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Adiós a “La niña prodigio de Hollywood”

Vida Q 12/02/2014 00:01 Actualizada 10:48

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Sólo una estrella con el talento y coraje de Shirley Temple pudo tener una carrera tan importante y ecléctica que este martes que falleció a los 85 años logró poner de luto a la meca del cine y a la política estadounidense de la que también formó parte.

Debutar a los tres años en la pantalla grande, ser aclamada por la audiencia a los seis, casarse a los 17 y retirarse del cine teniendo apenas 21 para dedicarse a la política es algo de lo que sólo Temple pudo salir avante.

Desde que se paró en un escenario, Shirley deslumbró con sus rizos rubios, mejillas, pequeña boca y un brillo especial en su mirada con la que cautivó a la camara y logró erigirse como la gran pequeña reina del cine de la década de los 40.

Era hija de un empleado bancario y de una costurera, fue descubierta en una escuela de danza a la edad de tres años y a los seis años había recibido un Oscar honorario.

La pequeña cantante, bailarina y actriz logró consagrase gracias a filmes como The little colonel, Curly Top, Wee Willie Winkie.

Destacar desde temprana edad hizo que antes de los 10 años de edad tuviera una gran fortuna y con ello que los productores y directores le complacieran cualquiera de sus caprichos.

Sin embargo, conforme pasaron los años, Shirley comenzó a ser una inversión cada vez menos redituable para las compañías productoras, quienes comezaron a prescindir de ella cuando fue adolescente.

“Era la niña de 14 años más vieja del mundo”, decía la actriz.

No obstante no quitó el dedo del renglón e intentó dar el salto de ídolo infantil a actriz seria y adulta con largometrajes como The Bachelor and the Bobby-Soxer, que no contó con el recibimiento que la originaria de Santa Mónica, California esperaba.

En esta etapa la joven conoció al actor John Gart en el set de la cinta Fort Apache, de quien se enamoró y con quien se casó, sin embargo, esto sólo duraría cinco años.

El amor no le tardaría en llegar, pues en 1950 se volvió a casar con quien sería su esposo hasta sus últimos días, Charles A. Black.

Fue con la llegada de su nuevo marido que Shirley abandona la actuación y comenzó con sus actividades sociales que le abrieron camino en la política. El presidente Richard Nixon la convirtió en delegada ante la ONU.

En sus últimas entrevistas Temple aseguraba no arrepentirse de nada, pues “Tuve realmente una vida maravillosa, fui quizás una de las niñas más felices del mundo”.