Rubén Galicia

Brasil y el voto joven

Brasil reeligió a Lula; Serbia dio una victoria histórica a los candidatos respaldados por el movimiento estudiantil; Israel celebró ayer elecciones parlamentarias en un contexto marcado por la guerra y la seguridad; y España se prepara para las elecciones del 29 de noviembre, donde los partidos se disputan en redes sociales la atención de millones de nuevos votantes.

Estos cuatro escenarios electorales comparten una pregunta común: ¿qué papel están jugando las juventudes en el futuro político de sus países?

Lula consiguió remontar en la segunda vuelta, en parte, gracias a la movilización digital. El canal de WhatsApp “Ejército de Lula” reunió a casi 11 millones de seguidores, que participaron en acciones coordinadas para amplificar los mensajes de la campaña.

En Serbia, después de dos años de protestas estudiantiles, los candidatos respaldados por el movimiento universitario obtuvieron alrededor del 53% de los votos en las elecciones del 26 de octubre. La movilización que comenzó en las calles logró traducirse en una alternativa electoral.

El caso de Israel demuestra que no existe una sola juventud ni una orientación política compartida por toda una generación. Cerca de tres cuartas partes de los jóvenes judíos encuestados se identifican con la derecha o la centroderecha, en un país donde la guerra y la seguridad marcan profundamente el debate público.

Y en España, los partidos trasladan la contienda a TikTok, Instagram y youtube para conquistar a 1.7 millones de nuevos votantes. Las estrategias buscan conectar con una generación que exige empleo y mejores oportunidades para independizarse y acceder a una vivienda propia.

La participación juvenil puede adoptar formas distintas: organización en una campaña digital, exigencias a un gobierno, votar por una opción conservadora o convertir una protesta en una fuerza electoral.

Una de las lecciones más importantes es que la movilización colectiva puede cambiar los resultados electorales.

A México le toca tomar nota. En 2027 habrá elecciones en 17 entidades y se renovará la Cámara de Diputados federal, en un país cuya composición demográfica también está cambiando: la edad mediana pasó de 29 años en 2020 a 32 en 2025, según el INEGI. Este cambio obliga a pensar en cómo las nuevas generaciones participan en la política y qué esperan de quienes aspiran a representarlas.

El voto joven se gana entendiendo qué les preocupa, qué los moviliza y por qué algunos deciden participar mientras otros se alejan de las urnas.

La vivienda, el empleo, el medio ambiente y la salud mental no son temas exclusivos de la juventud brasileña, serbia, israelí o española. Son demandas legítimas de una generación que busca oportunidades para construir su propio futuro. Comprenderlas exige dejar de ver a los jóvenes como número de votos y reconocerlos como ciudadanos cuyas inquietudes deben tener un lugar en las decisiones y agendas públicas.

Antes de convencer a una generación de votar, la política necesita demostrarle que puede tener razones para confiar en ella.

Rubén Galicia

Te recomendamos