La Procesión del Silencio es una manifestación pública de luto, respeto y arrepentimiento que comenzó en Querétaro en 1966. Son principalmente hombres quienes integran la columna y caminan con su cruz a la espalda, para cumplir con una manda o penitencia; pero también participan mujeres y son ellas las que inician el andar.
Las Piadosas y Las Dolorosas, quienes acompañan a María en el viacrucis y muerte de Jesús, son los principales grupos de mujeres que forman parte de la Procesión del Silencio.
La hermandad de Las Piadosas es un grupo de jóvenes mujeres, entre 14 y más de 20 años, que caminan cargando en sus manos insignias que representan momentos significativos en el viacrucis, como la corona de espinas, los clavos, el martillo o la manta donde Jesús secó su rostro y dejó impregnada su imagen.
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Karla Paola y Aylen Guadalupe González, estudiantes de preparatoria y universidad, participan desde hace cuatro años en el grupo de Las Piadosas de la Procesión de Querétaro.
Motivadas por el ejemplo de su padre, quien forma parte de la Procesión del Silencio, se fueron integrando a esta manifestación de fe y devoción.
“Empecé a participar en la procesión por tres cosas muy importantes [fe, devoción y reflexión], y que yo siento que son también muy especiales. Mi papá lleva varios años participando y ahí fue donde empezó el impulso y el conocimiento de este recorrido que nos acerca a Dios, a tener fe y la devoción de caminar junto a él [Dios] reflexionando sobre la pasión y la muerte de Cristo”, explica Karla Paola, en entrevista con EL UNIVERSAL Querétaro.
La joven comparte que la experiencia de la procesión no es sólo caminata, sino también es vivir la hora santa y el retiro espiritual, que son parte de su preparación previo a la caminata que comienza en el templo de La Cruz, recorre varias calles del Centro Histórico para volver de nuevo a La Cruz.
“Es muy bonito ese sentimiento de saber que estamos ahí por él [Dios], que sientes paz y el amor que se transmite al estar frente a Dios, presente. Esa experiencia de sentir que puedes llegar a tener paz, cuando estás junto a él, es muy bonita. Y yo les invito a las personas que si en verdad sienten que necesitan a Cristo en sus vidas, que necesitan tener paz, que se acerquen, porque ahí van a poder encontrar esa paz con la cercanía a Cristo y la cercanía a una familia, porque todo se vive en un ambiente familiar y eso es muy bonito”, comparte Karla Paola.
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Aylen Guadalupe comenta que las participantes mandan a hacer su vestimenta, según el color que les designan, y al iniciar la actividad también les entregan la insignia que llevarán durante el recorrido. Le ha tocado llevar los pescados, el pan y los clavos.
Al finalizar la procesión regresan al templo de La Cruz y ahí realizan una oración para dar gracias de que se cumplió el recorrido y llegaron con bien.
Calor, viento frío, una extensa caminata y dolor en los brazos por llevar las insignias durante la procesión son parte de los que viven. “Pero al final es muy satisfactorio cuando llegas y has terminado todo el recorrido”, explica la joven universitaria.
La Procesión del Silencio es una de las actividades de Semana Santa que atrae un mayor número de espectadores en el Centro de Querétaro. Algunos asistentes son familiares de los participantes, pero muchos son turistas o queretanos que acuden como parte de las tradiciones de esta temporada.
Como participante, Aylen explica que sí se ve un respecto por parte de las personas que acuden como espectadores. “La Procesión del Silencio es muy importante para la religión católica y es una experiencia hermosa y sí es importante mostrar respeto”, agrega.
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Las Piadosas no sólo participan en la Procesión del Silencio, también acompañan a María en el viacrucis que se realiza en el primer cuadro del templo de la Cruz, por la mañana del mismo Viernes Santo.
En la Semana Santa de 1966 se celebró por primera vez en Querétaro la Procesión del Silencio, por iniciativa del padre Ernesto Espítia. Participaron 35 personas y su andar fue solamente alrededor del atrio y jardín del templo de la Santa Cruz.
La primera procesión se realizó con El Señor de Esquipulas. En el segundo año se integró el Señor del Santo Entierro y la Virgen de los Dolores. Con el paso del tiempo y ante el aumento de los penitentes, se dividieron en hermandades y cada una lleva una imagen relacionada a la celebración de Semana Santa.
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