Ar nzatho ‘be ya otomiano, Arte textil otomiano es la colección particular de Belem Jiménez, Aurelio Núñez y Ewald Hekking, que se exhibe en el Museo de la Restauración y es parte de las actividades del Festival de la Lengua Arte y Cultura Otomí (FLACO) Internacional 2026.
“En esta exposición se presentan textiles otomíes y mazahuas de distintas regiones, obras de arte, cargadas de simbolismos que dan cuenta de la identidad, cosmovisión y cultura de los pueblos otomíanos del Estado de México, Michoacán, Querétaro e Hidalgo”, explica Aurelio Núñez, impulsor del FLACO.
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“Bordar es lo único que sé, lo que aprendí y sé hacer mejor. Puedo aprender otras cosas, pero siempre será para completar mi trabajo. Mi oficio de bordar no lo cambio. Es mi pasión y mi vida. Con él nací, con él crecí y es lo mejor que sé hacer”, se comparte en la exposición, palabras de Belem Jiménez, de El Cardonal, Hidalgo.
Los textiles son parte fundamental de la identidad de los pueblos indígenas, son códices de tela, tejidos y bordados con precisión simétrica y geométrica, paciencia y amor.
“Son la expresión viva, y colorida, del pensamiento, sentimiento, memoria, historia, saberes, cosmovisión, mitología, cotidianidad, ritualidad y naturaleza, propias de cada cultura. Los textiles son la manifestación del más puro arte indígena. Los textiles conservan la memoria colectiva de un pueblo; cuentan su historia, hablan de sus plantas y animales sagrados, de su entorno natural; de sus rituales y sus dioses. Cada diseño, cada imagen bordada, está cargada de simbolismos, secretos y saberes, significativos para cada cultura, que se han transmitido de generación en generación”.
Hay textiles que tienen un sentido sagrado, como las fajas, cuya función es proteger el vientre de las mujeres, son consideradas amuletos de protección.
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Y en los morrales se llevan semillas, incienso, flores, ofrendas y otros objetos sagrados que se utilizaran en los rituales y danzas. Las telas, hilos o estambres son de de algodón, lana, seda o sintéticos, y se tiñen con tintes naturales obtenidos de plantas, insectos o minerales.
Esta exposición, agrega Núñez, surge en el ejercicio del pensar el origen, “del cómo las abuelas con un bordado en una blusa y un mahwi dejan a sus hijas y nietas. Esta hermosa labor de continuar con una forma de hablar con los hilos que pueden ser de cualquier material lo que importa es el mensaje de estar aquí en el ahora que nos toca vivir”.
El FLACO continuará con sus actividades diariamente hasta el 28 de febrero, en busca de visibilizar, valorar, dignificar y difundir la lengua, arte, tradiciones, cultura e historia.
Se realizarán 84 actividades con la participación de 142 personas entre poetas, escritores, actores, músicos, pintores, fotógrafos, danzantes, cineastas, de Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Michoacán, Ciudad de México, Estado de México, Holanda y de Chile.