Víctor López Jaramillo

Trump, un tirano shakespeariano

Parece que hay poca relación entre Shakespeare y la política porque lo hemos reducido a la escena literaria. Sin embargo, como nos lo hace ver el autor Stephen Greenblatt, en su obra El tirano: Shakespeare y la política, sus tragedias son un profundo análisis político de la época isabelina y que sigue vigente.

Tuvo que recurrir a figuras históricas o reyes anteriores para hacer un análisis de una nueva era que se estaba gestando, para eludir los castigos. Pero en el fondo, nos dice Stephen Greenblatt, entre las obras de Shakespeare siempre hay una pregunta: ¿cómo se podía evitar la caída hacia un gobierno sin leyes arbitrario antes de que fuera demasiado tarde?, ¿cómo evitar caer en la tiranía?

Y esto lo traigo a colación ante la tiranía de Donald Trump en la que estamos viviendo actualmente.

El ejemplo fundamental donde se basa Shakespeare para estructurar toda su obra políticamente es la trilogía del rey Enrique VI. Nos dice el autor que es ahí donde se pueden encontrar “las maneras que tiene una sociedad de madurar para acoger a un déspota”. Y el punto de partida “es la debilidad existente en el corazón mismo del reino”. Esto, trasladado a la época actual, lo podemos ver con Donald Trump.

Pero lo advierte el propio Shakespeare, quien dice que “la discordia civil es una víbora que muerde las entrañas de la sociedad”. Esta frase nos puede ayudar a entender cómo surgen figuras como Donald Trump en lo que siempre hemos considerado democracias consolidadas, con instituciones fuertes.

Lo de Donald Trump pareciera una anomalía, un dictador de una república de América Latina. Es el ejemplo más claro de este nuevo tirano, entendido en ese sentido griego de quien asume todas las facultades de poder en tiempos de crisis, de una crisis que él mismo ha provocado.

Lo que tenemos es una sociedad que se ha polarizado. No es que Donald Trump la haya polarizado; él la encontró ya polarizada. Una sociedad donde muchos norteamericanos dejaron de tener esperanza en el sueño americano. Muchos empleos se mudaron. Los propios empresarios norteamericanos, en su afán de ganancia, trasladaron industrias a otras regiones para reducir costos y dejaron a muchos obreros del llamado cinturón del óxido, que antes era el motor industrial de Estados Unidos, en el desamparo.

Así se fueron acumulando décadas de resentimiento. Hoy esa víbora de discordia social que describía Shakespeare encontró eco en Donald Trump.

Por otra parte, el propio Shakespeare consideraba que la palabra político era sinónimo de hipócrita. Hay que releer a Shakespeare y revisar sus tragedias para tratar de entender la tragedia que estamos viviendo, y sobre todo el conflicto que se está generando en Medio Oriente, que empezó como tragicomedia y puede terminar como una gran tragedia.

Donald Trump es un personaje que, probablemente, ni Shakespeare imaginó en sus obras más delirantes.

Periodista y sociólogo. @viloja

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