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#Cuento | Príncipe Purépecha

" Él me contempla y cuando lo hace, siento que soy una obra de arte, que abarco todo el espacio”
Ayari Velázquez
22/12/2019
12:16
Ayari Velázquez
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Cuando me preguntan si estoy enamorada, pareciera que la respuesta es obvia, Guillermo es encantador, atractivo, guapo, exitoso. La verdad es que mi amor conoce de profundidades. 

Siempre me ha gustado leer, él es mi libro favorito.  Y en mis letras, lo he hecho inmortal.

Comienzo con sus cejas, siempre me han gustado las cejas pobladas, las suyas enmarcan cada uno de sus estados de ánimo, cuando piensa por largo rato, ellas se quedan como en espera de una respuesta pero sin aparentar duda en ningún momento.

Cuando sonríe, ellas se relajan y enmarcan su rostro con ternura y amabilidad. Te detienes a contemplarlo y entonces sus ojos. Guillermo tiene ojos multicolores.  El complemento perfecto para cualquier seductor, una mirada cazadora, felina, y la sonrisa torcida que no esconde sus intenciones. 

Pero hay una mirada especial, una que ha creado solo para mí, llena de curiosidad,  ternura y deseo. Él me contempla y  cuando lo hace, siento que soy una obra de arte, que abarco todo el espacio.

Su olor, no sé qué es exactamente lo que pasa, pero no existe momento del día en que su aroma no sea exquisito. Él tiene una teoría, pero no la comparto, prefiero la mía: así huele el amor.

Sus besos, no conocía el sabor de los manjares hasta que conocí sus labios, su saliva. No podrías cansarte de aquella textura, siempre quiero más, siempre bajo sus labios están todas las respuestas, todos los placeres.

Me gusta observar su rutina por la mañana, pareciera que sigo dormida pero soy una ferviente  admiradora de  cada uno de sus pasos: Suena el despertador, usualmente a las seis de la mañana, apaga la alarma, se acurruca un poco más y toma mi brazo para que pueda estrecharlo; pasados algunos minutos, toma mi mano, la besa y se levanta para tomar un baño, canta y comienzo a prepararme también. 

Un hombre ordenado es sexy, Guillermo dobla su ropa metódicamente en cuatro, en seis o en dos y da un pequeño golpe a las prendas una vez que están listas. Me gusta abrir su clóset.

Recuerdo que cuando todo este amor estaba dando vueltas en mi cabeza y no había una dirección concreta en la cual pudiera enfocar todo aquel sentimiento y lo extrañaba. Era algo orgánico, se sentía en el pecho algo que jamás había percibido y entonces me paseaba por algunas tiendas mirando las prendas de las marcas que suele usar, ya había escrito esto antes, me sigue resultando aunque tonto, bastante tierno.

Me gusta su casa. Siempre llena de luz, siempre con rosas en la mesa del comedor para recibirnos y rosas sobre el baúl frente a nuestra cama. Antes de cumplir nuestro tercer aniversario, la casa comenzó a tener mi esencia, me hizo un  espacio y nuestras fotos adornan los burós. En la sala hay una mesa de madera en la que reposan algunos libros: Uno no es el hombre, de Jaime Sabines;  Ostschweiz,  donde se encuentran imágenes de paisajes maravillosos de Suiza, el lugar de sus sueños: Liechtenstein y mi favorito, Benedetti, poemas revelados. Alguna vez subimos a la terraza del departamento y me recitó “Una mujer desnuda y en lo oscuro”, argumentando que mi figura se develaba entre aquellos versos:

“Una mujer desnuda y en lo oscuro / tiene una claridad que nos alumbra / de modo que si ocurre un desconsuelo / un apagón o una noche sin luz / es conveniente y hasta imprescindible/ tener a mano una mujer  desnuda.

“Una mujer desnuda y en lo oscuro / genera un resplandor que da confianza / entonces dominguea el almanaque / vibran en su rincón las telarañas / y los ojos felices y felinos / miran y de mirar nunca se cansan.

“Una mujer desnuda y en lo oscuro / es una vocación para las manos / para los labios es casi un destino / y para el corazón un despilfarro / una mujer desnuda es un enigma / y siempre es una fiesta descifrarlo.

“Una mujer desnuda y en lo oscuro / genera una luz propia y nos enciende / el cielo raso se convierte en cielo / y es una gloria no ser inocente / una mujer querida o vislumbrada / desbarata por una vez la muerte”.

De su mano he conocido lugares de una belleza magnífica, a través de sus ojos puedo contemplar cada una de las historias que relata y siempre aprendo algo nuevo en cada viaje, en cada cena, en cada beso.

Él desconoce lo dulce que puede llegar a ser y eso lo vuelve adorable. Me gusta la manera en que se lima las uñas, como lee el periódico, como bolea sus zapatos, como me da de comer en la boca, como duerme, los sonidos felinos que hace cuando algo no le gusta, me gusta su voz a todas horas (Le gusta cantar por cierto y lo hace exquisito), su barba, las lociones que usa pero como lo dije antes, nada como el aroma original, me gusta cuando habla por teléfono, me gusta lo apasionado que es con su trabajo, con el futbol. Tiene mucha energía y eso ayuda a nivelar la manera en la que realizo mis actividades, me contagia las ganas de que sea lunes y poder comenzar de nuevo. Me gusta su risa a carcajadas, me gusta verlo manejar, me gusta cuando duerme y me pide que lo abrace, me gusta estar sobre y debajo de él, me gusta que diga que soy su novia, me gusta esa palabra.

Y hasta aquí estamos de acuerdo que habla una mujer enamorada, ¿cómo no estarlo? Él me ha enseñado un camino al que no sabía llegar: Amarme ha sido lo más hermoso que Guillermo me ha enseñado. Me recordó que soy princesa y me ama profundamente. 

Este es nuestro primer año nuevo juntos, nada puede hacerme más feliz que mirar el próximo año de la mano del amor de mi vida. 

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