Durante las campañas estadounidenses de 1992, el estratega James Carville resumió en una frase lo que realmente definía el ánimo social y el sentido del voto: “It’s the economy, stupid”. La economía era el tema que atravesaba todo. Hoy Querétaro parece acercarse a su propia versión de esa realidad política. Solo que aquí la frase seria: es el agua.
En los últimos días, dos de los conflictos sociales más visibles en el Estado tuvieron al agua como factor central. Por un lado, el cierre de la carretera 57 por habitantes de Santa Rosa Jáuregui, particularmente de la comunidad de La Versolilla, exigiendo la construcción de un nuevo pozo de abastecimiento. Por otro, la polémica por la plaga de mosquitos en el Parque Querétaro 2000 y colonias vecinas, derivada de descargas de aguas en el bordo Benito Juárez.
Querétaro ha sido, durante años, una excepción en el contexto nacional. Mientras otros estados enfrentan crisis severas de inseguridad, corrupción o estancamiento económico, Querétaro construyó una narrativa de crecimiento, inversión, empleo y estabilidad. Y es ese mismo éxito que atrajo a miles de familias, lo hoy nos tiene con un enrome reto por delante.
El agua es uno de esos temas que terminan conectando prácticamente todo: salud pública, desarrollo urbano, movilidad, medio ambiente, crecimiento económico, infraestructura, desigualdades e incluso gobernabilidad. El desafío es todavía más delicado porque Querétaro seguirá creciendo. Llegarán más industrias, más parques logísticos, más desarrollos inmobiliarios y más familias atraídas por estas oportunidades. Pero ningún crecimiento urbano puede sostenerse indefinidamente sin una estrategia hídrica de las mismas magnitudes. Y eso implica tomar decisiones incómodas: regular el crecimiento, proteger zonas de recarga, limitar desarrollos en áreas de estrés hídrico, modernizar redes, invertir en tratamiento y reutilización, fortalecer organismos operadores y, sobre todo, planear con visión metropolitana.
El agua ya dejó de ser un asunto técnico. Hoy es un tema social, económico y político.
Durante años, gran parte de las discusiones sobre agua ocurrieron lejos de la conversación pública, atrapadas entre tecnicismos, burocracia y decisiones de escritorio. Pero la presión social que hoy vemos en Querétaro demuestra que estos temas deben ser socializados, construidos en colectivo, asumiendo corresponsabilidad de todas las partes.
Este debería ser un ultimátum para involucrarnos colectivamente. Desde el hogar, desde las universidades, desde la planeación urbana, desde la iniciativa privada, desde los gobiernos municipales y estatales, desde los organismos operadores y también desde la ciudadanía organizada. Lo que está en juego no es solamente el suministro de agua de hoy, sino la viabilidad misma de la ciudad que queremos habitar mañana.
Conforme se acerquen las próximas elecciones, veremos como cada vez más este tema tendrá un peso central en el debate público. Detrás de muchas de las tensiones urbanas del futuro aparecerá el mismo problema de fondo: el agua.
@RubenGaliciaB