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#Cuento| Preguntas sin respuesta

Viviana Trejo, alumna del taller Cuarentena Creativa, escribe sobre la violencia que sufren miles de mujeres
#Cuento| Preguntas sin respuesta
Foto: Cortesía. Diana Trejo
26/07/2020
10:32
Viridiana Trejo Becerra
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Retomando lo ocurrido en los meses pasados en una de las conferencias mañaneras del Presidente de la República, aquella en la que se abordó el tema de la violencia hacia el género femenino, en una sola pregunta se cuestionaron las acciones a realizar con respecto a la prevención e implementación de estrategias para la seguridad de las mujeres. De igual forma se mencionaron las estadísticas relacionadas con el incremento de las llamadas al 911 para casos de violencia doméstica, de pareja, entre otros, que recientemente aumentaron debido al confinamiento que la pandemia ha provocado.

La respuesta de nuestro dirigente no fue la esperada, al contrario, nos dejó con más preguntas aún, al decir que se le toma al asunto la importancia debida, sin embargo nos invita a considerar que el 90% de estos llamados son falsos, además de tomar en cuenta que México no debe compararse con la situación en otros países, en donde las familias no están acostumbradas a convivir entre sí y es común que los altercados agresivos se hagan más presentes cuando se ven obligados a estar en un mismo lugar, pareciera entonces que aquí son ajenas las cuestiones de violencia.

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Hace poco más de dos meses que este discurso generó indignación y desaprobación en la población mexicana, empero a la fecha continúa siendo un tema polémico, no sólo por las dudas que genera que no pueden o no quieren contestarse, sino porque se trata de un problema al que se le resta importancia, que hasta no vivirlo en carne propia preferimos voltear la mirada.

Es una realidad contundente los abusos a los que son sometidas las mujeres en nuestro país, las estadísticas de feminicidios y violencia de diferente tipo, como física, psicológica, económica, laboral y sexual demuestran esta afirmación, son cifras alarmantes no obstante pertenecen sólo a los casos denunciados, por lo que el problema es más grande de lo que se ve. Con respecto a las llamadas de emergencia, de acuerdo con el reporte de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, tenemos que en el total de marcaciones registradas al 911 aproximadamente un 70% corresponde a las llamadas falsas o improcedentes, el 30% restante se considera procedente, es decir, de las que se comprueba su veracidad, son clasificadas y canalizadas, cabe resaltar que existe una cifra importante de las consideradas como falsas, pero no corresponde al 90% anunciado. En el reporte más reciente, emitido hasta mayo se observa una tendencia de aumento en las llamadas de emergencia relacionadas con incidentes de violencia hacia la mujer en lo que va del año, siendo el pico más alto el inicio de la cuarentena y que no puede decirse que ha mejorado considerablemente con el regreso a la nueva normalidad. Ahora surge la cuestión, ¿por qué desviar la atención? si esto sólo nos hace evidente el llamado de auxilio de miles de mujeres de las que su vida puede correr peligro.

Torturadas, secuestradas, violadas y asesinadas, ¿qué más tenemos que agregar a la lista para que se realicen acciones gubernamentales concretas ante una situación de emergencia? Si no atendemos este problema, ¿entonces cuándo? La calidad de vida de las mujeres se está viendo afectada, día con día el miedo se hace presente. Imaginemos el caso de Laura, quien al salir a las calles es acosada con frases obscenas mientras camina, tocamientos inapropiados en el transporte público con la excusa de que todos están muy juntos por la falta de espacio, sea de noche o de día prefiere ir acompañada, aunque no siempre sea posible, pues existe el temor creciente de que dentro de la cotidianeidad aparezcan personas y la dañen gravemente: que un carro se la lleve a la fuerza, la transporten a algún lugar donde se le force a realizar actos sexuales sin su consentimiento y después de todo ese sufrimiento pierda su vida porque ya no les resulte útil a sus captores. Inclusive quedándose en casa puede padecer todo lo mencionado anteriormente, cuando algún sujeto irrumpa en su hogar, o peor aún que la persona con la que vive la agreda de maneras similares, entonces ¿en qué sitio Laura está completamente a salvo?

Laura escucha constantemente historias de chicas como ella, que poseían sus mismos temores pero que sí se volvieron verdad y no han corrido con su misma suerte, de las que su cuerpo fue encontrado tirado, mutilado y con señas de lucha, que al igual que ella rogaban en vida por no ser la siguiente víctima y conservar lo que es su derecho, la libertad.

¿Qué hace Laura? qué hará cuando quiera levantar la voz por las injusticias y sólo reciba reproches a su persona, cuando los demás resuelvan culparla por todos los errores cometidos y aquellos inexistentes también: “¿Por qué tu falda era tan pequeña si sabías que viajarías en Metro?”, “¿Qué hacías a las tres de la mañana en la calle?” “...si ya sabes cómo son los hombres… no saben contenerse”, “¿Estás segura que no lo provocaste?”, “...Pero tú accediste ir con él”, “¿Por qué te casaste con alguien así? tendrás que aguantar las consecuencias”.

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¿Cuántas mentiras más, los oídos de Laura escucharán? ¿Acaso tendrá que aprender a vivir con limitaciones por siempre? Cuidar el largo de su falda o en todo caso preferir pantalón, eso sí no tan entallado, evitar las reuniones sociales nocturnas, no viajar sola, no caminar sola, no comportarse de “manera sugerente”, no confiar en nadie, tratar de ser invisible, aislarse y resguardarse del virus de la violencia porque no se sabe quién lo porta, hasta que ya es demasiado tarde y existen consecuencias fatales. Los síntomas pueden ser confusos, fiebre de insultos disfrazados de cumplidos, escurrimiento de desigualdad, violación de derechos, malestar generalizado de inferioridad, dolor constante y dificultad para encontrar una solución. Desafortunadamente no existe aún un remedio eficaz para este problema y mientras se siga insistiendo en el uso de placebos, sólo se irá haciendo más grande.

Lamentablemente este es el caso de muchas mujeres mexicanas, el miedo ha estado presente desde el día en que nacieran sólo por el hecho de ser mujer, fuera y/o dentro de sus hogares se corre peligro, es una lucha constante, Laura y todas ellas quieren ser escuchadas. Esta es una situación que no va a desaparecer, que con la vuelta de la “normalidad” ellas puedan andar en paz, pues al igual que el virus causante de Covid-19 atenta contra la población y se quedará circulando entre las personas hasta no encontrar una verdadera cura. Quizá podamos decir que esta es sólo una de las tantas cuestiones negativas que el país enfrenta, pero como otros más el problema solo ha sido almacenado bajo la “promesa” de que algo ha de hacerse, ciertamente no es suficiente con que se le tome debida importancia sino buscar una forma real de garantizar la seguridad y hasta que eso pase ¿Cuánto más habrá que resistir Laura y todas las mujeres en México? ¿Cuánto más?

 

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