Un vestido color carne, silueteado, con encaje, listón a la cintura, flores sobre el pecho y la espalda, es el modelo favorito de Yu. Esa prenda lucirá en La Cabalgata 2016, desfile decembrino dedicado al festejo del centenario de la Constitución.

Queretanos, turistas de México y el extranjero, hombres, mujeres, niños, todos verán ese vestido. Su prenda favorita. “¡No me diga eso, porque chillo!”, dice Yu y sus ojos verdes se vuelven agua. Se echa aire con la mano para detener las lágrimas.

Yu es interna del Centro de Readaptación Social (Cereso) femenil de Querétaro y, junto a otras mujeres, trabaja en el proyecto Vistiendo a la Moda de la Constitución, que impulsa el Patronato de las Fiestas del estado.

Desde hace más de tres semanas trabajan en el proyecto y el próximo 20 de noviembre deben entregar los 100 vestidos prometidos.

“¿No es poco tiempo?”, se les pregunta a las mujeres. “¡Somos capaces de hacer eso y más!”, contesta An, sentada frente a la máquina de coser donde elabora su quinto vestido.

Ninguna sabía de alta costura, pero con la enseñanza de Lucero Ramos, diseñadora de modas, terminaron enamoradas. Ahora quieren aprender a hacer vestidos para novias, XV años, primeras comuniones y de noche.

“Sí me gustaría aprender más, no quito el dedo del renglón de que saliendo puedo yo hacer vestidos, ropa con mi imaginación y mi creación”, dice emocionada An.

Un maniquí con el último vestido

De la ciudad de Querétaro al Cereso femenil son 20 minutos en automóvil, sin tráfico. El centro se encuentra frente al varonil, ahí en San José El Alto. Los divide esa antigua carretera que va rumbo a Chichimequillas.

Aunque el acceso al femenil es más discreto, casi ni se nota. La entrada está en una callecita larga. De un lado hay pared y del otro lado de la callecita una fila de árboles que dejan ver a lo lejos el campo abierto.

Al llegar a la puerta está el primer filtro de vigilancia. Hay que registrarse y dejar todas las pertenencias. Cero aparatos de comunicación, cero aparatos electrónicos. Los artículos permitidos para esta visita especial: grabadora, cámara, aunque también se quedan en esa puerta. Cuando confirmen la autorización se enviarán al interior.

Libreta y bolígrafos pueden entrar desde el principio, parecen inofensivos. Pasando la primera puerta, la callecita sigue de largo, al fondo está una torre de vigilancia y en una de las ventanillas un rostro vigila.

La calle continúa a la izquierda, hay una rampa en forma de curva para llegar al acceso principal. Al lado de la ramp,,a unos metros de pasto con palmeras agitadas por cualquier viento.

Adentro hay que registrarse nuevamente, cambiar una identificación oficial por un gafete de visita especial. Mientras confirman el acceso, se pueden apreciar los trofeos ganados en competencias de voleibol, basquetbol, teatro y poesía.

Autorizado el acceso hay que cruzar otra puerta, luego entrar a un cuartito donde se hace una inspección de ropa. Un bolígrafo en el bolsillo parece un objeto extrañísimo. Después de comprobar la inocencia del objeto se abre la puerta. Ahora viene una puerta giratoria y bajar escaleras. La escena de puertas que se abren y cierran, todas vigiladas por custodios mujeres, se repetirán varias veces hasta llegar a los salones de costura. Ahí esperan al equipo de EL UNIVERSAL Querétaro.

“¡Buenas días!” Las que alcanzan a escuchar el saludo contestan “¡Buenos días!”. El resto está concentrada con las manos sobre la tela y máquina de coser. Hay un maniquí cubierto con el último vestido que han creado. La prenda está llena de pliegues. Su elaboración, comenta Yu, fue muy complicada: “Me costó mucho trabajo, me llevó un día entero, es un vestido muy complejo”.

Es la primera vez que trabajan en un proyecto de alta costura. La maquila que elaboran comúnmente es de peluches; por años se han dedicado a confeccionarlos, todos iguales, con los mismos colores y formas.

Por eso les entusiasma tanto los vestuarios para La Cabalgata. “Jamás nos imaginamos hacer este tipo de cosas”, dice Yu, sosteniendo su vestido favorito con esa mano tatuada por un sol y la luna. Un eclipse que le recuerda su adolescencia.

Mientras unas chicas atienden la producción de peluches, otras se dedican a los vestidos.

Yu es la encargada de coordinar al equipo de mujeres que trabajan en el proyecto de La Cabalgata. “En realidad somos un equipo y todas nos ayudamos”, aclara. Son cinco mujeres enfocadas en los vestidos y cuatro encargadas de los tocados.

