La reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos siempre ha sido un termómetro del ánimo global. Y la edición de este año está siendo histórica, retrata un mundo en un innegable punto de inflexión. Dos temas dominan la conversación: la influencia global de Estados Unidos y el impacto de la inteligencia artificial. Ninguno es menor. Ambos son capaces de alterar, de forma profunda, el orden que dimos por sentado durante décadas.

Un momento que marcó la agenda, fue el discurso de Mark Carney, quien se atrevió a decir en voz alta lo que muchos comentan en privado: que el orden mundial que conocimos ha terminado. “Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal”, dijo, aludiendo a una geopolítica sin frenos donde las grandes potencias ejercen sin límites su poder. Su llamado no fue a la resignación, sino a dejar de fingir, a nombrar la realidad y a reconstruir fortaleza desde lo interno y lo colectivo. En Davos, ese tipo de franqueza no es común; por eso resonó.

El contraste; a pocas horas de su arribo a Suiza, Donald Trump publicó imágenes generadas con inteligencia artificial simulando la conquista de Canadá y Groenlandia.

No es casualidad que el propio Foro Económico Mundial haya actualizado su lista de riesgos globales con un giro inquietante. El mayor riesgo global actual ya no es económico ni climático: es la guerra entre Estados. Y la proyección para 2027, es que el principal riesgo será la desinformación. No lo que ocurra, sino la incapacidad colectiva para distinguir lo generado por la inteligencia artificial de lo qué es verdad. Cuando la verdad se diluye, la sociedad se paraliza. Y cuando una sociedad se rompe, gobernar se vuelve prácticamente imposible.

Davos, en ese sentido, es una muestra concentrada de lo que viene. Se habla sin ambages de esferas de influencia, de territorios estratégicos, incluso de escenarios que hace una década habrían parecido impensables: desde la disputa por Groenlandia hasta la presión abierta sobre aliados históricos. El lenguaje ha cambiado porque la realidad ya cambió.

En este tablero, la pregunta inevitable es qué papel juega México. ¿De qué lado estamos? ¿Con quién jugamos? ¿Cuáles son nuestras verdaderas fortalezas en un mundo que se reorganiza por bloques y por capacidades tecnológicas? ¿O seguimos a la deriva, reaccionando a decisiones ajenas, expuestos a la voluntad de otros? Davos no ofrece respuestas automáticas, pero sí deja claro algo incómodo: la neutralidad pasiva ya no es una opción.

Este nuevo mundo exige claridad estratégica, inversión en capacidades propias y una lectura honesta de nuestras vulnerabilidades. La ruptura del orden global no es una predicción: es un hecho. Y mientras en Davos se discute cómo adaptarse a esa nueva realidad, los países que no se hagan las preguntas correctas corren el riesgo de quedar no solo rezagados, sino irrelevantes.

Algunos de los principales diálogos y conferencias de la reunión anual 2026 pueden seguirse en vivo a través de su página: weforum.org

@RubenGaliciaB

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