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Dice que no le gustan las entrevistas, menos las fotos, aun así Omar Benítez Favela, ganador de la Bienal del Centenario de la Constitución, accede a un encuentro con EL UNIVERSAL Querétaro, para hablar sobre el origen de su trabajo pictórico, que ha desembocado en la fascinación por los exvotos.
Incluso es un exvoto la obra con que ganó la Bienal Nacional de Pintura Centenario de la Constitución, Las Leyes: Convergencias, Divergencias y Paradojas. “El pueblo mexicano se encomendó a San Venustiano. Y en la ciudad de Querétaro, el día 5 de febrero de 1917, les concedió el milagro y en testimonio de su eterna gratitud le dedicó este retablo”, se lee en la pieza ganadora que lleva el título: El legado de nuestros héroes.
La obra da continuidad a Dolores a la bandera, exposición que Benítez Favela presentó a finales del 2016 en el Museo de la Ciudad. Una serie donde el pintor encaró al espectador con la realidad que vive el país. Y es que Omar, explica, habla de lo cotidiano. “Es lo que estás viendo, desafortunadamente; y los temas de mi obra siempre han sido los mismos: lo cotidiano. Yo en realidad pinto lo que veo”.
El mejor pintor era castigado. La cita para la entrevista quedó en su casa, sábado a las dos de la tarde, y justo a esa hora llegó él, en bicicleta. Había salido a ver unos discos. ¿La música es tu pasión? “No… Bueno, creo que últimamente sí”, responde.
Elige sentarse en el mismo sitio donde acostumbra pintar, se acomoda y enseguida tocan la puerta, es el pintor Abel Cervantes y familia. Abel siempre ha dicho que Jamón, apodo con el que todos los cuates conocen a Omar, es el “mejor pintor del rancho”.
Y es curioso saber que de niño, al “mejor pintor del rancho”, no le gustaba pintar, de hecho para él era todo un castigo, al que finalmente le agarró gusto.
“Yo dibujaba y tenía cierta habilidad, de hecho mis castigos eran eso: pintar. Me ponía a pintar mi padre, cuando me castigaba. Me ponía hacer reproducciones de obras de Orozco, de Rivera, muralistas que a él le gustaban, pero yo renegaba de eso. También me ponía a hacer las tareas de mis hermanos, tareas referentes a dibujo, yo por eso renegaba más, decía: ¿Por qué tengo que estar haciendo lo de los demás? Pero me di cuenta que me quedaban bien. Y ya después fue algo que disfrutaba, eran castigos que disfrutaba”, platica.
No tenía idea de lo quería. Nació en el Distrito Federal, pero creció en San Juan del Río, Querétaro. De la familia nadie más se dedica a las artes, aunque existe la historia de un tío abuelo que ya de mayor se dedicó a pintar. Después de la preparatoria emigró a la ciudad de Querétaro para ingresar a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
Quería estudiar diseño gráfico, pero confiesa, que no sabía muy bien qué hacer. Cursó dos propedéuticos para finalmente ingresar a la universidad.
“Soy honesto, no tenía ni idea de lo que quería hacer, yo entré a Bellas Artes a estudiar diseño, y en el propedéutico conocí a un chavo de San Juan del Río, Eliseo Portal Pasten, y él, es ingeniero y siempre quiso estudiar pintura, y me llevó a su taller en San Juan del Río, ahí me pongo a pintar y ahí creo que decanté más por las artes plásticas”.
La etapa de la universidad fue una etapa de mucha diversión. La mayor influencia de sus maestros fue Jordi Boldó. Pero también compañeros y amigos influyeron en su labor, como Enrique Cruz Botello, Enrique Hernández, Gaby Martínez, Abel Cervantes, Juan Pablo Cueva, “todos ellos estaban ahí y yo veía mucho su trabajo, me gustaba y luego trabajábamos juntos. Y la obra de Braulio Segura Chávez también me influyó un montón”.
Los últimos dos años de la carrera dividía su tiempo en la escuela y la restauración, con el equipo de Alejandra Mata Ávila y Luz María Leal. Al finalizar la universidad se dedicó al 100% a la restauración.
Trabajó en las etapas donde se restauraron las fachadas de las misiones de la Sierra Gorda: Tancoyol, Tilaco y Landa. En ese mismo tenor, también ha participado en otros proyectos en San Luis Potosí, Estado de México, Puebla y Guanajuato. Al principio era una necesidad económica lo que lo mantenía en la restauración, pero ahora es una necesidad que ayuda a su mismo proceso creativo.
“No tenía pensado durar tanto tiempo en la restauración, voy así como fluyendo y si se da, bien; la verdad ha sido un trabajo muy noble, cuando tengo la inquietud de exponer, entonces pido permiso y siempre me lo han permitido. En algún momento dije: Me dedico sólo a la pintura. Lo intenté y no pude, no soy disciplinado y también me agota estar pintando nada más mis cuadros, necesito aterrizar y siempre me aterriza la restauración. Siento que necesito tener las dos cosas”.
Primera exposición. Durante una larga estancia en la Sierra Gorda, surgió la obra para presentar su primera exposición individual, Panoramik: Qué bonito es casi todo, (Museo de la Ciudad, 2004).
“Yo me tardé en hacer una exposición individual, participé en un montón de colectivas y a pesar de que estaba en la restauración nunca dejé de estar presente, mandaba a concursos y me inscribía para las becas. La primera exposición no fue individual, pero la considero individual, fue una que hice con Enrique Cruz Botello, esa expo salió porque trabajamos tanto en la Sierra que no veníamos ni siquiera a Querétaro y nos propusimos pintar mientras estuvimos allá. Mi obra es muy abstracta, muy sencilla, pero siempre con un elemento figurativo”.
Maravillado por los exvotos, realizó la primera pieza de este tipo para una colectiva que rindió homenaje al mítico Dr. Atl, en el Centro de Arte Bernardo Quintana de la UAQ. A partir de ahí el exvoto marcó su propia obra.
“Yo tenía más o menos claro que estaba viendo muchos exvotos, además me gustan mucho, me parece lo mejor que hay en pintura, porque une esa parte tan primitiva y tan honesta de la gente. Y empecé a hacer una especie de exvotos, claro que es mi interpretación de los exvotos, con elementos de mi pintura”.
Su exposición Dolores a la bandera (Museo de la Ciudad, 2016), son exvotos y de esa misma línea surgió la pieza: El legado de nuestros héroes. En casa guarda una colección de exvotos que pidió a sus amigos que hicieran, algunos son de su autoría y otros más son comprados. Su obra, asegura, seguirá esa misma línea del exvoto. Aunque dice: No hay nada seguro. Sus pendientes, por ahora, son una exposición en Monterrey en 2018.
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