El Ballet Folklórico Nayáhuari, de Carmen Servín, tiene más de 20 años de historia. Cuenta con un repertorio de 18 mosaicos, pero lo que nunca falta en sus presentaciones es el huapango queretano. “Somos huapangueros y lo bailamos siempre”, dice Carmen. Las polkas también gustan mucho a los bailarines.
Han viajado a España e Inglaterra, además de representar a Querétaro en la Feria de San Marcos en Aguascalientes, en Coahuila, Tlaxcala, Chihuahua, San Luis Potosí, Guerrero, entre otras entidades, y en distintos municipios de Querétaro.
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Para este 2026 tienen varios proyectos, grabaciones de videoclips y una nueva invitación para volver a Londres.
Servín es queretana, licenciada en Docencia del Arte, con una especialidad en danza folklórica por la Universidad de Colima.
Comenzó la agrupación con la inquietud de implementar todos los conocimientos adquiridos, no sólo en las escuelas, sino en un grupo que le permitiera cumplir con su misión de preservar y difundir el folclor mexicano, a través de la danza.
La pasión de Carmen por las danzas mexicanas es de siempre. “Desde niña me encantaba bailar. Mi mamá me decía, no alces la mano cuando organicen un bailable. Porque el vestuario siempre ha sido muy costoso. Pero cuando decían: habrá un bailable. Yo era la primera en levantar la mano para participar. El baile es mi pasión”, platica con risa y un tanto de nostalgia.
El ballet surgió como un grupo independiente. Comenzó en una escuela, con seis alumnos. Después siguió ensayando en su casa o en patios que les prestaban los papás de los bailarines. Por un tiempo estuvieron en el Centro Cultural Felipe Carrillo Puerto. Y desde hace cuatro años ensayan en la explanada de la Delegación Félix Osores Sotomayor.
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Ahí se puede ver a todo el grupo, integrado por niños de primaria y secundaria hasta universitarios y egresados, que ensayan los sábados desde las 17:30 hasta las 21:00 horas. Y sin importar el frío, o los problemas del día, todos bailan siguiendo las indicaciones en voz de Carmen, que vigila rigurosamente cada movimiento.
Los sábados por la tarde noche, la mayoría de los jóvenes lo ocupan para prepararse para ir de fiesta. Pero los integrantes del Ballet Folklórico Nayáhuari acuden puntualmente a su ensayo. Cuando tienen cercana una presentación los ensayos se duplican, son sábados y domingos.
¿Qué magia provoca que cada sábado lleguen a su ensayo los integrantes del grupo? Es la pasión, contesta Carmen Servín en entrevista con EL UNIVERSAL Querétaro.
Pasión y disciplina es lo que Carmen ha inculcado a sus bailarines. Y esa misma pasión es la que ahora ellos le contagian ahora a la maestra.
“Ellos son mi motor. Yo les enseñé la técnica y la disciplina y ahora ellos me contagian su pasión y su energía. Sí soy muy estricta, pero esa misma disciplina y fortaleza es como se vive la vida. Uno tiene problemas siempre y hay que saber afrontarlos. Y si uno tiene que llorar, pues llora y luego a bailar. No hay un ‘No se puede’ para un bailarín. Eso yo se los enseñé y ahora ellos me transmiten esa pasión y energía”.
El camino de Carmen en la danza lo ha andado en compañía de sus hijos y ahora su nieto. Comparte que, al convertirse muy joven en madre, sus niños se convirtieron testigos de su historia como bailarina y directora del grupo. Y ahora su hijo, Juan Carlos Vega Servín, es subdirector del Ballet Folklórico Nayáhuari.
El nombre de Nayáhuari tiene un gran significado para el trabajo del ballet. Significa, en lengua rarámuri, el alma o espíritu de los antepasados.
“Nosotros adquirimos ese nombre, por qué, porque al bailar lo que hacemos es representar y traemos todo lo que nuestros antepasados nos dejaron y lo subimos al escenario y así siempre van a permanecer por qué, porque el folclor no va a morir, siempre va a ser vivo mientras nosotros sigamos difundiendo”, agrega Carmen.