Tabaquería. Habana Cigar Club, sitio para amantes del puro

Martín es propietario del local con toque cubano ubicado en el Centro Histórico, donde desde hace 16 años ofrece tabacos hechos para disfrutar

FOTO: CÉSAR GÓMEZ. EL UNIVERSAL
Vida Q 30/10/2016 00:26 Lenin Robledo Actualizada 17:56

“Fumarse un puro es todo un rito, es de buen gusto, es para momentos especiales”, afirma Martín de Lucio, propietario de una de las pocas tiendas en Querétaro que están especializadas en la venta de puros. Ubicado en el andador Luis Pasteur, en pleno Centro Histórico de Querétaro, el Habana Cigar Club es un pequeño sitio dedicado a los amantes de un buen puro.

Tan sólo entrar, en el local se vive a un ritmo apacible, muy alejado del bullicio y del frenético movimiento que caracteriza a este importante punto de la ciudad. Se percibe una atmósfera diferente.

Martín comenta que cada detalle que hay en el local tiene una historia especial; cada rincón es un homenaje a la cultura del tabaco, que tiene a la isla de Cuba como uno de sus máximos exponentes.

Al interior se pueden observar diversos cuadros alusivos a esta planta. Ahí vemos a John F. Kennedy, allá a Alfred Hitchcock, del otro lado al “Che” Guevara, aquí a Fidel Castro y más allá a Chuck Norris, todos con un elemento en común: fumando un puro y es que a decir de Martín, el puro está relacionado con el poder, con la fama y con el dinero.

La galería incluye imágenes de Cuba y de su pasión por esta hoja, no en vano el nombre de este negocio hace honor a la capital de esa isla caribeña. Además, se observan muchas infografías de los tipos y tamaños de los puros que hay en el mundo.

En una de las paredes, un estante de madera alberga una colorida y amplia colección de cajetillas de cigarrillos y otra de “caballitos tequileros”, producto de muchos viajes por México, el continente americano y Europa.

“Siempre que visitaba un lugar compraba estos caballitos como recuerdo y de ahí salió sin querer esta colección”, dice Martín.

Una cámara húmeda guarece cientos de puros, más de 100 marcas y una cantidad similar de clases. Martín explica que la regla es que los tabacos tengan una temperatura controlada promedio de 70 grados de humedad y 23 grados centígrados de temperatura, aunque todo depende del clima de cada ciudad.

En ese momento, Martín, quien porta una playera con la leyenda: “Nunca subestimes a un hombre con un puro”, derriba uno de los mitos que existen alrededor del tabaco, “lo peor que le puedes hacer a un puro es meterlo al refrigerador, lo seca, los truenas”, y es que comenta que muchos tienen la falsa idea de que el puro se debe conservar en refrigeración.

Aniversario del local

Pasan los minutos y la charla con Martín se vuelve más amena y es que este es un día especial, su negocio está cumpliendo 16 años de haberse inaugurado ya que abrió sus puertas un 19 de octubre del 2000.

Los precios de los puros van de los 8 hasta los 800 pesos y en ocasiones hay algunos todavía más caros, todo depende de la marca, de la calidad e incluso del país de fabricación.

Algunos son de Centroamérica, otros de México, otros tantos de la República Dominicana, pero sin duda, los tabacos estrella son los cubanos.

En este caso, Martín comenta que Fidel Castro fue el encargado de hacer famosa la marca Cohiba, ya que durante muchos años el ex mandatario cubano mandó a elaborarlo especialmente para su consumo personal y para ofrecerlo como regalo a famosos y políticos, nacionales y extranjeros de primer nivel con los que se reunía, es decir, tuvo un fin netamente diplomático; ahora se comercializan en todo el mundo.

Un puro tipo Cohiba tiene un costo promedio de 200 a 400 pesos. Su nombre se debe a que los indios taínos definían así a las hojas de tabaco que enrollaban para fumar, algo que Cristóbal Colón observó por primera vez en 1492, a su llegada al continente americano. Dicho producto le llamó la atención y se lo llevó a Europa.

A partir de ahí se volvió un tema de estatus, de poder, y es que este placer sólo se lo podían permitir “los ricos de España, de Europa, la clase adinerada”.

Martín asegura que “no todo vale lo que cuesta, pero en este mundo sí va ligado el precio con la calidad”, ya que su costo, insiste, depende de la importación, la mercadotecnia y la fabricación. Por ejemplo, un puro mexicano “más o menos bueno, de hoja entera, te va a costar de 40 pesos para arriba”, dice.

Como es un día especial, Martín está dispuesto a disfrutar un puro marca Arturo Fuente, de origen dominicano, el cual tiene un costo aproximado de 800 pesos.

“Este tiene ese precio porque la fábrica te lo vende como una cosecha especial, con una fermentación muy cuidada, es dominicano”.

Nos invita a acompañarlo con un puro de la casa y es que ya cuenta con su marca propia. Se dispone a cortarlos y con ello comienza a dictar una serie de consejos para que el momento se disfrute de una mejor manera.

Un ritual

El encendido es todo un ritual; primero aconseja prenderlo siempre con un cerillo de madera o una vara de cedro, “lo peor que le puedes hacer es meterle un zippo porque lo contaminas. Imagínate pagar 800 pesos y contaminarlo, pues no”.

