¿Es posible admirar el arte sin tomar en cuenta los pecados de su creador? Hay una frase atribuida a San Agustín de Hipona que reza: “Odia el pecado, ama al pecador”, separando los hechos, deplorables, terribles, infames, de quienes los cometen. El problema es que “amar” al pecador no es algo fácil o sencillo.

El arte, además de ser una herramienta de catarsis, funciona como medio de comunicación, en el cual el artista puede plasmar sus sentimientos e ideales. Cuando el arte es consumido por millones de personas y ocasiona un gran impacto en el mundo, puede dar pie a un proceso social en el cual el autor se transforma en ídolo. Tenemos entonces a grandes figuras como lo son: Pablo Picasso, Paul Gauguin; en la literatura a Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Juan José Arreola; en la música al cantante y director de orquesta Plácido Domingo; por citar a algunos. No es ajeno para nosotros las acusaciones entre acoso y violación que se han hecho en contra de estos y otros tantos personajes pertenecientes a las bellas artes.

Entonces, ¿qué debemos hacer si el creador de una magnífica pieza es una persona monstruosa? ¿Podemos separar el arte del artista? ¿Debemos hacerlo? ¿Es posible admirar el arte sin tomar en cuenta los pecados de su creador? Y quizá la pregunta más complicada, ¿qué se le debe perdonar a un gran artista?

El primer impulso es separar el arte de su creador, sin embargo, queda la duda de si esta postura es congruente. ¿Podemos criticar algunos delitos, pero a la vez admirar a quienes los cometen? Quienes defienden este punto sostienen que después de todo, Picasso era misógino y maltrataba a sus mujeres, Caravaggio además de liderear una banda callejera, asesinó a un hombre durante una riña de juego y precisamente fue su arte la que evitó que tocara la cárcel, ya que tenía amigos y admiradores poderosos. Gauguin abusaba sexualmente de las niñas que posaban para él, si estas pertenecían a un estrato social bajo, se quedaba con ellas hasta que la obra estuviera terminada.

Octavio Paz, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1990, poeta, ensayista, dramaturgo y diplomático reconocido a nivel mundial. Se casa con la también artista Elena Garro, quien describe cómo el escritor la atemorizaba para que no escribiera, la demeritaba como mujer y escritora: “La mujer debe ser el regazo donde reposa el guerrero”. Cuando comenzó a abrirse paso en el medio literario, él —frente a otras personalidades reconocidas— le repetía que si algo de lo que ella escribiera valdría la pena algún día, sería solo porque él estuvo presente en su vida, siendo que Elena ya tenía un proyecto artístico antes de casarse con Paz: había sido coreógrafa en el teatro con Julio Bracho; era bailarina clásica, había sido actriz con Rodolfo Usigli y Xavier Villaurrutia, quienes la consideraban niña prodigio.

Plácido Domingo, cantor de ópera y director de orquesta, fue denunciado por 20 mujeres artistas por besarlas, agarrarlas o acariciarlas por la fuerza en incidentes que datan desde finales de los 80. En un principio, dijo que estas declaraciones eran “inexactas” y que aquellas “muestras de cariño” habían sido consensuadas y bien recibidas. Después de una investigación, se comprobó su culpabilidad. “Me he tomado un tiempo durante los últimos meses para reflexionar sobre las acusaciones que varias compañeras han hecho en mi contra. Respeto que estas mujeres finalmente se sintieran lo suficientemente cómodas para hablar y quiero que sepan que realmente lamento el dolor que les causé. Acepto toda la responsabilidad de mis acciones”. A raíz de las acusaciones, Domingo dimitió como director de la Ópera de Los Ángeles y se retiró de una actuación en la Metropolitan Opera en Nueva York.

El actor ganador del Oscar por American Beauty y el globo de Oro por House of Cards, Kevin Spacey fue acusado en múltiples ocasiones por acoso sexual; así también los directores Woody Allen y Roman Ponansky, el segundo por haber abusado sexualmente y narcotizado a una menor edad y Allen por violar a una de sus hijas adoptivas de siete años. Todos ellos prodigios en sus disciplinas artísticas.

Cierto, muchos artistas son transgresores y los admiramos por ello. Pero en estos casos no estamos hablando de conceptos abstractos o relativos como la transgresión o de personas de otra época, sino de crímenes realizados en el siglo XXI (algunos en el XX) tipificados en códigos penales alrededor del mundo, como la violación. ¿Debe estar una celebridad por encima de la ley? ¿Es tan valiosa su contribución al mundo del arte o ciencia como para ignorar la ley o la ética? Nadie, por talentoso que sea, debe estar por encima de la ley.

Sergio Pérez, quien antes de cerrar el 2020 ganó el Gran Premio de Sakhir, una victoria que México no veía desde 1970, hizo una lamentable declaración sobre el papel de las mujeres como pilotos de Fórmula 1: “¡Imagínate que te gane una mujer! ¡Ya sería el colmo! Mejor que se queden en la cocina”.

El decidir si apoyar o no las obras de esta clase de artistas o personalidades destacadas viene a ser un tema muy controvertido. Está la postura que opina que debemos analizar las obras como si fueran “autocontenidas”, es decir, eliminar el contexto en la que fueron creadas y estudiarlas por lo que son; agregando que analizarlas desde el punto de vista del autor es prácticamente imposible, ya que somos ignorantes de esta persona al no conocerla realmente.

Después de analizar todo lo anterior, me pregunto: ¿Será que algunos artistas crean precisamente desde su naturaleza? Si no tuvieran este tipo de comportamientos, ¿serían igualmente talentosos? Es acaso un tipo de inspiración las conductas violentas, ¿acaso el trastorno narcisista tiene relación con la creatividad?

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