Abrimos las persianas de una de las cantinas más antiguas de nuestro estado, un lugar que resguarda historias, tradiciones y por el cual han atravesado tres generaciones completas. Los Estrada son los actuales propietarios de este bar.
Hace más de 90 años apareció en el mapa el nombre del bar La norteña, al parecer y hasta donde se tiene registro su lugar de fundación fue en la esquina de Ezequiel Montes con Hidalgo en el centro de la ciudad, aunque realmente no es un hecho confirmado.
Chon, como lo conocían todos, trabajó en esta taberna por el año de 1948, durante bastante tiempo laboró en diferentes áreas del lugar hasta que llegó el día en el que se ganó la confianza total del dueño y logró comprar La norteña para trabajarla con su familia.
Hablamos de hace 68 años cuando la cantina contaba con tres mesas, una barra para cuatro personas y un baño reducido, por supuesto exclusivo para hombres. A 33 años de estadía en esa dirección, Chon junto con su hijo Rafael Estrada deciden moverse a un lugar más amplio en contra esquina.
Actualmente puedes encontrar la taberna en la calle de Hidalgo #106, no muy lejos de su dirección original; en ese entonces aún no podían entrar mujeres ni uniformados por ello se implementó una táctica un tanto peculiar.
Las damas se quedaban afuera del local en sus automóviles y los meseros salían con los platos de comida y unas cuantas bebidas. “Todo esto fue tiempo, en realidad todavía me tocó hace unos 10 años hacer el famoso servicio al automóvil; ahora las mujeres vienen más a la cantina”, expresó Juan Carlos Estrada, uno de los dueños actuales.
Con tantos bares en la ciudad, el equipo de La norteña procura no perder el estilo cantinero para continuar con la tradición que su abuelo compró. José María, Francisco y Juan Carlos, nietos de Chon, son la tercera generación de los Estrada que trabaja con empeño en este lugar.
Rafael Estrada, padre, quien falleció hace seis años enseñó a sus hijos desde la adolescencia a esforzarse por mantener viva la cantina, es por ello que esta generación no quita el dedo del renglón y ellos mismos, en conjunto con su madre Yolanda Ojeda, acuden todos los días atendiendo las mesas y sirviendo los tragos ellos mismos.
Desde que entras a La norteña te darás cuenta que el ambiente está lleno de tradición, podrás toparte con músicos con guitarras que han pedido permiso para cantar y te llegará el aroma de caldos o botana.
Entre fotos antiguas que retratan a Querétaro, un gran cuadro de Tintán, Don Ramón y Cantinflas, —comediantes inolvidables—, además de una pintura de Nueva York de 25 años de antigüedad poco más grande de la mitad de una pared, podrás disfrutar de bebidas preparadas exclusivas de una cantina.
“Han venido artistas nacionales, internacionales, toreros, futbolistas profesionales porque les gusta lo que preparamos, además el que siga teniendo el toque de cantina antigua llama mucho la atención”, narró Juan Carlos.
Bebidas de la casa. “Bull” y “Sangría cantinera”, ambas son preparadas con los mismos ingredientes: ron, brandy, vodka, jarabe, limón y agua mineral. La diferencia es la base, es decir, el “Bull” lleva cerveza y la “Sangría” vino tinto.
Para recordar. Los dueños del lugar nos cuentan la historia de Guadalupe Guerrero, actual maestra, quien lleva acudiendo a la cantina 26 años.
“En el año 90 ella estudiaba en la facultad de psicología, venía un grupo grande de amigos y amigas porque la cerveza era barata, además de que la comida era abundante”, expresó Juan Carlos.
El padrino Don Chon, como le decía Guadalupe, cuidaba a las jóvenes cuando iban al sanitario, ya que aún no entraban muchas mujeres y únicamente había baños de hombres.