Víctor López Jaramillo

¿Qué está haciendo Claudia con el poder?

Este martes, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo presenta su Segundo Informe de Gobierno y entra prácticamente al tercer año de su mandato. A estas alturas, la pregunta ya no debería reducirse a cuánto se ha alejado de López Obrador o si todavía recibe instrucciones desde Palenque. Hay una cuestión más relevante para medir su gobierno: ¿qué está haciendo Claudia Sheinbaum con el poder político que heredó y qué problemas, después de casi dos años, han dejado de ser herencia para convertirse en responsabilidad propia?

Durante el inicio de su administración casi todo podía explicarse por la inercia del sexenio anterior. Su popularidad, la mayoría legislativa, las reformas, la estructura de Morena e incluso varios de los conflictos que recibió eran asociados directamente con AMLO. Hoy esa explicación comienza a agotarse. Sheinbaum ya tiene resultados que puede reclamar como propios, pero también problemas de los que cada vez resulta más difícil deslindarse.

A casi dos años de gobierno, el segundo piso de la llamada Cuarta Transformación empieza a tener una propietaria llamada Claudia Sheinbaum.

Hay varios puntos donde puede observarse esta transición de la herencia a la responsabilidad. El primero es la seguridad, uno de los ámbitos que hasta ahora ha dado más resultados positivos que negativos. La reducción de los homicidios dolosos, una mayor cooperación con Estados Unidos y el reconocimiento que ha recibido la estrategia encabezada por Omar García Harfuch representan activos para la Presidenta.

Sin embargo, Sinaloa sigue siendo un hoyo negro. En casi dos años la situación no ha mejorado y cada vez resulta menos sostenible argumentar que se trata únicamente de una herencia de López Obrador. Sheinbaum ha optado por administrar el conflicto sin tomar una decisión tajante, una indefinición que permitió incluso el regreso relámpago de Rubén Rocha Moya a la gubernatura y su posterior segunda solicitud de licencia, en uno de los episodios más penosos de la política mexicana reciente.

En cuanto a la relación con Estados Unidos y, en particular, con Trump, es evidente que su relación es distinta a la que tenía AMLO; es una política evidentemente propia que ha sabido marcar un rumbo y que ha sido reconocido por actores internacionales.

En el ámbito económico ha sabido mantener la estabilidad, pero con un crecimiento aún insuficiente. Aunque se habla del superpeso, también esto empieza a pasar factura a exportadores.

Y la gran prueba vendrá el año que entra, 2027. Por eso todo lo que decida Morena en estos días sobre las candidaturas va a ser fundamental para que no se rompan los frágiles equilibrios al interior del partido que alguna vez fue movimiento.

Por eso, más allá de estas discusiones banales de la comentocracia, sobre si le dictan línea desde Palenque, más bien tenemos que preguntarnos: ¿Qué está haciendo con el poder que significa la silla presidencial? ¿Qué piso está construyendo rumbo a los próximos cuatro años que le quedan?

Periodista y sociólogo. @viloja

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