Por unos riñones en buenas condiciones

Vida Q 17/03/2014 00:01 Actualizada 10:03

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En Médica Santa Carmen se colabora en la solución a la insuficiencia renal crónica (IRC) en el país. Esta enfermedad de carácter metabólico no transmisible va ligada a la epidemia de diabetes, obesidad y malnutrición en el país.

La IRC es definida cuando los riñones filtran menos de un 15%, es un padecimiento que afecta a 1 en 800 mexicanos de manera crónica o terminal y que requiere de algún tratamiento sustitutivo. México destaca en el primer lugar mundial en incidencia o nuevos casos (www.usrds.org, www.oms.org) y vivimos la triste realidad que sólo un 50% de las personas con IRC tienen acceso a tratamiento, y este, en muchos casos es insuficiente.

Hoy en día, aseguró Andrés Gutiérrez Katze, director general de Médica Santa Carmen, se estima que más de 160 mil mexicanos requieren de diálisis, hemodiálisis o trasplante de riñón.

Además, esta lista de seres humanos crece un 10% anualmente y gracias a muchos obstáculos menos de 3 mil logran concretar un trasplante al año. Para los que tienen tratamiento médico, en muchos casos, su promedio de sobrevida es de 2 años, cuando a nivel mundial éste es de más de 7 y, en muchos casos, las personas pueden vivir por décadas, siendo felices y productivas con un buen acceso y apego a tratamiento.

La IRC es una enfermedad que en general no tiene síntomas y que afecta sin discriminación de nivel socio-educacional, edad, género y más. No obstante, y desafortunadamente, como su detección temprana generalmente implica una visita al médico y estudios de laboratorio, este padecimiento tiende a afectar a las personas y comunidades más marginadas en mayor porcentaje. Y como ocurre con cualquier tratamiento implica costo e información para su mayor efectividad, estas personas en la base de la pirámide son las más vulnerables.

Uno de los objetivos de Médica Santa Carmen, reafirmó Andrés Gutiérrez Katze, es simple, “brindar bienestar de vida de forma accesible, efectiva y digna”. Tratamos a pacientes de todos los niveles socio-económicos y cobramos diferentes precios basados en la habilidad de la persona en pagar. Tenemos pacientitos desde 7 hasta 90 años. Algunos son ciegos y otros amputados por la diabetes y bien, otros trabajan, manejan solos y algunos dicen que “no parecen enfermos.” Todos tienen la cualidad de ser hijas e hijos de Dios, de merecer respeto y cariño y el derecho constitucional a la salud. Todos quieren “vivir vida” y nos da mucho orgullo porque sabemos que “paciente bien, todos bien.”