En plena final de la Copa del Mundo, la Albiceleste eligió una táctica distinta para enfrentar a la Roja. Cedió la iniciativa, esperó atrás y apostó a resistir hasta encontrar un contragolpe letal. No funcionó. España se llevó el campeonato.
En la política queretana ocurre algo parecido. Los blanquiazules ceden la iniciativa política y mediática a los guindas. Cuando la táctica contradice la estrategia, se corre el riesgo de terminar por jugar el partido que más le conviene al adversario.
La elección del candidato del PAN parece fluir por ríos subterráneos. Después de un inicio atronador, han bajado los decibeles: todos los movimientos se han vuelto sigilosos y los analistas políticos descubren en cualquier fotografía una señal ominosa de que alguno de los retratados es el elegido por el blanquiazul.
Mientras tanto, suspirantes guindas recorren municipios, aparecen en actos públicos y posicionan tanto su imagen como la marca de su partido. Del lado azul, los espectaculares permanecen, pero pierden espectacularidad. Sólo se escuchan las tronantes declaraciones de la dirigencia local contra el proceso interno de Morena, con las cuales reconoce implícitamente que los guindas llevan la iniciativa. Los panistas parecen observar desde su propia cancha cómo el adversario ocupa el espacio público.
¿Este silencio del PAN responde a una decisión calculada o el partido todavía no define cómo administrar la sucesión de 2027? ¿Se trata de una pausa, y no precisamente de hidratación, para evitar el desgaste prematuro de sus aspirantes? De ser así, la táctica tendría un costo evidente: la fuerza política gobernante cedería el control de la conversación pública.
Acción Nacional ofrece pocas imágenes. Luis Nava ha aparecido más asociado al Mundial y a la fiesta futbolera, con su jersey de Argentina en el Zona Fest, que a una definición política. Agustín Dorantes perdió impulso después de aquella desafortunada expresión en la que habló de ser “sirvienta de la ciudad”. Chepe Guerrero tampoco ha conseguido crecer, pese a sus intentos por endurecer el discurso de seguridad. Y Felifer, en tanto, lidia con el trajín diario del municipio. Pero todos se mueven con cautela, como si cualquier paso en falso pudiera sacarlos del juego antes de tiempo.
La prudencia puede ser una virtud en política, pero también puede convertirse en inmovilidad. El PAN parece apostar a que su estructura, sus gobiernos y la marca construida durante años serán suficientes para conservar la ventaja. El PAN apuesta por la defensiva, como Argentina. Ninguna elección se gana sólo con memoria: hace falta presencia, narrativa y capacidad para imponer los temas de la conversación.
En política, como en el futbol, quien entrega la pelota termina por correr detrás del rival. Morena ya decidió ocupar el campo. El PAN todavía parece discutir quién debe salir del vestidor con la cinta de capitán.
Periodista y sociólogo. @viloja