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Como cada 5 de febrero, Querétaro se vuelve epicentro de la vida pública con la conmemoración del Aniversario de la Constitución. Este año, el acto tiene un peso histórico singular: por primera vez, los discursos centrales estarán a cargo de mujeres, Claudia Sheinbaum, presidenta de la República; Laura Itzel Castillo, presidenta del Senado; y Kenia López Rabadán, presidenta de la Cámara de Diputados, un contraste enorme con 1917, cuando el Congreso Constituyente estuvo integrado exclusivamente por hombres.
El contexto político de este año es igualmente polémico. La presidenta Sheinbaum ha confirmado que enviará al Congreso su propuesta de reforma electoral, posiblemente en los próximos días. Se trata de una iniciativa largamente anunciada desde el año pasado, cuando se publicó en el Diario Oficial el decreto para crear la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral.
Desde entonces, el tema ha generado críticas, alertas y desacuerdos entre legisladores de oposición, académicos, periodistas, ciudadanos y exfuncionarios de organismos electorales. Aunque el texto final aún no es público, los ejes de la reforma son conocidos: reducción del costo de las elecciones, reconfiguración de las autoridades electorales y fortalecimiento de la representación democrática. Sobre el papel, objetivos aparentemente positivos. En la práctica, profundamente controversiales.
El problema no es debatir estos temas. El problema es desde dónde y para qué se impulsa la reforma. A diferencia de las grandes reformas electorales de otros años (1977, 1990, 1996, 2007-08 y 2014), que surgieron para responder a crisis de legitimidad y a las demandas de las minorías y la oposición, la reforma que hoy se discute nace desde el poder y para el poder.
La discusión pública se ha concentrado en el número de plurinominales, pero ese no es la raíz del problema. El verdadero origen de la distorsión en la representación está en el sistema de coaliciones, que permite transferir artificialmente triunfos de mayoría relativa entre partidos aliados. Esta práctica hace que partidos con votaciones marginales del 3, 4 o 5% acumulen curules como si contaran con un respaldo ciudadano significativo, mientras otros, con mayor número de votos, quedan subrepresentados.
Las simulaciones con recortes de 25, 50, 75, 100 y hasta 125 diputaciones de representación proporcional muestran un patrón constante: PAN, PRI y Movimiento Ciudadano concentrarían las pérdidas, mientras Morena, PT y PVEM conservan o incluso incrementan su peso relativo.
Modificar las reglas sin reforzar la autonomía de las instituciones no fortalece la democracia. La reforma parece menos orientada a mejorar la representación que a asegurar contrapesos y legitimidad, similares al sistema del viejo presidencialismo.
Querétaro vuelve a ser escenario de una conversación que puede cambiar el rumbo del país. A más de un siglo de 1917, la Constitución se cuestiona, se debate y se reescribe. Lo que se pronuncie este próximo 5 de febrero ira más allá de la retórica. La pregunta es si esas palabras marcarán límites, orientarán consensos o anticiparán el sentido de la próxima reforma que estamos por conocer.
@RubenGaliciaB
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