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La exigencia de una productividad con poco descanso, bajo el régimen del reloj y la rapidez, tiene sus consecuencias: cansancio y estrés laboral. La artista Sthefania Quintero Morales comenzó a observar la dinámica laboral y sus consecuencias en personas cercanas y en ella misma.
De la reflexión a dicha problemática social, creó tres piezas: “El tiempo del cuerpo cansado”, “Trabajadores mexicanos” y “Archivo postal del cansancio” que se exhiben en la Galería Libertad como parte de la muestra colectiva Transmutaciones gráficas, abierta al público hasta el 8 de febrero.
Sthefania es originaria de Tlaxcala y actualmente estudia el octavo semestre de la licenciatura en Artes Visuales con especialidad en Artes Plásticas en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Ha participado en exposiciones colectivas en Querétaro y a nivel internacional, como la tercera Muestra de Animación Digital e Interactiva (MADI) y la Belgium International Miniprint for a Cause en Bélgica, entre otras.
A través de la pintura, el grabado, la cerámica, el collage, el cortometraje y el libro objeto, Sthefania aborda temas de identidad, las disidencias, el cuerpo, el tiempo y las tensiones que atraviesan la vida actual, en busca de una conexión entre lo cotidiano, lo íntimo y lo colectivo.
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En entrevista con EL UNIVERSAL Querétaro, comparte el objetivo y reflexión sobre el proyecto Cuerpos cansados: Cuerpos productivos en la sociedad mexicana neoliberal que incluye grabado, cerámica, instalación y performance.
El tiempo y el cansancio minan el cuerpo. ¿De dónde tomas estas ideas para plasmarlas en tu obra? ¿Qué lo detona?
Desde hace tiempo comencé a observar similitudes en las personas cercanas a mí, el cuerpo cansado, la prisa y la constante productividad. Posteriormente, me volví consciente de que yo vivía lo mismo en mi propio cuerpo, frecuentemente me enfermaba debido al estrés. Y me di cuenta de que era algo colectivo y parejo para empleados y trabajadores de diferentes niveles socioeconómicos y sectores, como trabajos informales, trabajadores domésticos, de maquila, servicios, empleados, profesionistas, etcétera. Algo que noté fue que las personas no eran conscientes de todos los síntomas que causaba el estrés, en especial el estrés laboral. Para todos ya está normalizado el dolor de espalda, los dolores de cabeza, la gastritis, el bruxismo por las mañanas, los piquetitos en el corazón. Fue ahí cuando me di cuenta que como artista podía hacer que las personas se cuestionaran esa necesidad de ser productivos, de que no era normal pasar más tiempo en el trabajo que con la familia, de que tenían que escuchar a su cuerpo y hacer una pausa.
¿Cuáles son los objetivos de tu obra?
Me interesa que el espectador se reconozca, se cuestione el por qué vive cansado y desde dónde viene ese agotamiento. Las piezas buscan abrir un espacio de pausa, donde el cansancio se entienda como una condición colectiva. También me interesa resignificar el descanso, porque puede pensarse como una acción política frente a la lógica del sistema.
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¿Son problemas generacionales del presente? ¿Y qué vislumbras para el futuro?
El cuerpo en la actualidad ya no es solo un medio para realizar el trabajo, sino que se convierte en una herramienta permanentemente disponible y flexible para las exigencias del sistema capitalista neoliberal. Son problemáticas actuales, pero que afectan de manera particular a las generaciones que viven bajo un modelo de hiperproductividad y aceleración constante. Si no se cuestiona esa forma de vivir, el futuro parece aún más acelerado y desgastante. Aunque últimamente más personas realizan estudios sobre las consecuencias del cansancio laboral, se está trabajando en la reducción de la jornada laboral a 40 horas, tenemos la implementación de la Ley Silla, más personas hablan del burnout, de apreciar la lentitud, entre otras cosas. Creo que desde ahí se comienza con el cambio.
¿Cómo fue el proceso de creación y el tiempo invertido?
Fue muy irónico porque trabajé con el tiempo y la prisa encima, pero poco a poco una se va dando los espacios, porque para ser creativa se necesita del descanso. Para la obra “El tiempo del cuerpo cansado” se necesitó de espacios de escucha a diferentes corporalidades, además de investigación. La pieza es un reloj, solo que en lugar de tener números tiene síntomas del cansancio.
Para “Trabajadores mexicanos” hice títeres de tela de metro y medio que se pudieran articular para expresar de manera directa el cansancio. Sobre sus pechos se encuentran textos impresos en grabado en relieve, que aluden a la prisa y al cansancio, como: “El descanso se ha convertido en un lujo”, “No es normal vivir con prisa” y “Cansadx de despertar rápido, tomar el camión rápido, trabajar tanto, comer rápido, dormir rápido”. La última pieza interactiva, ya que el público escribe en postales que tienen impresas obras de gráfica realizadas por mí. Estas postales se depositan en una cajita que lleva el nombre de la obra “Archivo postal del cansancio”. Aquí se les hace una pregunta: “¿Tienes tiempo de escribir algo? Comparte qué te está agotando hoy, merece ser leído”. Me tardé dos meses en finalizarlas.
¿Qué experiencias y aprendizaje te deja la creación de las obras y la exposición?
Definitivamente, escuchar al cuerpo, porque el cuerpo habla. Que el cansancio es un síntoma colectivo porque pertenecemos al mismo sistema y es muy importante detenernos y descansar. Además, que el arte es un espacio que puede abrir camino para el cuestionamiento e imaginar otras formas de habitar nuestros cuerpos.
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