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El día que Sabina cantó a Dylan

El día que Sabina cantó a Dylan
21/05/2015 |00:57
Redacción Querétaro
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Joaquín Sabina organizó una gira internacional sólo para darse el gusto de cantar una tema de Bob Dylan, la versión libre de ‘Eso no soy yo’(It Ain't Me, Babe, 1965). Pareciera que ese fue el propósito real del tour ‘500 noches para una crisis’ y lo de cantar los temas de uno de sus mejores discos, ‘19 días y 500 noches’ (1999) sólo un pretexto.

El estreno para Querétaro fue la noche del martes en el Josefa Ortiz de Domínguez, porque en la Ciudad de México que hace un par de semanas, en el arranque de la gira en el Auditorio Nacional y ante más de 10 mil almas.

“La primera vez que lo escuché en una pensión de Granada, a mis 17años, sin saber una palabra de inglés, pensé que ese tipo que cantaba, con una rarísima voz nasal y un atropellamiento de palabras, me estaba hablando directamente a mí, contando mi vida”, platicó el español sobre el estadounidense.

El genio trovador de Jaén citó al genio trovador de Minessota. Robert Allen Zimmerman es su nombre real, Bob Dylan es el seudónimo. Fue un momento mágico, de los pocos que suceden en la vida, un martes cualquiera de una semana cualquiera.

Sabina y Dylan, ambos trovadores y ambos genios. ¡Eh, épale, que no es para tanto!, diría el mismo Joaquín, el de ‘El boulevard de los sueños rotos’.

Cantantes con sombrero

El español con el clásico bombín chaplinesco y gringo con ese sombrero de dandy de principios del siglo XX que la ha dado por usar en sus presentaciones.

Ese mismo sombrero, redondo y anticuado que Dylan usó cuando se presentó en México y le sirvió para esconder el rostro cuando cantaba tan cerca del micrófono, como besándolo con cada nota nasal.

Cantantes de voz rasposa, gutural, como surgida de una gran caverna, voz de lija para pulir metales.

Un poeta que rinde pleitesía a otro poeta, con una de esas canciones en cuya letra guarda gran sabiduría y una que otra leperada.

“Llevo 500 noches celebrando la impúdica belleza de estar triste”, recitó el español.

Trovadores los dos, de cantina y burdel en el caso de Sabina; trovador de aquellos de hacer camino, de los que patean piedras y el polvo, en el caso de ese estadounidense universal llamado Dylan.

Ambos flacos relamidos

El español, ataviado con ese traje de cola larga de pianista frustrado. Dylan, luciendo ese traje de fiesta para bautizos, de estilo viejo y raro.

Fue un momento histórico, de esos que uno se guarda en la memoria para contarle a los nietos.

“Yo estuve en ese concierto cuando Sabina cantó a Dylan”, dirán.