Rubén Galicia

Opinión. Adultocentrismo legislativo

Opinión. Adultocentrismo legislativo
14/04/2023 |09:56Rubén Galicia |
Redacción Querétaro
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Pronto, muy pronto, una nueva generación de jóvenes estará liderando nuestro país. Este hecho cuestiona naturalmente el statu quo y amenaza la permanencia de quienes por muchos años han tomado las decisiones en los sectores económicos, políticos y sociales.

La reciente aprobación en el Pleno de la Cámara de Diputados de una reforma que modifica la edad mínima para ser diputado, pasando de 21 a 18 años, ha generado, como era de esperarse, una serie de comentarios y críticas sobre la capacidad de los jóvenes para ocupar ciertos cargos y responsabilidades en la administración pública.

Sin embargo, considero que la edad no debería cargar con un estigma o prejuicios sobre la capacidad de las personas para desempeñar una tarea, mucho menos en el terreno legislativo. Podemos encontrar personas de edad avanzada con poco o nulo conocimiento sobre leyes, así como jóvenes expertos en la materia.

Por lo anterior, sostengo que se ha generado un falso debate en cuanto a la edad para ser diputado. Juzgar o evaluar la capacidad de una persona para legislar únicamente en función de su edad es simplista y carece de objetividad.

En una sociedad democrática madura, como la que aspiramos a ser, esta reforma debería tener poco impacto en las elecciones que tomemos para elegir a nuestros representantes, pues elementos como las propuestas, los estudios, el conocimiento y la experiencia deberían ser mayormente ponderados.

El problema, me parece, no es si se baja o se sube la edad para ser representante popular o funcionario público, el verdadero problema está en exigir resultados y calidad en su actuar, en encontrar los mecanismos para que lleguen los mejores, en transparentar su toma de decisiones y asegurar que estas respondan al bienestar colectivo.

En la próxima elección presidencial del 2024, los primeros votantes, jóvenes que para entonces cumplirán 18 años y participarán por primera vez, suman alrededor de seis millones. Sumados a la población menor de 35 años, constituimos más de la mitad del padrón del INE, unos 54 millones, ni más ni menos.

Es ilógico que temas que se estarán discutiendo en el terreno legislativo en los próximos años se tomen sin la participación directa de representantes jóvenes. Superemos los prejuicios de la edad y busquemos que lleguen los mejores, los más preparados, de mayor vocación, los más entusiastas y propositivos. De otra manera, la política de siempre usará a los jóvenes, hijos, sobrinos y ahijados como prestanombres para seguir favoreciéndose del poder. No lo permitamos.

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