La leyenda dice que fueron los soldados de Alejandro Magno quienes introdujeron el durazno, o melocotón, en Europa, tras haberlo encontrado en Persia, y durante mucho tiempo se pensó que esta deliciosa fruta era originaria de allí, cuando en realidad hay que situar su cuna mucho más al Este, en China.

Bertrand Russell ponía a esta fruta como ejemplo en su ensayo sobre los conocimientos inútiles, afirmando que desde que supo que el rey indio Kaniska encontró semillas de melocotón (o durazno) en las faltriqueras de unos prisioneros chinos, y que de la India pasaron a Persia, le gustaban más...

Una de etimología: melocotón, como se conoce la fruta en España, viene del latín "malus cotonus", que vale por manzana algodonosa, debido al peculiar tato de su piel. La palabra durazno, más usada en gran parte de Latinoamérica, viene también del latín, pero de "durus acinus", que significa que tiene la piel dura. Su nombre científico es "Prunus persicus", lo que hace referencia a su supuesto origen persa.

Pero en lo que hoy queríamos hacer hincapié es en la vinculación de este fruto con el mundo del arte. Concretamente, con la pintura y la música: dos de las preparaciones más famosas que tienen al durazno como protagonista están dedicadas a sendos artistas: un pintor veneciano del "quattrocento", Giovanni Bellini, también conocido como Giambellino, y una soprano australiana, que se llamaba Helen Porter, pero que ha pasado a la historia de le ópera como Nellie Melba.

Al pintor veneciano está dedicado un cóctel no menos veneciano, el "bellini", concebido por Giuseppe Cipriani en los años 30, en su "Harry's Bar" de la ciudad de los canales.

Originariamente se trata de combinar dos tercios de un vino espumoso típico del Véneto o de Friuli, llamado "prosecco", con un tercio de puré de durazno, preferentemente de los de carne blanca.

Cipriani usó "prosecco", según él, porque le parecía que era tan bueno o mejor que muchos champañas; no tenía demasiada razón, la verdad. El "prosecco" es un espumoso, con carbónico procedente de una segunda fermentación, pero, a diferencia de lo que ocurre con el champagne o el cava español, esa fermentación no se produce en botella, sino en grandes depósitos: más barato, pero no tan bueno.

Ustedes usen un champagne, o un cava, decente, muy seco y muy frío. Si no quieren molestarse preparando puré de duraznos, apelen al socorrido frasco de néctar de melocotón: los hay francamente buenos. Sirva ambas cosas en copa de pie alto... y no hace falta nada más para disfrutar de un rico aperitivo. Si quieren rendir de verdad homenaje a Giovanni Bellini, usen un espumoso "rosé" , para imitar los tonos rosas de sus pinturas.

Dame Nellie Melba (fue ennoblecida por Jorge V en 1927) cuenta, entre otros honores (su faz figura en los billetes de cien dólares australianos) con un famosísimo postre, creado para ella por el gran Auguste Escoffier a raíz de su gran éxito en el papel de Elsa, de Lohengrin (Wagner) en la Royal Opera House del Covent Garden londinense.

El "durazno Melba" (pêche Melba en original) consistía en un cisne de hielo entre cuyas alas, sobre una capa de helado de vainilla, venían unos melocotones; posteriormente se enriqueció el postre con un puré de frambuesa y una red de hilos de caramelo. Hoy, cuando uno pide por ahí una "copa Melba" suelen limitarse a servir un par de bolas de helado de vainilla con medio durazno en almíbar.

No se quedó ahí Escoffier en sus homenajes a la Melba: cuando ésta empezó a tener problemas con la línea, el maestro francés ideó para ella unas tostaditas de pan muy finas, que hoy siguen comercializándose con ese nombre. Pero nos quedamos con un "bellini" como aperitivo y unos melocotones Melba para el postre. Cosas... de los persas.

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