Después de que aprendieron a cortar y coser, comenzaron a darle algo más a cada prenda, sus propios gustos. “Cuando terminamos un vestido le enseñamos a la señora Lucero y ella dice: ¿Qué te gustaría que le pusiéramos? ¡Un cinturón, una banda como un moño atrás! Eso es muy importante porque nos dan la oportunidad de meter un poco de creatividad por parte de nosotras”, indica.

Algunas de las telas que utilizan son caras, muy caras, desde 500 hasta mil pesos el metro, por eso no pueden desperdiciar nada, con los restos hacen los tocados, gorros y sombreros; los resultados de los accesorios son igual de impresionantes que los vestidos.

“La verdad somos muy aplicadas, la responsabilidad que nos dejan y la confianza que nos dan las autoridades con este tipo de proyectos es algo que tenemos que corresponder. No puedes quedar mal y, la verdad, tanto las autoridades como la señora Lucero, que es la modista, y también viene del exterior, se va con otra idea respecto a nosotras como internas, se va fascinada a lo que estamos haciendo”, apunta.

An tenía miedo de participar en el proyecto porque no sabía nada de coser ropa, ahora está sorprendida ella misma. Para su quinto vestido ha elegido un color lila. “Los colores claros nos quedan mejor a las morenas”, dice.

Su vestido favorito es uno de color azul rey, con detalles en negro. Es su favorito porque era un modelo difícil de elaborar y lo hizo.

“Siento mucha alegría, emoción, de hecho ya hasta le dije a mi familia lo que estoy haciendo. Hace poco también vino un amigo a visitarme y le dije: ¡Estoy haciendo un vestido! Y me dijo: ¿Tú haciendo vestidos? No, no es cierto. Dijo eso porque sabe que cuando estaba allá afuera no sabía hacer eso. Y yo le dije: ¡Sí, sí lo hice y voy a seguir haciendo más vestidos!”, expresa.

“Por ese artículo fuiste sancionada”

Entre 1916 y 1917 Querétaro se volvió el centro del país. Los Constituyentes convocados por Venustiano Carranza para la creación de la nueva Carta Magna, se instalaron en esta ciudad.

En la mayoría de las fotografías, que resguardan aquel hecho histórico, aparecen ellos, los hombres que hicieron la nueva Constitución. Las mujeres aparecen en algunos eventos sociales, bodas, banquetes o en la Escuela de Artes y Oficios.

A punto de celebrar 100 años de la firma de la Carta Magna, ese documento que marcó los derechos y obligaciones de todos los mexicanos, las mujeres están muy presentes en todos los sectores, incluyendo los políticos. Y ellas, las internas del Cereso, también son parte de este festejo.

“Hace 100 años se promulgó la Constitución, se pusieron reglas que nosotros como ciudadanos tuvimos que respetar, tenemos que respetar más bien, y que por circunstancias “X” de la vida cometimos errores”, comenta.

“Pero al estar en este lugar y con este tipo de proyectos, es importante reconocer nosotras, como internas, que se está celebrando algo que dice: por dicho artículo fuiste sancionada, por algo que infringiste. Pero ahora estás aportando algo para esa misma Constitución”, añade Yu.

La fascinación por el proyecto está creciendo, porque ahora la diseñadora de modas Lucero Ramos les enseñará a hacer vestidos para novias, para XV años, primeras comuniones y vestidos de noche.

“Es muy importante porque aparte de que te capacitas y aprendes, el día de mañana sales libre y tienes muchas oportunidades o hasta propuestas de trabajo. A veces la sociedad nos juzga y queremos se den cuenta en la sociedad que personas como nosotros, que nos encontramos internas, cuando se nos brinda el apoyo, realmente podemos hacer cosas maravillosas”, agrega Yu con emoción.

El tiempo de visita ha terminado. Hay que salir para que sigan trabajando en sus vestidos. En otro salón de costura también se están haciendo los chalecos para los trajes de los hombres que participarán en La Cabalgata, ahí trabajan otro grupo de mujeres.

El camino para salir es el mismo, pero ahora es más rápido. En cuestión de minutos se llega al acceso principal. Las palmeras se vuelven a agitar con el viento. El sonido de las máquinas de coser en marcha, el abrir y cerrar de puertas se ha quedado atrás.

Su historia no, su historia apenas comienza. Sus vestidos lo verán más de mil personas el 25 de noviembre en el Teatro Metropolitano, en la presentación de El Heraldo de Navidad, y miles más en La Cabalgata 2016, el 23 de diciembre. Ese será su debut como expertas de alta costura.

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