Los efectos de los antidepresivos en los adolescentes es un campo poco estudiado, a pesar de que desde los 90 del siglo pasado existen estudios al respecto, además de que la depresión adolescente es muy difícil de detectar porque los síntomas chocan con comportamientos o conductas típicas de la edad, como la irritabilidad, explica el doctor Andy Hernández Ábrego, académico del Instituto de Neurobiología del Campus Juriquilla de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien estudia el tema desde las expresiones mínimas en el cerebro, esto es, a nivel molecular.
A raíz de la pandemia de Covid-19 los casos de depresión en adolescentes aumentaron de manera exponencial, cuando antes era muy raro pensar que esta condición se presentara en este grupo de la población. Señala que actualmente, en el Laboratorio de Comunicación Intercelular y Neurotransmisión, se enfocan al estudio de los pequeños cambios a nivel molecular que se derivan por cosas asociadas a los estados de ánimo, como es la depresión.
“En mi laboratorio estudiamos a nivel celular y molecular qué ocurre con los trastornos del estado de ánimo. En ello influyen muchas cosas, como la alimentación, los hábitos, el cuidado del cuerpo haciendo ejercicio”, abunda.
En su caso, señala, se centra en el estudio de la depresión en los adolescentes que se recrudeció tras la emergencia sanitaria provocada por el virus SARS CoV-2, causante de Covid-19.
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“Hay un factor en común que se presenta en los adolescentes que es que a partir de la pandemia hay un aumento exponencial de la depresión en los adolescentes. Antes no se podía pensar que ellos podrían tener depresión. Algo común de todo eso es que el Covid generó un aislamiento entre la población adolescente, cuando es la etapa más fundamental para establecer relaciones, convivir, hacer amigos, entonces ellos se perdieron de esa parte, y eso ocasionó un aumento en el índice de depresión”, subraya.
Explica que en el laboratorio investigan esta situación, tratando de entender qué ocurre en el cerebro de los adolescentes. Estos cambios, aunque sean pequeños, puede que se relacionen con la depresión, o cómo el aislamiento social puede generar variaciones a nivel de los neurotransmisores, de proteínas y a nivel de células.
“Si entendiéramos que a veces los cambios ocurren a nivel pequeño, es donde cuidaríamos más todo esto. Un hábito que tienen muchos adolescentes o muchas personas en la adolescencia es que comienzan a fumar. Es importante, porque se comienza a fumar en la adolescencia y se cree que no pasa nada, pero relacionado con la depresión, se conoce que las personas que empezaron a fumar en la adolescencia tienen un índice más alto de generar depresión en la edad adulta.
Uno fuma, pero esos niveles de nicotina están poco a poco en las células y están cambiando, están desregulando todo lo que está sincronizado en el cerebro de los neurotransmisores”, abunda.
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El especialista precisa que hasta poco tiempo la depresión en adolescentes fue tomada en cuenta. De hecho, existen muchos antidepresivos, de los cuales un buen número se conoce desde la década de los 50 del siglo pasado, que están aprobados para aplicarse en personas adultas, pero en los adolescentes sólo dos están aprobados, aunque no se conoce del todo cómo funcionan en el cerebro de los adolescentes.
De hecho, en adultos se pensaba que era por cambios en unos niveles de los neurotransmisores, que los restablece. Algunos muestran efectos hasta dos o tres semanas después de ingeridos. Muchos de ellos causan efectos secundarios molestos, como calambres, dolores musculares, por lo que estudian estas condiciones.
“Hay algo interesante. Aquellas personas que tienen depresión en la vida adulta son propensos a fumar más, porque sin querer esa nicotina está haciendo algo en el cerebro, que en este caso está tratando de inhibir ciertas proteínas para que se regule el equilibrio, sin querer se están automedicando [con la nicotina].
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Hay esta relación que si fumaste en la adolescencia es muy probable o hay altas tasas de que generes depresión en la vida adulta porque constantemente estuviste desregulado todos estos neurotransmisores que tienen que ver con la depresión y los estados de ánimo”, enfatiza.
Recientemente se ha visto que los receptores que tienen que ver con la asimilación de la nicotina y que se llaman precisamente receptores nicotínicos, en una persona cuando fuma se activan aún más por la nicotina y se pierde el balance. En los adultos estos receptores ya están activados y aumentan aún más, pero llega un momento en que ya no pueden aumentar más y se inhiben y baja ese efecto de liberación de neurotransmisores. Este tipo de receptores nicotínicos están sumamente ligados a procesos de memoria.
Este y otros temas serán abordados en la Semana del Cerebro 2026, que se realizará del 17 al 21 de marzo, fechas en las que se lleva a cabo a nivel mundial, a la cual se suma el Instituto de Neurobiología.
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