Cuento. Encadenadas

La escritora Ayari Velázquez presenta la primera parte de una novela por entregas, que congrega las historias de mujeres que libran diferentes batallas

Cuento. Encadenadas
Foto: Especial
Vida Q 27/06/2021 05:53 Ayari Velázquez Actualizada 12:59

Capítulo 1

—¿Entonces no vas?

—No amiguita, con los niños es complicado.

—Dile a René que te ayude, es solo hoy güey —insistía Elena—. Es algo que nos corresponde a todas, ya las demás están allá, hicimos playeras y todo.

—Marchen por mí, ya sabes que René trabaja mucho y ni modo que se quede solo con los niños —explicó Soledad.

—Ni hablar, luego nos vemos.

Colgó el teléfono, se amarró el paliacate verde en la mano derecha y salió en su auto hacia la zona centro. Era 8 de marzo de 2019.

—Me mandó mensaje Elena, que Sol no viene.

—¿Neta? —preguntó Darinka.

—Era obvio, René no quiso quedarse con los niños —dijo Maggy guardando el celular y parándose de puntitas— No veo a la Julia, escribió en el grupo que ya estaba en la esquina.

—Ya la vi, ¡Julia!

—¡Por fin! Caminé cuadras, ¿y las demás?

—Elena no tarda y Sol no viene —explicó Darinka.

Elena llega saludando a otras chicas, la conocen porque ella responde a todas las marchas, en redes sociales es una reconocida influencer del “feminismo”.

—¿Qué onda, viejonas, ya listas? ¿El discurso Darinka?

—Ya listo, a la hora que digas.

En uno de los jardines se improvisó un escenario y se conectaron bocinas que amenizaban con música. Darinka subió al escenario y conectó un micrófono. Miles de mujeres la rodearon.

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—¿Qué trae Darinka en el brazo, güey? ¿es un moretón? —preguntó Maggy a Julia.

—Creo que sí.

—¿Cómo qué crees? ¿es o no?

—Yo qué voy a saber, pregúntale tú.

—Pues todas te contamos todo a ti, pensé que tú sabías… ¿Qué te pasó aquí? —le pregunta a Darinka al bajar del escenario.

—No es nada, en la clínica nos llegó un perrito pesado y me pegué con la puerta, no me pegan si esa es tu pregunta, no mames.

Las amigas tomaron sus manos y las de otras mujeres que entre cantos y frases que se repetían una y otra vez, sudaban y lloraban, el dolor de la pérdida y de un miedo que solo ellas conocen: “¡No es no! ¡No es no!”, “¡Me cuidan mis amigas, no la policía!” Al final de la marcha, se reunieron en la zona centro y rodearon el escenario. Elena subió y fue recibida con aplausos, vitoreos y chiflidos, ella dio la indicación a Darinka para poner una canción y así comenzar su performance: “Que tiemble el Estado, los cielos, las calles, que tiemblen los jueces y los judiciales, hoy a las mujeres nos quitan la calma, nos sembraron miedo, nos crecieron alas…” Elena cantaba y se despojaba de sus ropas, algunas cantaban también, otras solo observaban en silencio, otras murmuraban o miraban hacia abajo, otros llegaron y se sentaron para observar la desnudez de Elena y perpetuarla por siempre en sus teléfonos, mientras decían muy bajito “qué buen show”. Quedó desnuda al final de la canción, había maquillado su cuerpo para simular heridas, se soltó el cabello y al levantar el puño derecho gritó: “¡Justicia!” contestaron todas: “¡Justicia, justicia, justicia!”

Terminó el performance, Julia se acercó con una toalla para cubrir a su amiga. La plaza quedó vacía y se percataron que muchos hombres desde las azoteas de hoteles, departamentos, incluso las iglesias las observaban hacia abajo, con compasión, como si fueran poca cosa, con desprecio y repugnancia, como si no valieran nada. Algunos aplaudieron, otros las insultaron: “Luego por qué las matan, ¡pinches viejas ridículas!”, otros se dirigían a Elena: “¡Qué rica estás mami!”. Las amigas se agarraron las manos y se dirigieron al auto de Julia.

—Ya te he dicho que no te encueres, a ellos no les importa tu mensaje porque no lo entienden, solo están esperando el final porque saben que pueden verte y disfrutarte y eso no lo puedes controlar, Elena.

—Mi cuerpo, Julia, yo no me meto con el tuyo.

—Ya cállense, vámonos a cenar —dijo Maggy— ¿Tacos o qué?

Hablaron de Soledad, expresaron su frustración sobre no poder hacerle ver que estaba en una relación de abuso.

—Está ahí porque quiere —dijo Darinka— yo sé que a Pepe le encabrona que venga a estas cosas, pero me vale y me vengo.

—¿Y por qué sigues con él?

—Una cosa es que no entienda el movimiento y otra que me trate mal, no es lo mismo.

Terminaron la cena, se despidieron y cada quien partió a casa. Elena y Darinka vivían con sus novios; Julia y Maggy, solas.

Elena llegó a casa y Javier, su novio, no estaba, así que se dedicó a postear las fotos en Facebook e Instagram, para esa hora su performance ya era viral. Ya se estaba quedando dormida cuando Javier le envió un mensaje: “No entiendo para qué andas conmigo, si lo que necesitas es que todos te miren, tal parece que no es suficiente con que yo te vea y te desee, pinche Elena, quieres tener a todos los cabrones locos por ti, me das asco, pinche vieja puta” y al pie del mensaje una foto con comentarios de mujeres que expresaban que “ese tipo de mujeres” no las representaban como género. Elena aventó el teléfono.

Darinka abrió la puerta del departamento y antes de poder cerrar, su novio se le fue encima a golpes, primero la tiró al suelo y le dio dos puñetazos en la cara: “¡Te dije que no podías ir! ¿Te lo dije o no”, le gritaba mientras intentaba estrangularla. Entre patadas y rasguños, logró zafarse y salió corriendo a la calle, sin teléfono, sin llaves, sin nada, la blusa rota y uno de los ojos completamente cerrado, entró a una tienda y pidió que la auxiliaran. Entre clientes y cajeros se acercaron para ayudarla y cerrar con llave, pues se aproximaba ya un Lalo desquiciado que no paraba de gritar: “¡Pinche Darinka salte de ahí!” …

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