“Hay que conservar las tradiciones, porque las nuevas generaciones luego las pierden”, dice José Luis en la entrada del templo de La Cruz, a donde, como cientos de fieles, acude este 2 de febrero a bendecir a los Niños Dios en el Día de La Candelaria.

Contrario a otros días, cuando es laboral y no hay tiempo para acudir durante la mañana, esta ocasión es propicia para que toda la familia asista a los diferentes templos del primer cuadro de la capital queretana a bendecir a estas figuras.

En templos, como el de Santo Domingo, los fieles acuden a la misa de mediodía. Llegan hasta el recinto con sus Niños Dios en brazos, en canastas, moisés y otros simplemente en brazos.

FOTO. FERNANDO CAMACHO
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En la entrada del templo dos mujeres regalan velas a los devotos, que se usan en la bendición de los Niños Dios. De hecho la palabra Candelaria proviene del término candela, o luz, como señal de la presencia del Señor.

La mayoría de quienes acuden a los templos son personas mayores, parejas de adultos mayores que suelen acudir para conservar la tradición que las nuevas generaciones, de una u otra manera, relegan o no conservan de forma tan arraigada.

También, aprovechando el día festivo, acuden muchas familias juntas. Son tres generaciones que aprovechan para pasar el día de asueto por el fin de semana largo del 5 de febrero, y que lo aprovechan para ir a los templos a bendecir a los Niños Dios y luego pasear por el centro de la capital queretana.

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El templo de San José, en el andador madero, también está lleno de feligreses, los devotos llegan con sus Niños Dios, escuchan misa y esperan a que el cura bendiga sus imágenes. El pequeño templo luce lleno, insuficiente para la cantidad de personas que acuden a él para la misa de la Candelaria.

Muy cerca de ahí, también en Madero, pero entre Corregidora y Juárez junto al Jardín Zenea, se instalan puestos de comida, muy tradicionales en todas las fiestas religiosas que se celebran en la ciudad. Ahí los feligreses y público en general, después de acudir a misa y bendecir a sus imágenes pueden ir a almorzar, desde buñuelos, guajolotas, tacos dorados, flautas, elotes y, por supuesto, los tradicionales tamales de esta fecha.

Uno de los templos más socorridos y por los devotos en esta fecha es el de La Cruz. Su nave principal y la capilla adjunta están llenas para la misa de mediodía. Adentro, los asistentes escuchan la eucaristía.

FOTO. FERNANDO CAMACHO
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Al terminar la ceremonia, el cura invita a los devotos a pasar a un costado del templo para bendecir a sus imágenes del Niño Dios en la puerta de la Virgen de Guadalupe.

La fila para bendecir a los niños es larga, pero toda la gente avanza con paciencia y tranquilidad esperando su turno para recibir el agua bendita por parte del cura. El sacerdote no bendice a las personas de manera individual, sólo a las imágenes, pues les dice que el agua está muy fría y no quiere que se enfermen de las vías respiratorias.

Es en este templo, donde José Luis acude con su esposa a bendecir a su Niño Dios. Dice que “es importante conservar este tipo de tradiciones, pues las nuevas generaciones las van perdiendo poco a poco”.

Hasta La Cruz llega gente de toda la ciudad de Querétaro, es uno de los recintos preferidos de los feligreses en esta y en cualquier fecha. No son sólo vecinos del barrio de La Cruz, son personas que llegan desde otros puntos de la capital e incluso de El Marqués y Corregidora.

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Sin embargo, hasta el templo llegan personas de todas generaciones, tanto madres de mediana edad con sus hijos e hijas adolescentes, como adultos mayores que llegan solos o incluso algunos más acompañados. Hay incluso algunos adultos mayores que ya no pueden moverse por sí mismos y son llevados por sus familiares más jóvenes.

Algunos van en sillas de ruedas, otros tienen que apoyarse en bastones y son también acompañados por sus familiares. Pero son mayores que no quieren dejar perder la tradición, que quieren cumplir con su Niño Dios y seguir los cánones que dicta la religión católica.

En el atrio de La Cruz, puestos de tamales y de buñuelos esperan a los comensales que salen de la iglesia o que pasan por ahí.

Un turista extranjero se acerca a uno de los fieles que lleva su Niño Dios y le pregunta por qué van con esas figuras y con esas imágenes, a lo que el hombre le dice que es para cumplir con la bendición por el Día de la Candelaria. El extranjero se sorprende con la respuesta, y lo felicita por la tradición, pues le parece muy bonita.

FOTO. FERNANDO CAMACHO
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Poco a poco, los fieles se retiran para dar paso a nuevos devotos que se acercan hasta el templo de la Cruz y a los otros templos del centro de la capital. Todos acuden al mismo llamado, todos van a la bendición de sus Niños Dios, como marca la tradición heredada por los ancestros y que se niega a morir. Aunque la modernidad impone sus nuevas costumbres y sus nuevas tradiciones, hay muchas que todavía siguen manteniéndose, por estar arraigadas en las familias.

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