El fervor guadalupano une generaciones. El Santuario de la Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe, recién renovado, se impone esplendoroso en medio de la madrugada.
Aún no abre su puerta el recinto, pero ya es resguardado por cientos de hombres: niños, jóvenes, adultos y adultos mayores. El clima es fresco, pero se siente el calor de la fraternidad.
Todos esperan pacientes: algunos sentados en las banquetas, otros en sillas plegables o en los escalones del atrio, y otros más en el patio adjunto a la sacristía.
Los peregrinos, originarios de varios puntos de la Diócesis de Querétaro, se encuentran listos para iniciar la caminata hacia la Basílica de Guadalupe.
Todos llevan ropa cómoda, pants, tenis, sombreros, gorras, jeans, playeras, chamarras, sudaderas, paliacate, incluso bastones para ayudarse en la caminata. Otros portan el estandarte de su grupo.
Antes de las cuatro de la mañana se abren las puertas del recinto religioso. El vicario de la Diócesis de Querétaro, Martín Lara Becerril, director espiritual de los peregrinos, encabeza la bendición de buen viaje.
Por momentos, el silencio devoto hacia el Santísimo, y por momentos, cánticos y alabanzas. Afuera del recinto, monseñor hace las primeras recomendaciones:
“El primer peregrino es Cristo, y nosotros vamos detrás de él. Así es que ningún peregrino adelantado, el que va adelantado no es peregrino”.
Dice que la peregrinación es una escuela de fraternidad, porque desde este momento todos nos llamamos hermanos, “aunque no sepamos nuestros nombres”.
También es una escuela de santidad, porque “apenas nos despertamos oramos, llegamos alabando a Dios y todo el día rezamos, cantamos, meditamos; vamos aprovechar para crecer en santidad”, agrega.
Recomienda caminar con precaución y orden, particularmente en la Carretera 57.
Ya casi son las cinco de la mañana y llega el momento de partir. Pero antes de ello, una ofrenda de pirotecnia dedicada a la Virgen de Guadalupe, rompe la solemnidad.
Las luces multicolores iluminan a la Congregación y el ruido estridente alegra los corazones. “¡Es la primera vez que se ve esto!”, expresa un peregrino mientras las pirotecnia sigue sonando.
Luis Manuel Hurtado, originado de la comunidad de El Sauz Alto, Pedro Escobedo, cursa el tercer semestre de la carrera de Ingeniería Industrial, en San Juan del Río.
Éste es su quinto año peregrinando; comenzó en 2013 a los seis años, por invitación de su abuelo, Jesús Hurtado.
“Ahí comenzó todo, y ya conociendo este camino, uno se queda”, expresa Luis Manuel, quien camina junto a su papá, hermanos, un tío, primos y abuelo.
“Hasta el momento mi caminar ha salido bien, y uno se motiva al llegar a los pies de nuestra madre. El camino se vuelve una tradición para agradecer todo lo que nos brinda”, señala.
Fernando Ramírez Quiroz, originario de Victoria Guanajuato, lleva siete días caminando desde la sierra. Tiene aproximadamente 13 años peregrinando hacia la Basílica.
A los 50 años peregrina para pedir por uno de sus hijos que sufrió un accidente; desde entonces sigue con la tradición.
“Desde que empecé a venir, no he fallado. Y primeramente Dios, voy a seguir hasta que nos dé permiso la virgen, y ojalá sea por mucho tiempo”.
Los peregrinos avanzan por Pasteur, Independencia, Manuel Acuña, Zaragoza, Ejército Republicano, Constituyentes, Bernardo Quintana y la Carretera 57, bajo resguardo de elementos de seguridad.
Juan Manuel Leal, quien además de ser presidente de la Asociación de Peregrinos, tiene 26 años de peregrino, estima que salieron de la Congregación 18 mil peregrinos de los decanatos de la sierra de Guanajuato y el centro de la ciudad de Querétaro.
“Ha estado incrementando, vienen niños, jóvenes y adultos, creo que la peregrinación está rejuveneciendo”, agrega.
La peregrinación masculina de Querétaro al Tepeyac es la más antigua; este año celebra su edición 136.