Rubén Galicia

Glosa 2026

Hay un ejercicio de la política local que ocurre todos los años y que, muchas veces, suele pasar casi desapercibida.

Durante tres días, el Poder Ejecutivo tendrá que sentarse frente al Poder Legislativo para explicar qué hizo, cuánto gastó, qué resultados obtuvo y qué quedó pendiente. A partir de hoy, 23 y hasta el 25 de septiembre, 18 funcionarios comparecerán ante la LXI Legislatura como parte de la Glosa del quinto año de gobierno de la administración 2021-2027. Serán sesiones públicas y transmitidas en vivo.

La Glosa es un ejercicio que explican en gran medida para qué existe el Congreso ya que una de las responsabilidades fundamentales de las y los diputados es revisar, fiscalizar y cuestionar cómo se ejerce el dinero público.

Y hay una razón particularmente importante para hacerlo. Son los propios diputados quienes aprueban cada año la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos. De sus decisiones depende cuánto dinero se asigna a las dependencias, a los municipios, a las universidades públicas, a los organismos y a los proyectos de infraestructura. La Constitución local establece entre las facultades de la Legislatura aprobar anualmente el presupuesto, así como citar a servidores públicos a comparecer.

La realidad es que las comparecencias suelen tener poco eco fuera del propio círculo político. Son pocos los ciudadanos que conocen cuándo ocurren, quién comparece, qué se pregunta o a qué conclusiones se llega. Y cuando llegan a la conversación pública, con frecuencia lo hacen convertidas en fragmentos de declaraciones, confrontaciones políticas o momentos diseñados únicamente para las redes sociales.

La Glosa ocurre precisamente antes de que el Congreso vuelva a discutir el presupuesto. Por lo que este ejercicio tendría que servir para que las y los diputados lleguen a esa discusión con mejores elementos.

Aquí también aparece el otro gran valor de la Glosa, servir para que el Legislativo rinda cuentas sobre sus propias decisiones, cuando un diputado cuestiona que un programa tuvo pocos resultados, también podría preguntarse si el diseño presupuestal que aprobó era suficiente. Cuando señala que una obra está retrasada, debería revisar qué supuestos aprobó al asignarle recursos. Cuando exige más inversión en determinada área, tendría que explicar qué otra prioridad deberá modificarse para financiarla.

La Glosa debería ser una conversación incómoda, técnica y necesaria entre dos poderes que tienen responsabilidades distintas, pero que comparten una obligación frente a los ciudadanos: que cada peso público tenga una razón y un resultado.

Esta semana veremos cifras, exposiciones, cuestionamientos, respuestas y probablemente algunos momentos de confrontación.

Ojalá que, al terminar, no solamente sepamos qué dijeron los funcionarios. Ojalá sepamos también qué aprendieron los diputados.

Si la Glosa termina solamente en declaraciones para los medios, habremos tenido política, pero si sus conclusiones sirven para decidir mejor el presupuesto del próximo año, entonces habremos tenido rendición de cuentas.

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