Rubén Galicia

Plan Nacional de IA y prueba PISA

Hay dos noticias que, muy convenientemente, ocuparon espacio en la agenda pública de esta semana. Por un lado, el Plan Nacional de Inteligencia Artificial del Gobierno de México, que pretende construir capacidades para que el Estado regule, desarrolle herramientas y ponga la tecnología al servicio del interés público. Y, por otro, los recién publicados resultados de la prueba PISA.

Y es conveniente la coincidencia de estos dos temas porque nos permite hacernos una pregunta mucho más importante que si debemos prohibir o permitir la inteligencia artificial en las aulas: ¿Cómo debemos aprovechar la IA para aumentar nuestras capacidades y potenciar aquello que nos hace humanos, en lugar de utilizarla para sustituir precisamente las capacidades que necesitamos fortalecer?

Hablamos de regulación cuando la tecnología ya está desplegada, de productividad cuando las empresas ya la están utilizando y de educación cuando los estudiantes ya la usan de forma cotidiana sus tareas.

Los resultados de PISA ofrecen una señal que no deberíamos ignorar, hay un retroceso generalizado a nivel mundial en todos los rubros. México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, nuevamente por debajo del promedio de la OCDE.

Esos son los resultados de una generación de estudiantes está aprendiendo en medio de la mayor transformación tecnológica de las últimas décadas y es donde ambos temas deberían encontrarse.

El Plan Nacional de IA es un paso necesario, pero aún insuficiente. Regular responsablemente, desarrollar herramientas propias y generar soluciones replicables para estados y municipios son objetivos razonables. Pero una estrategia nacional de inteligencia artificial debería preguntarse también cómo vamos a formar al talento que necesitará el país, cómo vamos a impulsar investigación científica, cómo construiremos capacidades de innovación y qué papel tendrá la IA en sectores estratégicos como salud, energía, agua y seguridad nacional. Y particularmente en educación.

El verdadero debate no debería ser si nuestros jóvenes utilizarán inteligencia artificial. Lo harán.

Necesitamos jóvenes capaces de cuestionar una respuesta generada por una máquina, verificar una fuente, formular mejores preguntas, interpretar datos, construir argumentos y reconocer cuándo un algoritmo se equivoca. Necesitamos profesores que sepan utilizar estas herramientas para personalizar el aprendizaje y no simplemente para automatizar tareas. Y necesitamos un Estado que entienda que la alfabetización en IA no consiste en aprender a utilizar un chatbot, sino en comprender sus posibilidades, sus límites y sus consecuencias.

El momento parece idóneo. El Plan Nacional de IA y los resultados de PISA son el punto de encuentro para comenzar una conversación que México no puede seguir postergando: cómo utilizar la inteligencia artificial para elevar las capacidades de nuestra sociedad.

No necesitamos una generación que sepa pedirle respuestas a una máquina. Necesitamos una generación que sepa hacerle mejores preguntas.

Rubén Galicia

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