Cuento. Una historia, un perrito: Me llamo Mila, parte 2 | Querétaro

Cuento. Una historia, un perrito: Me llamo Mila, parte 2

En esta segunda entrega, la protagonista del relato, escrito por Ayari Velázquez, conoce al “jefe de la manada” y con el paso del tiempo se adapta a su nuevo hogar e incluso tiene nuevos amigos

Cuento. Una historia, un perrito: Me llamo Mila, parte 2

Cuento. Una historia, un perrito: Me llamo Mila, parte 2

Vida Q 16/01/2022 09:56 Ayari Velázquez Actualizada 09:56

Hoy llegó el jefe de la manada, me miró con sorpresa y preguntó qué hacía yo ahí.

—¿Otro perro? Eso implica más tiempo, atenciones, alimento… pero bueno, ya está aquí y todos tenemos que ser responsables de ella.
—¡No le  faltará nada papá!

¿Papá? ¡El jefe de la manada es el papá de Ale y Ceci! Pero no se parece a ellas, él es muy serio, ojalá llegue a quererme… aunque Luka dijo que ella es su favorita y que cuando él se diera cuenta de que no tengo educación me echaría a la calle y eso me asusta mucho.

Pasé mi primera noche en la casa, ¡mi cama es tan suave!, dormí como nunca: tranquila, calientita y feliz. Todo iba  bien hasta el desayuno, bajamos Luka y yo hacia nuestros platitos y cuando me acerqué para comer,  me gruñó.

—¿Sigues aquí apestosa? Entiende, esta es mi casa y no hay lugar para ti.
—Luka ayer te expliqué que vivo aquí también, déjame comer por favor.
—Las perras como tú comen afuera —no le hice caso y volví a acercarme al plato, ahora  me mordió una patita y me defendí, pero me pasé de la raya, parece que la lastimé.
—¿Qué te pasa arrabalera? ¡Ale! ¡Ceci!  ¡La mugrosa me mordió!
—Perdóname, pero tú empezaste, tú me mordiste primero.

Ellas vieron la escena, Luka chillaba y cojeaba, yo me escondí debajo de la mesa y me puse a llorar. Ya es de noche y no puedo dormir, saldré al jardín, parece que alguien está discutiendo.

—¿Cómo que la mordió?
—Sí papá, pero Luka no la dejaba comer —explica Ceci.
—También le gruñó un poco, yo creo que se asustó, no es para tanto, ya se llevarán bien,  tienen que convivir un poco más.
—¿Y si eso no pasa Ale? Si Mila lastima a Luka de nuevo, se tiene que ir de la casa.

Bajo despacio las escaleras y me escondo debajo de la mesa de la cocina ¡no quiero irme de aquí! No quiero que me dejen de querer, tengo miedo…

—Hoy llevaré  a Luka y a Mila al parque, tal vez si están en otro ambiente, reaccionen distinto.

Ale y Ceci me colocan una pechera y me explican que el jefe de la manada me llevará de paseo.

En el parque Luka me ignora y corre en círculos, salta y cuando el jefe dice ¡alto! Se detiene de inmediato, yo trato de imitarla, pero ¡hay tantos olores nuevos! que me distraigo fácilmente.

—¡Mira Mila! —el jefe me muestra un palo, no sé qué quiere que haga—Mila acércate, mira huele —me acerco para olfatear, siento que  está intentando enseñarme algo nuevo—.  ¿Lista? —veo cómo levanta… ¡No! ¡No! Me quiere pegar, ¡tengo que correr!, seguro es porque lastimé a Luka, no quise hacerlo ¡ya no quiero pelear! Mejor corro.

Él sigue gritando “¡Mila! ¡Mila!” Y corre detrás de mí, pero no puedo parar, si lo hago me hará daño,  él tampoco para de correr y ahora soltó a Luka ¡Los dos van a lastimarme, debo correr más rápido! Me atravieso las calles, los autos me pitan, logro evadirlos con suerte, pero ya estoy cansada, ahora escucho que Luka me llama: “¡Mila detente!,” Luka es mucho más rápida que yo y logra alcanzarme, ni hablar, tendré que pelear de nuevo…

—Mila  ya no corras, tranquila, no te asustes ¿por qué corres?
—Porque ustedes quieren pegarme con la vara.
—El jefe de la manada solo quería jugar contigo tonta, por eso te iba a lanzar la rama.
—No sabía que se podía jugar con ellas.
—Ven  a casa —el jefe llega  cansado y me abraza.

Regresamos al auto. 

—Mila lo que hiciste no estuvo bien, no puedes correr así porque te pueden atropellar, te puedes perder, en fin, yo creo que te asustaste cuando quise lanzarte el palo, no es tu culpa,  te enseñaremos a jugar, pero por favor no tengas miedo. 

Al llegar a casa el jefe de la manada les explicó a Ceci y a Ale lo que pasó, ellas me abrazan, yo muevo la colita para que sepan que estoy bien. Mencionaron que mañana me llevarán a una escuela de perros y que ahí aprenderé algunas cosas, no sabía que los perritos también podemos ir a la escuela. 

Antes de dormir Luka se acerca a mi cama.

—No vuelvas a hacer eso tonta… pensé que te iban a atropellar y me asusté.
—No quise asustarte…
—Duerme, hoy fue un largo día… descansa Mila.

Mila, Mila, Mila ¡es la primera vez que Luka me llama por mi nombre! Yo creo que podremos ser amigas.

Hoy es mi primer día en la escuela de perritos,  ¡somos muchos! Y hay de todo, todos quieren ser mis amigos. En la escuela nos enseñan a no correr sin sentido, a permanecer cerca de nuestras familias, ahora entiendo lo que significa ¡alto! Y sé que obedecer esas órdenes, es para mantenerme a salvo cuando salimos a pasear. Al final de la clase jugamos entre todos, me cuentan sus historias: algunos adoptados como yo, a otros los encontraron en las calles, o sus antiguos dueños los abandonaron en terrenos baldíos, a otros los compraron, ¡en fin! No sabía que los perritos podemos tener orígenes tan diversos, todos estamos muy agradecidos de pertenecer a una familia. 

Después de un tiempo de ir a la escuela, Ale y Ceci me llevan a todos lados, puedo ir a restaurantes, a tiendas de humanos o tiendas de ropa para perros. También hemos ido a parques en los que a veces puedo andar sin correa ¡ya aprendí a hacerlo! Y como premio me regalaron lo mejor que he visto en mi vida ¡una pelota!  El jefe de la manada nos lleva de paseo muy seguido, una vez fui al bosque, nunca había estado en uno, no se imaginan la cantidad de olores que hay ¡enloqueces!, a veces el jefe, Luka y yo corremos juntos por las mañanas. También conocí el mar, no sé si a todos les guste tanto como a mí, pero es de mis lugares favoritos ¡en todo el mundo! 
A veces recuerdo mi vida pasada y todo lo que puedo desear es que otros perritos tengan la misma suerte que tuve y puedan ser parte de una familia como la mía, porque es la mejor. 

El pasado 5 de enero en España, se decretó por ley que los animales de compañía ya no serán considerados como bienes materiales o cosas, sino “seres vivos dotados de sensibilidad”, no podrán ser abandonadas, ni causarles sufrimiento o dolor. El objetivo es crear un registro para tenerlos identificados y poder asegurar sus derechos. Ahora los animales ya no serán considerados como cosas en el Código Civil.

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