Desde 1977, el estudio fotográfico de la familia Ayala preserva los recuerdos de los queretanos que buscan inmortalizar un momento de su vida, o sencillamente requieren de fotografías para la escuela o algún documento oficial, para lo cual se han adaptado a las nuevas tecnologías y a la creciente competencia de estudios fotográficos y los kioskos de imágenes digitales.
Ana María García, junto con su esposo Genaro Ayala. Ana María recuerda que en la calle de Allende, cuando comenzaron su negocio no había tantos locales comerciales como en la actualidad, solo estaban ellos con su estudio y una menudería.
“Esta calle estaba sola, no había negocios, puras casas. Las calles más comerciales eran Corregidora y Juárez, y para acá [en Allende] estaba solo. Decíamos que no gente habría porque estaba solo. Nada más vendían menudo y no había negocios, puras casas”, rememora.
Apunta que el negocio lo iniciaron en el número 47 de Allende, frente a donde se ubican actualmente, y en donde narra había un local donde reparaban refrigeradores y que les platicaron tenía 50 años.
Sin embargo, no pasó más de un año de la mudanza cuando su marido falleció y ella se hizo cargo del negocio familiar, y posteriormente sus hijas, Liliana y Viviana Alejandra aprendieron el oficio.
El paso de los años trajo nuevas tecnologías y la antigua cámara fue sustituida con una nueva cámara digital, así como el cuarto oscuro que fue desmontado, por ya no usarse rollos que necesitaban ser revelados.
Ana María muestra su estudio, donde aún permanecen algunos de los escenarios que se usaban para tomar fotografías de estudio, que permanecen como testigos de muchos momentos significativos para los clientes, como fotos familiares, bodas, XV años, además de usarse cortinas que se usaban de fondo. Ahora ya se usa fotografía en exterior, pero todavía hay personas que piden una foto del estudio.
El interior es cálido, unas lámparas y un banco no pueden faltar, además de ropa, como camisas, corbatas, sacos, para que los clientes se pusieran para salir presentables. Un tocador también ocupa su lugar, para que los clientes “se den una manita de gato”.
Las viejas lámparas fotográficas, que se usaban para tomar fotos en lugar de flashes, ya viven jubiladas. Los chasises para los diferentes tamaños de las imágenes han cedido su paso a tecnologías modernas, que imprimen las fotografías a un tamaño específico. Ampliadoras de fotografías también ya descansan de los tiempos pasados.
Liliana Ayala, hija de Ana María García, dice que desde que tenía 20 años cuando comenzó hacer fotografías de identificación y poco a poco le interesó retocar fotografías, por lo que empezó a tomar cursos para aprender fotografía de eventos, así como retocar fotos de estudio.
“Esto de la fotografía no tiene fin, siempre hay cosas nuevas que aprender, y así hay que estar actualizándose. Hasta la fecha si hay un curso que me interesa, voy. Es lo que nos ha gustado y hay que seguirle”, asevera.
En el estudio de las Ayala se pueden ver las imágenes de queretanos que se casaron, se graduaron, o de sus bebés.
Además ofrecen el servicio de retocar imágenes antiguas, para que preservadas pueden conservarse muchos años más.
Liliana comenta que actualmente hay mucha competencia, pues muchas personas han interesado en aprender fotografía. En ese aspecto, continua, les puede afectar la competencia de más estudios o de los kioskos que hay en ciertos locales comerciales, aunque su estudio tiene una clientela de muchos años, además de ofrecer mayor calidad en las instantáneas que hacen.
“Nosotros retocamos a las personas y a veces los clientes nos dicen que van a ‘maquinitas’ y que salieron las fotos feas, el papel no sirve, y aquí, gracias a Dios, es de clientes que tienen años con nosotros y siguen aquí, además de que poco a poco nos van recomendando”, asevera.
Mientras platica, una mujer con su hija adolescente entran al estudio y piden unas fotografías tamaño infantil para la menor.
La joven entra a una habitación que funciona como vestidor y, minutos después, la menor sale usando una camisola y un suéter de los que se usan para uniformes en las secundarias.
Esto en esta época del año, narra Liliana, es normal. “En temporadas, cuando son inscripciones tenemos trabajo, porque saben la calidad que les entregamos”, apunta.
Recuerda que de niña casi no tomaba las cámaras fotográficas, pero su padre, Genaro Ayala, era quien le decía que tomara sus herramientas de trabajo, pero fue hasta los 14 años de edad cuando le entró “la cosquilla”, pues veía a sus padres retocar imágenes y le llamaba la atención.
“Pasando el tiempo empecé a retocar y me decían cómo era. Se me hacía complicado porque tenía su chiste hacer todo eso, pero después empecé a agarrar los negativos y empecé a meterme.
Dice que actualmente sólo usan cámaras digitales, y usan photoshop para retocar las imágenes, pues los rollos tradicionales y el retoque a mano quedaron en el pasado.
Agrega que para ellos como profesionales de la fotografía deben actualizarse y estar al día, pues lentes y cámaras son caras, además de que aprender es costoso, pues los cursos son también caros, y si quieren seguir en el negocio deben de actualizarse.
Comenta que uno de sus hijos se muestra interesado en el continuar con la tradición familiar de la fotografía, aunque dependerá de él si quiere convertirse en la tercera generación de fotógrafos en la familia.
Por su parte, Viviana dice que se especializa en retratos de bebés, para lo cual requiere de paciencia, pero hace cualquier tipo de trabajo, como fotografías de identificación, tamaño infantil, título, entre otros formatos.
Agrega que hizo fotografías aún en el laboratorio tradicional, con líquidos y películas. Vio la transición a la tecnología digital, que es más sencillo. “Antes era de revelar con químicos y ahora sólo es con la computadora, mandar imprimir y listo”.
Una joven entra al estudio, pide unas fotografías urgentes. Liliana le dice que puede arreglarse si así lo quiere, tras lo cual pasa al banco, frente a una cámara digital. Dos disparos del aparato y todo está listo. La señorita sale a la sala de espera mientras Liliana sube a retocar e imprimir las fotos, ahora más sencillo, pero no por eso menos artístico..