Uno de los principales problemas en los movimientos políticos que asumen el poder y buscan consolidarse como hegemónicos es el mecanismo de sucesión del poder.
Nuestra historia tiene varios ejemplos: una vez derrotados los conservadores en el siglo XIX, ante la inminente ruptura entre los liberales, Juárez optó por la reelección antes de dejar que Porfirio Díaz derrotara a Lerdo de Tejada en 1871; ya en el siglo XX los revolucionarios triunfantes se enfrascaron en una serie de asesinatos y purgas políticas por no tener reglas políticas claras de cómo heredar el poder y donde cada general se sentía con méritos de sentarse en la silla presidencial. Finalmente una bala alcanzó al presidente electo Álvaro Obregón y la familia revolucionaria se vio obligada a crear un mecanismo e inventar al PRI.
Sin embargo el propio tricolor no quedó exento de problemas en la sucesión como en 1940, cuando las políticas de Lázaro Cárdenas generaron radicalismos en la derecha y un grupo decidió escindirse o en 1952, año en que el general Henríquez decidió romper la institucionalidad. Ni qué decir de la historia muy conocida de 1988, año en que Cuauhtémoc Cárdenas sale del PRI.
Con esos antecedentes en el horizonte, el presidente Andrés Manuel López Obrador busca evitar que la carrera presidencial que el mismo adelantó se salga de control y que tenga la indeseada consecuencia de provocar una fractura en su movimiento político-electoral.
Los principales puntos del pacto de las corcholatas de este domingo es que el candidato será electo por encuesta y que a los 4 fantásticos se les agregan los representantes del PT y PVEM, sus aliados; se concede el piso parejo pues todos deben renunciar todos a su cargo a más tardar este 16 de junio; las preprecampañas empezarán este 19 de junio y terminarán el 27 de agosto; la encuesta se hará entre el 28 de agosto y 3 de septiembre para así tener candidato destapado el 6 de septiembre.
También se prohíbe derroche en publicidad (cof, cof, a ver si ya borran tanta barda y espectacular en Querétaro) ni usar presupuesto público; tampoco habrá debates ni pleitos entre los aspirantes y, lo más raro, no contactar a medios adversarios aunque no han dicho quiénes son, esperemos no estar en la lista.
Parece poca cosa, sin embargo para un partido de izquierda mexicana donde la costumbre es el tribalismo político, un pacto de tal magnitud con propuestas de todos los suspirantes marca el rumbo que Morena quiere imponer rumbo al proceso electoral del 2024 mientras la oposición está desmoronada.
Sin embargo, quedan dudas sobre este pacto de si en realidad es un paso hacia la institucionalización de Morena o es tan sólo un juego mas del caudillo para manejar su sucesión. El 6 de septiembre lo sabremos.
Periodista y sociólogo. @viloja
























