QUERÉTARO.— La misma sustancia de color negro que usan para cubrir las carreteras es usada por Matrino Reséndez para recrear sobre papel couche, historias basadas en la cosmovisión prehispánica.
Reséndez estudió diseño gráfico en Tabasco, donde nació y creció, influenciado por la cultura Olmeca. Pero luego de muchas visita a un tío en Querétaro, tomó la decisión de establecerse en esta ciudad.
Estudió artes visuales en la Universidad Autónoma de Querétaro, pero en el quinto semestre se salió, “me ganó el dinero, dejé de estudiar por meterme de lleno al trabajo”.
Se ocupó haciendo arte para portadas de discos, diseños de marcas, logos, hasta que un día se quedó sin empleo, “acabé con papel y lápiz y me puse a generar imágenes de historias que yo me inventaba cuando era muy joven, y empezó a surgir esto”.
En la universidad usó el chapopote diluido en gasolina blanca, haciendo imágenes abstractas. Entonces recordó “que los Olmecas procesaban y recolectaban el petróleo para pintar cuchillos, conchas”, y se dio: “Si ellos usaban el petróleo por qué yo no”. Tomó los dibujos que había hecho en lápiz y comenzó a darles vida con este material, residuo del petróleo.
El chapopote es una roca flexible, “como si fuera hule o goma, como la suela de un zapato”, explica. Esta piedra diluida en gasolina blanca se vuelve líquida, aunque Matrino prefiere usar aceites de linaza para obtener una mezcla más espesa, “eso me sirve para pintar más sombras, más luces”.
El chapopote es un material barato, según Matrino, por lo que “ha sido muy criticada la obra en varias galerías, dicen que es un material muy corriente”. En Querétaro se ha presentado en exposiciones colectivas, como en Galería DRT en 2011, y sólo ha tenido una muestra individual en la ciudad. “Ha sido difícil que me abran las puertas, no les atrae, no les interesa, no lo ven como arte”, revela.
Parte de su obra está basada en pedidos, alguien le solicita un cuadro sobre un tema y Matrino lo traza con sus propias ideas. “Nunca estudié artes plásticas, luego me meto en esto unos lo consideran arte, yo siento que soy ilustrador, no soy un artista, soy como un carpintero, me piden una silla con mi estilo y se las hago”.
El mejor escaparate que ha tenido Reséndez es el Jardín Guerrero, los sábados y domingos, cuando varios artistas se reúnen para exhibir su obra y pintar. “He recibido mejor respuesta con mi exposición en la calle, es más fácil que la gente llegue y te diga me gusta o no me gusta”.
Desde hace dos años que expone en el Jardín Guerrero, ha llamado la atención de los extranjeros, siendo principalmente japoneses, franceses y españoles los que han comprado su obra. Pero Reséndez ya tuvo la oportunidad de exponer en Australia.
Cuando Matrino pinta en vivo en el Jardín Guerrero, despierta la curiosidad de la gente por la mezcla de símbolos de culturas mexicanas. “Cuando algunos jóvenes que tienen interés por culturas nórdicas, europeas, conocen mi trabajo, se meten de lleno al mundo prehispánico”.
Los mitos de hombres guerreros, lenguas, costumbres e historia de pueblos mexicanos desde niño llamaban la atención a Matrino, que en realidad se llama Martín Trinidad Reséndez Pilar, de 32 años.
“Si no conoces tu pasado, no te puedes ubicar en el presente y mucho menos pensar en el futuro, por eso hay mucha falta de identidad. Es básico para mí que la gente se identifique con el México en el que nacieron, si les gusta o no lo que es ahora, eso ya es otra cosa”, dice. Matrino alista un libro con su obra, patrocinado por una clínica de tatuajes, una agencia de fotografía y una universidad.
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