Vivimos en una época en la cual es difícil pensar nuestra cotidianidad sin tecnología. En su mayoría hemos sustituido el despertador tradicional por el celular y nos acompaña en todo momento a lo largo de nuestro día; con él trabajamos, realizamos tareas, compras, conversamos, organizamos reuniones y videollamadas desde lo laboral hasta lo recreativo. Los dispositivos tecnológicos nos acercan y facilitan nuestras actividades cotidianas, al punto en el que se ha visto disminuida la actividad física.
El uso del término “contractura digital” hace referencia a un conjunto de síntomas musculoesqueléticos relacionados con el uso constante de cualquier dispositivo digital. Las afectaciones no se derivan únicamente del uso prolongado, sino de la forma en la que se hace uso de los mismos, es decir la postura que adopta el cuerpo, sobre todo al tener la característica de portabilidad. Pues dichos aparatos son cada vez más pequeños, lo cual fomenta una flexión forzada del cuello y tronco, acompañada de movimientos repetitivos con los dedos para escribir en la pantalla, permaneciendo el cuerpo en una postura estática.
Los hábitos al hacer uso de la tecnología son de gran importancia, pues las posturas estáticas y los movimientos repetitivos generan en primera instancia, malestar que al descansar mejora; pero si no se realizan cambios relacionados en la postura y se hacen pausas acompañadas de movimiento, el problema evoluciona a tal nivel que ya no es únicamente muscular, sino que puede generar cambios en la estructura corporal.
Es de relevancia destacar que la tecnología no es el problema, ni el equipo o los aparatos, sino la forma en la que los usamos. El desafío está en prevenir, evitando el sedentarismo, fomentando el movimiento corporal, inclusive por periodos de tiempo breves pero constantes a lo largo del día. Realizar pausas activas en tu lugar de trabajo, el levantarte, estirar, caminar, cambiar de postura y por supuesto, el adaptar el lugar de trabajo de tal manera que los segmentos corporales se mantengan alineados sin generar tensión. Es importante destacar que el dolor no es normal, ni forma parte del trabajo.
El cuerpo está diseñado para alternar posiciones, por lo que no existe una postura perfecta para mantener durante el día, pero si existe una postura ideal: es aquella que no genera tensión en el sistema musculoesquelético. La prevención no solo depende en la corrección postural, sí es necesario realizar modificaciones para incorporarse en el trabajo, escuela e incluso en el hogar. Esto es posible sin generar mayor inversión, únicamente ajustando los hábitos; como adaptar la altura de la pantalla a un nivel que evite la flexión de la zona cervical, evitar sostener el celular con una sola mano y alternar el movimiento con los dedos de ambas manos. También, es necesario buscar la sedestación en una silla con respaldo y apoyo para los brazos, así como generar conciencia del tiempo y la forma en la que hacemos uso de nuestros dispositivos. La tecnología llegó para quedarse y el escuchar las señales de nuestro cuerpo es vital para mantenernos saludables, siendo así el mayor reto el aprender a desconectarnos de la inmovilidad.