Nunca imaginé que, como periodista, me pudieran llamar terrorista. Conocía el dicho de que la pluma es más poderosa que la espada, lo cual siempre me pareció una hipérbole. Hoy, después de lo ocurrido a finales del año pasado en Veracruz, esa exageración dejó de ser retórica y se volvió expediente judicial.
El caso del periodista Rafael León Segovia, marcó un punto de quiebre. Fue detenido por la cobertura de un accidente vial y terminó acusado de terrorismo. Esto escaló a nivel nacional e incluso la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció públicamente que esa figura penal nunca se había usado en México. El cargo fue desestimado, pero el mensaje ya estaba enviado. El periodista continúa detenido por otros presuntos delitos, derivados de su labor informativa.
El periodismo puede convertirse en riesgo penal. La violencia contra la prensa no se ha detenido con los cambios de gobierno. En el ámbito hiperlocal, donde se cruzan el poder político, los poderes fácticos y la corrupción cotidiana, el oficio se ejerce en condiciones cada vez más frágiles. José Carlos González Herrera fue asesinado en Acapulco en mayo de 2025; antes, en marzo, Cristian Zavala fue asesinado tras cubrir, en redes sociales, problemáticas locales.
El periodismo hiperlocal se ha convertido en una de las expresiones más vulnerables del oficio. Y cuando nadie cubre lo inmediato, de lo que ocurre en el barrio, en el municipio, la realidad cotidiana queda fuera del debate público.
La amenaza, además, ya no se limita a la violencia física. A ella se suma el expediente judicial como mecanismo de censura. Demandas, medidas cautelares, litigios electorales, resoluciones que obligan a medios a ofrecer disculpas públicas por reproducir información de interés público. Los medios terminan castigados por cumplir su función: informar. Casos recientes en Querétaro muestran cómo los tribunales se han convertido en una extensión del conflicto político y cómo el desgaste legal opera como forma de intimidación.
Pero este modelo no nació en México, nos llegó importado de nuestro poderoso vecino del norte. El documental Nobody Speak lo expone: el uso del sistema legal y del poder económico para castigar al periodismo. El financiamiento de la demanda de Hulk Hogan contra Gawker terminó por llevar a la quiebra a un medio incómodo.
A la par, Donald Trump ha amenazado, muy a su estilo, con retirar concesiones a cadenas como CBS y otras que lo han criticado, molesto por programas satíricos que lo cuestionan y ridiculizan.
Estamos frente a una nueva era de censura que opera conjuntamente desde la ley, el dinero y la amenaza. El periodismo enfrenta múltiples retos: el tecnológico, que exige adaptación; el político, que exige resistencia; y el ético, que exige compromiso. Ese desafío no es exclusivo de México. Es global.
Periodista y sociólogo. @viloja