Agrega que “para encenderlo debes tener el puro recto, no hay que bajarlo. Se debe prender con el calor del cerillo, lo giras y vas jalando fuerte y sacando el humo. El chiste es enjuagarte la boca con el humo, hacer bocanadas grandes, mantenerlo en la boca y sacarlo despacio, que se filtre el aire frío con el caliente; no lo avientes. Después es importante pasar tu lengua en el paladar para sentir el sabor”.

Añade una frase más a la tarde: “El mejor puro siempre va a ser el que a ti te guste”.

La explicación continúa. Dice que el último tercio del puro es lo mejor, ya que es ahí donde puedes valorar su sabor real, su acidez, su concentración e insiste que “fumarse un cigarrillo es una costumbre, fumarse un puro es un placer”.

El local está acompañado con música jazz. Después de encender el puro, se acerca a un pequeño enfriador que tiene y saca una botella de ron; es reserva especial.

Continúa con la explicación y señala que un puro tiene la posibilidad de maridarse con diferentes bebidas como el ron, whisky, con el vino, un tequila y hasta con un café.

Huele su copa de ron. Parece que abre más su sentido del olfato y del gusto, da una bocana plena del puro y antes de que se salga todo el humo de su boca le da un trago a su bebida; la saborea, la paladea, la disfruta.

“Esto potencia el sabor, te queda como una capa de caramelo en el paladar. Exploras más allá de tus sentidos y es que pocas veces degustamos lo que probamos”, señala.

Explica que un puro de matiz dulce se puede maridar con un whisky, ya que esta es una bebida seca. Mientras que un puro amargo puede combinar con un ron, con un coñac, brandy o un vino tinto.

Añade que hay puros dulces, secos, salados, amargos y ácidos. Los dulces producen más saliva que los secos y añade que los salados se riegan con agua de mar cuando los van a fermentar, de ahí su sabor.

“Hay tres cosas que he aprendido sobre el tabaco: su fuerza, el cuerpo y el sabor. En este sentido Cuba es considerado como productor del mejor tabaco, por los minerales de su tierra, por la salinidad del agua y por su altura, esto hace que la planta crezca con unas características muy particulares. Es como el tequila, no hay nada como el de agave azul, el de Jalisco”.

Derribando mitos

“Nunca se le da el golpe a un puro”, es otra de las recomendaciones que hace Martín, ya que eso puede producir graves problemas de salud, “es como si te fumaras muchos cigarrillos de un jalón”. Mojar el puro en whisky, coñac o ron no hace más agradable el sabor, “eso es una verdadera grosería. Es como si compraras un coñac muy caro y le echaras refresco de cola”.

Un puro es para una sola prendida, “si lo prendes lo más recomendable es que te lo termines y si ya no lo quieres pues lo tiras. Después se vuelve ácido y deja de ser un placer” y es que asegura, muchos creen que lo pueden fumar durante varios días.

No hay que forzar que la caída de la ceniza, dice. No es como un cigarrillo, que la misma combustión del papel te obliga a tirar la ceniza. Con el puro, la caída debe ser natural, ya que la misma ceniza ayuda a conservar el calor y mantenerlo encendido. “El puro es para paladear, para enjuagarte la boca con el humo, para disfrutar su sabor y los matices que puede tener un buen tabaco, como a maderas o cacao. Fumarse un cigarrillo es una costumbre, fumarse un puro es un placer”, asegura.

Sus inicios

Martín de Lucio tiene 42 años, es originario de la Ciudad de México, aunque de ella, dice, ya casi no se acuerda, ya que llegó hace más de 24 años. Por circunstancias familiares decidió cambiar su lugar de residencia y gracias a que su abuela tenía una casa en el municipio de Corregidora, decidió trasladarse al estado de Querétaro. “Recuerdo que llegué con 300 pesos y una mochila con ropa”.

Durante los primeros años Martín buscó la forma de sobrevivir. Trabajó como mesero en diversos restaurantes y discotecas. Lo mejor de ese trabajo eran las propinas, sin embargo hubo un momento en el que se fastidió de ese ritmo y decidió buscar otras opciones.

Así es como llegó a una empresa del sector financiero, muy popular en Querétaro. Entró como mensajero y ahí fue escalando hasta ocupar cargos de mayor responsabilidad.

Durante esta etapa terminó sus estudios de preparatoria y posteriormente, la universidad. Se tituló como licenciado en Administración Financiera.

Se considera un emprendedor nato, ya que desde muy joven le gustó vender. Desde una bolsa de mano para mujer hasta camisas, desde pantalones hasta autos, así se abrió paso en esto del emprendimiento.

Al mundo de los puros llegó gracias a Saúl, un vecino que tuvo en su infancia en la colonia Campestre Aragón, allá en la Ciudad de México, quien trabajó muchos años en una tienda de tabaco ubicada en el Centro Histórico de la capital mexicana.

Martín, después de haber renunciado a su trabajo como ejecutivo comenzó a buscar nuevas opciones, pero ahora como líder de su propio proyecto, de su negocio.

Saúl le sugirió que lo intentara vendiendo puros y a él le pareció una buena idea.

“A este amigo le dije que quería poner un negocio, pero no sabía qué. Me dijo: éntrale a esto del tabaco, yo te ayudo, te enseño, te mando mercancía y ahí vas aprendiendo. Y pues luego luego le dije que sí”.

Y así es que desde hace poco más de 16 años Martín está inmerso en este universo. Con puro en la mano, aprovecha para agradecer y para saberse afortunado de lo que le ha ofrecido la vida, sin embargo, asegura que todo lo que ha logrado es producto de su audacia, perspicacia y voluntad para hacer que las cosas sucedan.

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