Los macacos pueden aprender a seguir un ritmo musical, predecirlo, aunque ese proceso es diferente al concepto musical de los seres humanos, son procesos aprendidos mediante recompensas, a pesar de tener todas las estructuras neuronales para la apreciación musical. Hugo Merchant, investigador titular C del Instituto de Neurobiología de la UNAM campus Juriquilla, junto con Vani G. Rajendran, estudiaron cómo aprenden los macacos a seguir y predecir los ritmos musicales, su investigación se publicó en la revista especializada Science.

Surgieron críticas al trabajo de los investigadores, como el número de macacos estudiados, a lo que el doctor Merchant señala que el número de ejemplares del experimento es el estándar que se usa a nivel internacional. Para los estudios está regulado a nivel internacional que sean dos ejemplares, por asuntos de bioética.

El tema del artículo es sobre qué están haciendo los monos con la música para moverse con un ritmo y si ese proceso es igual al del humano. “En el artículo nosotros empezamos diciendo que no. Estamos diciendo que es un proceso diferente, en primer lugar porque en el caso del humano es prácticamente una actividad normal, de la vida diaria, que empieza desde edades muy tempranas”, indica.

Pone como ejemplo a los niños en un kinder, los menores siguen el ritmo de la música. Muchos de ellos pueden identificar el ritmo de la música y moverse a un ritmo preciso, no todos, pero muchos sí, es casi una cualidad innata. Ese es también un tema de discusión, si es o no una cualidad innata, pero es claro que en todas las culturas humanas hay música y que en casi todas tienen ritmos con un evento llamado isocronía, es decir, que dentro del patrón continuo de la música existen eventos acentuados con una distancia que es la misma.

“Otro elemento que es muy importante en nuestro estudio es que nosotros utilizamos canciones que ya habían sido probadas en una población muy grande de humanos, y habían identificado al menos dos de esas canciones como muy fáciles en términos rítmicos”.

El otro elemento es que solamente es muy natural en los humanos, mientras que en los monos no lo es. En la naturaleza no se ven monos bailando o generando música. Sin embargo, un punto crucial en el estudio es que poseen todo el sistema audiomotor, es decir, la corteza auditiva se divide en dos. La parte que distingue los objetos auditivos, como una palabra o una nota musical, y la parte dorsal que identifica de dónde viene la fuente del sonido. Esa parte dorsal la tienen los monos y se conecta con la corteza parietal, un área de asociación compleja donde convergen diferentes modalidades y manda información sensorial compleja del lóbulo frontal. Humanos y monos comparten estos “circuitos”.

“La diferencia es que tienes que poner a un mono a entrenar. Eso implica que asocie que cada vez que hace una repuesta de tap, al tiempo que un metrónomo, reciba una recompensa. Nosotros le estamos dando una recompensa. A diferencia del humano, donde es intrínsecamente recompensante sincronizarse a la música. Nosotros hacemos eso en el laboratorio, dándole unas gotas de jugo al animal. Sí hay diferencias, pero al mismo tiempo estamos probando de manera definitiva que el circuito del primate es capaz, tiene todos los elementos para poderse sincronizar”, explica.

Agrega que hay cuatro elementos para sincronizarse. El primero es identificar el patrón rítmico a partir de una entrada continua de información, como es la música. Luego, identificar dónde está el acento. Hecho esto, utilizar el reloj interno para predecir cuándo va a ocurrir esto, y finalmente recibir una recompensa.

La idea es que no sólo los monos macacos tienen los elementos neuronales para llevar a cabo estos cuatro eventos, quizá otras especies animales puedan tenerlos.

Los humanos, en especial los músicos, hacen movimientos finos, aprendidos, diferentes a los ritmos naturales, como el ritmo cardiaco o la respiración, que son controlados neuronalmente, diferentes a los movimientos que se aprenden por conocimientos y habilidades aprendidas.

“Nuestra capacidad musical, como nuestra capacidad de lenguaje, tiene un elemento innato y depende de la capacidad de la estructura de nuestro sistema nervioso central. Sin embargo, tienes que aprender, de hecho tienes que invertir bastante tiempo para poder aprender a escribir, aprender a redactar, aprender a hablar bien, aprender a hablar varios idiomas, y lo mismo pasa con la música. Ser un músico profesional implica muchísimo tiempo invertido.

Quiere decir que tanto la música, como el lenguaje son procesos cognitivos de alto orden que definen a los humanos en términos de su sofisticación conductual, no es solamente algo intrínseco, sino que depende de la sociedad. De hecho, diferentes músicas y diferentes lenguajes son esculpidos por el entorno en el que crece un niño”, afirma.

En el caso de los monos, el proceso evolutivo no se va a parar, pero en este caso se trata de un entrenamiento, de una escuela de ritmo para los monos, nada más que en lugar de utilizar el sistema Suzuki para tocar el piano, se empleó un sistema de reforzamiento con recompensa. Lo que se hace es entrenar a los monos casi como si fuesen bateristas profesionales, obviamente su ejecución es limitada, pues no pueden seguir un polirritmo complejo, porque esa es una capacidad humana, pero sí se puede llevar al límite sus capacidades.

“Hemos entrenado monos no solamente para escuchar música y moverse de manera asíncrona con el ritmo de esa músico, sino que los hemos entrenado a seguir ritmos más complejos que van más allá de la isocronía, por ejemplo, la marcha o el vals”, puntualiza.

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