Desde niña, Marigeli Adazell buscaba verse diferente y con esa misma idea creó su propio sello de ropa, en donde mezcla inspiración, estilo y una creación textil amorosa. Es originaria de la Ciudad de México, pero establecida en Tequisquiapan desde hace varios años, y es en este municipio donde tiene su taller.

Estudió dos carreras, negocios e historia del arte, pero no diseño de modas, su proceso de trabajo es más de inspiración, porque ni siquiera usa patrones, lo que busca es la libertad creativa desde el trazo y corte de la tela.

“Me gusta mucho tener contacto con la naturaleza y así me guío mucho de lo que hago al ir creando una pieza, y es que yo no patrono, simplemente pongo la tela en mi mesa y voy confeccionando, conforme voy inspirándome, porque realmente yo no estudié diseño, pero el diseño siempre ha sido mi pasión y ha sido generalmente a lo que me dedico”.

El amor por el diseño nació desde que era niña. “Todo está en mi ADN, yo crecí con una mujer, mi madre, que fue criada como las mujeres de antaño, en donde tenían que ser perfectas, saber bordar, coser, planchar, almidonar, perfectas en todos los sentidos, así crezco religiosamente, y cada sábado mi mamá me llevaba con ella a comprar telas al Centro Histórico de la Ciudad de México, entonces tenía un clóset de puras telas y ella siempre nos creaba nuestra ropa para eventos especiales, y siempre se me hizo fascinante ese mundo”.

Pero ella siempre buscaba ser diferente, modificando sus prendas, lo mismo que ahora aplica en sus diseños. “Todos mis hermanos siempre se modificaban su ropa, y yo también intentaba modificarla para hacer cosas únicas, así crezco en este mundo, sabiendo que está bien ser arriesgada. Yo desde muy niña siempre vestí como lo que la gente dice: ser muy diferente. A mí lejos de quererme sentirme mal, me encantaba, ser justo la diferente me fue creando seguridad y eso fue lo que luego me llevó a ir creando piezas únicas a lo largo de la vida”.

Diseñando su ropa es como surgió su primer proyecto, en donde la naturaleza y su linaje femenino también la inspiran. “Me dediqué a confeccionar desde muy chiquita, pero puse una marca por primera vez en San Miguel de Allende que se llamó Catarina de la Suerte que fue un poquito inspirado en el nombre de mi abuela, se llama Catalina, y la catarina es porque amo los insectos, entonces era un poco jugar y es que desde muy niña he tenido esta capacidad de poder ir más allá de la materia”.

Su sello actual se llama Tótem y varias de sus piezas tienen aportes artesanales, que son piezas que adquiere en sus viajes a Guatemala, Perú, Turquía. A través de la plataforma de emprendimiento e incubadora de negocios, Ícaro, desarrolla un proyecto donde sus prendas tendrán una intervención de textiles de lana, de artesanos de Colón.

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