El artista plástico Mario Barrón tenía 24 años cuando exponía por primera vez en el Museo de Arte de Querétaro.
Dos décadas después Barrón regresa al mismo recinto, esta vez, con una exposición individual “Quisiera ser”, integrada por cuadros de gran formato.
La muestra reúne obras con personajes como deportistas y figuras de la cultura popular, como el boxeador estadounidense Muhammad Ali, el personaje fantástico manga japonés Ultramán y el actor de películas de acción, Charles Bronson, entre otros.
Pinturas donde se mezcla el llamado hiperrealismo, plasmado en la precisión y detalle de las cosas y las personas, pero con fondos abstractos y elementos simbólicos que van dirigidos a quien preste atención al detalle.
De su primer exposición en Querétaro, el artista plástico recuerda que “era muy joven y hacía las cosas por impulso, de forma espontánea, de un sólo trazo, lo que saliera a la primera”. Ahora, aseguró, “pienso más las cosas”.
Asimismo, explicó que la exposición en Querétaro es una forma de salir del hiperrealismo. “Me agotaba, estar pintando, fijándome en el detalle, tanto que luego se me olvidaba qué estaba pintando, había perdido tanto el primer impulso y me pasé al otro lado, en donde no sentía nada”.
“No sé si pueda hablar de una evolución, si te puedo decir que es totalmente diferente, porque yo era otra persona, hace 22 años me preocupaban otras cosas, no tanto en cuanto técnica, en eso sí he avanzado mucho, pero era otra manera de sentir”, contó.
Barrón empezó en el arte como cualquier adolescente, dibujando en camisetas sin saber cómo ni para qué. A la edad de diez años conoció el mural La lucha del día y la noche de Rufino Tamayo, en el Museo Nacional de Antropología, y supo que quería ser artista.
Aprendió a dibujar de forma autodidacta y ha participado en más de 20 exposiciones individuales y colectivas en museos. Ingresó a la licenciatura en la Escuela Nacional de Pintura Grabado y Escultura La Esmeralda en el Centro Nacional de Las Artes.
En 2004 creó el sistema alfabético que denominó ‘Onografía’ que, emparentado con la grafología, permite conocer los rasgos de la personalidad.
En 1982 conoció la obra del pintor hiperrealista estadounidense John Hall y se engancha en ese estilo por muchos años.
¿Sigues siendo hiperrealista?
Sí, pero ya no tanto, la técnica me obliga a no fijarme en el detalle, ahora no sé lo que va a salir, casi hasta el final, ahora estoy pintando al revés.
Tu obra tiene mucho símbolos y mensajes (onografía).
Cuando viene a Querétaro casi toda mi obra era eso, todo lo que hago ahora de forma muy libre, tenía muchos detalles simbólicos, y luego ya se fue haciendo automático, y estoy pensando en algo que no tiene que ver con el cuadro, lo escribo y me cuadra con lo que estoy pintando.
Hay mucha cultura popular en tu obra
Estas obras las preparé exclusivamente para Querétaro, quería expresar dos cosas: pensar en qué quería ser cuando era niño y reflexionar sobre lo que soy ahora, y no se parece nada a lo que quería ser antes.
¿Estudiaste arte formalmente?
Nunca. Yo estaba estudiando la carrera de arquitectura, porque era un paso a diseño industrial, pero la tendencia era más hacia el arte.
¿En qué momento te diste cuenta que eras ya un artista?
Al principio es importante que tú te sientas un artista, y luego ya no tienes las cosas muy claras, y te cuestionas si realmente eres un artista, te empiezas a comparar, luego te asientas un poco y dices, estos es mi vida, y dices: sí soy un artista, aunque quisiera ser boxeador.