Tras una travesía de fe, esfuerzo y oración, más de 68 mil 500 peregrinos queretanos se postraron ayer ante los pies de la morenita del Tepeyac, en la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México.
El camino para las tres expresiones peregrinas comenzó hace dos semanas en la comunidad de Neblinas de Guadalupe, de Landa de Matamoros, bajo el lema “Viva Cristo, Rey de la Paz”.
Fueron 17 días de recorrido para la columna femenina, en la edición 64; para la masculina, 16 días en la edición 136; y la ciclista, cinco días en la edición 44.
A las 8:30 horas, 28 mil 600 peregrinas llegaron a la Casita Sagrada. El obispo de la Diócesis de Querétaro, Fidencio López, les dio la bienvenida.
“¡Sí se pudo, sí se pudo! ” y “¡Se ve, se siente, Querétaro está presente!” son frases que se escucharon entre gritos y aplausos en el atrio del recinto.
El dolor y el cansancio se reflejaron en los rostros y en las lágrimas, la emoción y el agradecimiento por haber llegado, luego de días de esfuerzo.
Detrás de cada rostro, una historia, detrás de cada lágrima, una promesa cumplida. Miles de motivos llevaron hasta aquí a los visitantes, y una sola causa: la Virgen de Guadalupe.
La columna de mujeres salió de San Rafael, a las 5:00 horas; rezos, cánticos y alabanzas amenizaron la caminata.
Más temprano aún, salió la columna de 6 mil 500 ciclistas a las 12:45 de la madrugada, de Cahuacán, para llegar al Tepeyac después de las 4:00 horas.
La columna masculina —conformada por más de 33 mil 400 peregrinos— salió de Cuautitlán, Estado de México, antes de las 4:00 horas.
Con los sombreros arriba, los hombres saludaron a su llegada a la Basílica, después del mediodía, cansados pero emocionados. “¡Ya llegaron hermanos, ánimo!”, “¡Que el cansancio no les robe la alegría!”, les gritaban.
Ya adentro, avanzaron los peregrinos con celular en la mano para capturar cada momento. Unos cuantos segundos frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe justificaron días de camino.
A lo largo de la jornada, el obispo ofreció tres ceremonias eclesiásticas: una para cada columna peregrina.
Frente a un mar de sombreros que llenó el atrio de la Basílica, monseñor hizo un reconocimiento a la expresión de fe de los peregrinos.
“Somos hermanos y somos peregrinos. Hemos nacido para caminar juntos y en la misma dirección, por eso como Dios es uno, nuestra peregrinación también es una, tiene tres expresiones: hombres, mujeres, ciclistas”, expresó.
Este peregrinar, agregó, ha sido una oportunidad para limpiar y profesar la fe, “ha sido una escuela de comunión y fraternidad, ha sido como un hospital donde hemos encontrado alivio y la sanación”.
“Los seres humanos somos por naturaleza peregrinos, si no caminamos nos tullimos, nos enfermamos y morimos, solamente caminando nos mantenemos en pie, y podremos llegar a nuestro verdadero hogar”.
Finalmente, bendijo los sombreros de los fieles, como un símbolo de humildad que les ayude a recordar, que son hermanos peregrinos.
Las peregrinaciones fueron resguardadas por un dispositivo de seguridad de la Protección Civil de Querétaro, que reportó saldo blanco.