Cuento. Hasta que la muerte nos separe

Esta vez, la escritora Ayari Velázquez, originaria de Tampico, aborda el tema de la violencia que sufren las mujeres y enumera algunos constructos sociales que favorecen este fenómeno

Cuento. Hasta que la muerte nos separe
Foto: Especial
Vida Q 02/05/2021 03:07 Ayari Velázquez Actualizada 12:42

“¿Por qué sigue con él si la violenta? ¿Por qué insiste en seguir a su lado si no la respeta? ¿No se da cuenta de que sólo la utiliza? Pareciera que le gusta que la traten mal”. Hemos escuchado estas frases más de una vez, y seguramente han hecho eco en nosotros, ¿por qué permanecen con su agresor? Sería un error desde cualquier punto tratar de dar una respuesta universal para un fenómeno tan complejo como el de la violencia de género, ya que todas las mujeres tenemos historias personales e historias de vida diferentes, así como construcciones sociales diversas.

Un constructo social es una entidad institucionalizada o un artefacto en un sistema social “inventado” o “construido” por participantes en una cultura o sociedad particular que existe porque la gente accede a comportarse como si existiera, o acuerdan seguir ciertas reglas convencionales, o a comportarse como si tal acuerdo o reglas existieran. Son precisamente estos constructos una parte que mantiene consciente o inconscientemente, histórica, social y políticamente a las mujeres atadas al fenómeno de la violencia.

Enumerando las entidades que pueden ser más representativas en la vida de las mujeres, serían:

1.- La sociedad machista: Que se encarga de promover, reproducir y reforzar formas discriminatorias contra las mujeres, y cuyo protagonista es el macho que se cree con derecho de someter y degradar a la mujer porque le han enseñado que ella le pertenece. El macho construido de frases como: “Tenías que ser mujer” o “Los hombres sólo piensan en sexo”, esta última afirmando que ellas no tienen derecho a tener deseos sexuales y como una indirecta en la que se les dice que deben complacer a los hombres. Mientras que invita a los hombres a pensar que tienen derechos sobre el cuerpo de las mujeres y que pueden tener relaciones con ellas siempre que quieran, pues para ellos es “algo natural”.

2.- Perspectiva religiosa: El divorcio no es una opción para ninguna religión, los votos recitan una devoción absoluta: “prometo serte fiel y respetarte, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, para amarte y cuidarte hasta que la muerte nos separe”, esto aplica para ambos, siempre, pero si alguno “fallara” no tendría la opción de buscar su propia felicidad lejos del otro. Si el esposo es un alcohólico que no quiere atenderse y que no acepta su enfermedad, ella debe permanecer ahí porque ese es el papel que religiosamente debe desarrollar, no importa si él la golpea, no importa si la humilla y engaña, ella debe estar ahí hasta que la muerte los separe.

3.- Romance: Hollywood, Disney, las telenovelas nos han enseñado a romantizar al amor: el amor todo lo puede, todo lo aguanta, todo lo perdona, todo lo acepta, porque de no hacerlo entonces no es amor verdadero aunque esto implique aceptar un profundo dolor. Lo romántico es político, y por ello, se construye a través de la ideología de ese momento. En la actualidad es a través del capitalismo y del patriarcado.  Por la ideología patriarcal construimos nuestra forma de amar con base en unos mitos que perpetúan el machismo en las relaciones y la capitalista se mantiene a través de la idea de la concepción de la propiedad privada: cuando amas a alguien, ese alguien te pertenece: yo soy tuya y tú eres mío.

4.- Concepto conservador de la familia: La familia como centro de la sociedad demanda sacrificio, la familia está antes que tu bienestar porque ellos son primero. De ahí que se justifiquen y acallen los abusos que suceden en su núcleo: un abuelo que viola a sus nietas es excusado por la madre de ellas: “el abuelo ya está grande no sabe lo que hace”, “¡No te creo! Es tu familia, él nunca te haría daño”, “no le digan a nadie, no queremos un escándalo familiar”, todo lo anterior con el objetivo de no fragmentar el vínculo.

5.- La figura cultural de la madre: “Una madre da todo por sus hijos”, aunque estos la violenten. “El amor de una madre es eterno” no importa lo que hagas, no importa si has violado o matado, tu madre no cuestionará su amor por ti. La imagen arraigada que tenemos de una “madre perfecta” es aquella que es sacrificada, abnegada, la que verá por sus hijos y marido antes que ver por sí misma. Una mujer debe perder su derecho a divertirse, disfrutar, incluso a sus deseos sexuales una vez que se transforma en madre, porque en nuestro imaginario, una mujer y una madre son dos cosas diferentes. ¿Qué expectativa de vida y de amor puede tener una hija cuya madre no existe como mujer?

Todos los constructos anteriores aunados a cómo hemos sido educadas acerca de la figura del amor, por ejemplo ¿qué es el amor?, ¿cómo no enseñaron mediante al ejemplo el cómo se ve una persona que nos ama?, ¿cuáles son las diferentes formas de expresar y recibir amor?, nos puede dar una idea del por qué la mujer permanece con su agresor, siendo las instituciones, creencias y condiciones en las que vive el camino para poder comprender la compleja relación que existe entre la violencia y el amor romántico. La doctora en Psicología Tania Rocha de la Facultad de Psicología de la UNAM explica el fenómeno: “desde hace un tiempo asumimos que existe el libre albedrío en el amor, y lo idealizamos como un aspecto que es positivo, pero se nos olvida, que en tanto constructo social, también está atravesado por normas y valores, que determinan parámetros y reglas dentro de las cuales nos podemos mover”.

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