, podemos alegrarnos por ello; por el contrario, si la consecuencia es negativa y estamos siendo responsables, sólo asumiremos las consecuencias. Aceptaremos que quisimos correr el riesgo al tomar esa decisión y que seguramente hay una lección que aprender y, por supuesto, al aprender la lección, no cometeremos el mismo error. En cada decisión tomada por pequeña que sea, siempre hay precios a pagar, a veces mínimos o de gran impacto en nuestra vida y eso no lo podemos cambiar.

Hay un dicho muy conocido que dice: “el ser humano es el único animal que comete el mismo error dos veces”, o “tropieza dos veces con la misma piedra”. Esto ocurre no porque sea un animal, de hecho, los animales aprenden a la primera, ya que su naturaleza es intuitiva, más no reflexiva. Lo que sucede con el ser humano, es que no asume su responsabilidad desde la primera experiencia, “culpa” a los otros y esto le impide aprender la lección. Ciertos individuos sí entienden a la primera, pero la mayoría no. Por un lado, no tenemos el hábito de ser responsables, por lo que no tenemos “la habilidad de responder a…”, y no se trata de saber cómo resolver un problema, sino más bien, de reconocer que fue lo que nos motivó a actuar de esa manera y aceptar las consecuencias, nos guste o no.

¿Quiénes sí son o no son responsables en estos tiempos de pandemia?

En mi opinión, no son más o menos responsables los que salen a la calle o los que se quedan en casa. Las personas que están siendo responsables en estas circunstancias son aquellas que aceptan cómo han venido actuando afectándose a sí mismas o a los demás. Si por sus acciones conscientes, inconscientes o de omisión de los protocolos se han contagiado o han llevado el virus a su entorno, estas personas se harán responsables haciendo lo que corresponde y asumirán las consecuencias SIN QUEJARSE, con todo lo que esto implica.

En México tenemos una crisis de individualismo arraigado por falta de responsabilidad. Carecemos de este valor desde hace cientos de años. La queja es lo que caracteriza a las víctimas, por eso no hemos avanzado. Somos un país mínimamente responsable, somos víctimas de nuestro gobierno, de los líderes, de las organizaciones, de nuestro jefe, del vecino, de nuestros padres, de los amigos, de nuestra pareja, del clima, ¡hasta de la mascota que nosotros mismos decidimos tener en casa! Sólo permitiremos el desarrollo de nuestra nación cuando decidamos actuar desde la responsabilidad, en beneficio propio y de los demás.

En todos lados y todos los días convivimos con personas que no ejercen la responsabilidad. Recuerdo que en un entrenamiento de coaching ontológico que tomé hace años nos decían: “si la bomba explota en tu cara, ¿de quién crees que es el resultado?, sólo acéptalo y sé responsable. Como seres humanos podemos equivocarnos. Lo haremos las veces que sea necesario. Equivocarnos no nos hace mejores o peores personas, nos muestra lo “humanos” que somos.

¿Eres responsable contigo mismo?

La responsabilidad se vive primero en un plano individual. Por ejemplo, ¿cómo podríamos ser responsables al cuidado de los hijos si no sabemos cómo hacerlo con nosotros mismos? Seguramente como padre podrás marcar pautas en la educación de tus hijos y decirles qué deben hacer para salir adelante; pero lo cierto es que ellos no aprenderán a ser personas responsables si no reciben el ejemplo de un padre o madre que todos los días viven la responsabilidad. Aplica para todos los temas: ser responsables de su salud, de la relación de pareja, de las finanzas, del medio ambiente, de las relaciones de amistad, del cuidado en el trato hacia los otros.

En el fondo de nosotros mismos siempre sabemos “qué es lo que puede pasar” si decidimos arriesgarnos y actuar o no actuar de cierta manera. Somos adultos y queremos jugarle al vivo, pensando que los demás no lo notarán. La buena noticia es que el ser humano no es un producto terminado, por lo que siempre es susceptible de cambios; si no has sido responsable antes, puedes empezar desde este momento, nunca es tarde. En la medida de lo posible, analiza tus riesgos, toma la decisión que tengas que tomar. Hazte un reconocimiento si todo resultó como esperabas, pero si “la bomba explotó en tu cara”, puedes decir: yo sabía que esto podía pasar, pero quise intentarlo… asume el resultado, paga el precio y sigue adelante con tu vida. Parece algo simple, pero todo es un proceso. En la medida que te lo permitas, serás cada vez un ser humano más responsable, pero sobre todo más libre e íntegro.

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