En el corazón de San Juan del Río, en una casita color amarillo y una pequeña ventana, se encuentra el taller, museo, hogar, de la artista Juanamache.
Se llama Juana María, pero se cambió el nombre en honor al papel maché, material con el que trabaja desde hace 26 años y el cual no piensa abandonar. También trabaja en el lienzo y hace esculturas de madera.
“Me quedé con el papel y sigo evolucionando con el papel, al principio porque era muy barato, y después porque me ha gustado, trabajar el papel se me hace tan emocionante”, narró.
Un cuarto hace de taller de la señora de la casa. En el taller, una figura asoma en los primeros trazos en un lienzo en blanco y unos cuerpos mutilados de personajes que no tienen forma definida todavía.
La ventana del taller da a la calle, angosta, como todas las calles de san Juan, pero su dueña nunca la abre, por los mirones. “Me dicen que abra, porque mi casa es como un museo, que tengo cosas bonitas, pero no abro porque me da angustia”, afirmó.
Juanamanche puso al marido a ordenar todo y limpiar para recibir a las visitas de la prensa. Parecía un museo-tienda del barrio de Coyoacán, luminoso y colorido. Bonito en todos los sentidos.
La artista señala un cuadro, se parece a uno cristo crucificado de Salvador Dalí. “Ese ya está vendido”, dijo, por si las moscas.
Pero lo que más le gusta a la artista es presumir sus muñecos, en la casa hay como 50 y todos representan al pueblo de México, los habitantes de la “City”, de antes y de ahora.
Hay una americanista, un cruzasuleño, el señor de los camotes, el organillero, la enfermera, los que se besan, el trovador, un mecánico, un darketo, una sicodélica, una niña híspter, y un largo etcétera. Son como sus hijos de papel.
Todas esas obras se han exhibido en distintos lugares y ciudades, han estado en el Metro Garibaldi en la Ciudad de México, en el hospital de la Sedena, en Morelia Michoacán. “Estaba la exposición en el Metro y una señora me dijo: qué bonito, usted ya se puede morir”, contó.
Se han presentado en el nuevo museo del Diezmo en San Juan y en el Museo de la Muerte, que también es cementerio y que parece mandado a hacer para las Catrinas de Juanamache.
La artista y el marido tienen apenas dos años viviendo en San Juan del Río. Viene de la Ciudad y el pueblo les gustó, porque está a medio camino entre Querétaro y la Ciudad de México.
La artista trabaja por encargos, pero lamenta que no sean tantos. “Lo único que se vende son santos y vírgenes, y mis ideas las voy trabajando poco a poco”. En la ciudad ya la conocen, ya la domina, pero trata de abrirse un espacio en la vida cultural y artística de San Juan, si es que hay. “No es fácil”, reconoció.
Estudió diseño gráfico en la Escuela Nacional de Artes Gráficas, en la Ciudad de México. Nació en Tamaulipas, hija de un maestro rural y ama de casa.
Desde que llegó a San Juan, la artista ha hecho una labor de auto promoción. “Yo llego con mis Catrinas y les digo: esto es lo que hago”, relató.
Juanamache relató que el trabajo con papel maché debe ser visto como obras de arte y no como trabajo de artesanos, sin menospreciar la artesanía.
Aclaró que un artesano, indígena o no, es un artista y así debe ser visto y tratado. “No te pagan el tiempo que inviertes, es triste, pero es la realidad”.
Detalló que el arte vive una decadencia, por la economía, por falta de dinero, “no invierte en el arte”.
Pero en este museo-hogar de Juanamache las Catrinas de José Guadalupe Posada tienen un lugar muy especial en la casa y en el corazón de la escultora. Hay una de casi dos metros de alto, color verde esmeralda, con un abrigo de plumas de colores. Dice que no la vende, que no tiene precio, que es de ella y de nadie más.
Se lamenta la artista porque la gente cree que la Catrina de Posada sólo es para el día de muertos y nada más. “Yo creo que deben ser para todo el año, si Posadas las hacía todo el tiempo y hacía su periódico sobre Catrinas, por qué nosotros no podemos hacer lo mismo”.
¿Cuántas Catrinas has hecho?
—Híjole, no sé, muchas, son más de 20 años de trabajo.
¿Te gusta que te digan artesana?
—No me gusta.
¿Te lo han dicho?
—Para todo mundo soy artesana, no artista.
¿Si hiciéramos tu biografía, cómo deberíamos ponerte “Juanamache, artista del papel”?
—Pintora y escultora.
¿Y amante de Catrinas?
—Soy la Catrinera. Así me dicen.