Chuck Norris murió el 19 de marzo a los 86 años. Fue tanto su impacto como figura cinematográfica de acción que se han hasta mitificado “hazañas” como si fuera un semidiós griego. Sin embargo, siempre se ha olvidado comentar otra de sus gestas: ayudar a derribar al socialismo.
Es un poco exagerado, como todas las demás afirmaciones que se hacen en memes, pero de esto hay al menos un documental (“Chuck Norris contra el comunismo”) donde se narra cómo en la Rumanía de Nicolae Ceaușescu, donde prácticamente toda la cultura occidental estaba prohibida por ser capitalista, pero olvidaron que la cultura siempre permea, circula de cualquier manera.
En ese régimen, de manera clandestina, circulaban cintas VHS, con calidad pirata, de películas de acción cuyos protagonistas eran Chuck Norris, junto con otros héroes de acción: Sylvester Stallone, Van Damme, Schwarzenegger. Ojo: todos doblados por una sola voz, la de la actriz Irina Nistor. Una forma muy distinta de ver el doblaje como lo conocemos. Todo un circuito subterráneo, una cultura que desafiaba al bloque socialista con el discurso estadounidense de la “libertad”.
Desde años antes, en la Unión Soviética circulaban de manera clandestina discos de los Beatles, entre otros artistas, grabados en copias sobre radiografías recicladas. Las pocas que sobreviven tienen hoy un gran valor.
Al final de cuentas, la cultura circulaba: el rock, el cine norteamericano. Eso es parte de la hegemonía que tuvo Estados Unidos durante el siglo XX e inicios del XXI, y que actualmente está perdiendo.
A finales del siglo XX, previo a la caída del bloque soviético, la Unión Soviética, a través de la glásnost, permitió la existencia de los primeros grupos de rock, entre ellos Gorky Park, y la realización del primer festival de rock: el Moscow Music Peace Festival, en 1989 en la Plaza Roja, donde las principales bandas de heavy metal tocaron. Después llegaría la comida chatarra de Estados Unidos: McDonald’s, Domino’s, Coca-Cola. La hegemonía cultural norteamericana terminaría por dar el golpe final al socialismo.
Es algo que poco se analiza: que Estados Unidos tuvo su hegemonía cultural y que parte de su decadencia es precisamente que ya no existe un bloque hegemónico cultural. Actualmente el K-pop domina las listas de popularidad, vimos a Bad Bunny en el Super Bowl, que molestó a muchos norteamericanos, otros ritmos y otros cines se imponen, series coreanas, series latinas, españolas. El mundo hegemónico norteamericano cultural ya no existe como era. En cultura también hay un mundo multipolar.
Hay algo irónico en la despedida. Chuck Norris muere justo cuando la hegemonía cultural que encarnó se fragmenta en mil direcciones. Fue, sin proponérselo, un agente del poder blando norteamericano más eficaz que cualquier diplomático. Hoy ese poder blando ya no tiene un solo dueño.
Periodista y sociólogo. @viloja























