Al parecer la humanidad ya olvidó el fenómeno de la pandemia recién padecida, nadie habla más del tema y de sus grandes costos; sin embargo, las consecuencias están por venir. Entre éstas, se encuentra la alteración del humor social.
Si bien el humor social es una categoría de las ciencias sociales, en uso desde hace buen tiempo, para el ámbito académico, no es sino a partir de la pandemia del SARS-COV-2 (Covid-19) cuando observamos el desborde de un cúmulo de trastornos sociales e individuales inusuales en el costumbrismo mexicano y, en particular, en Querétaro.
A ese respecto, ya ciertos investigadores de América Latina recurren al término de “terrorismo íntimo” para describir e intentar explicar el desdibujamiento y deterioro de la familia tradicional devorada por los diversos trastornos pospandémicos. La violencia de pareja, violencias sexuales y los feminicidios están en una situación de emergencia y deben abordarse desde innovadores proyectos de investigación social. Los viejos paradigmas ya no son útiles, se agotaron...
En la pospandemia, el humor social está cambiando paulatinamente hacia nuevas formas de ira, enojo, irritación, tristeza y hasta incomodés las cuales se expresan no sólo en el seno de la familia, sino también en los barrios, colonias de las diversas clases sociales del país y del estado de Querétaro en particular. A contracorriente de este fenómeno, las instituciones educativas y de investigación son interpeladas para generar diagnósticos actualizados del estado que guarda el carácter y el comportamiento social. Con diagnósticos actualizados, los gobiernos serían los usufructuarios de dicha información para una toma de decisiones más certera y eficaz. Dígase lo que se diga, hasta ahora, la información actual a propósito de los nuevos trastornos sociales y los cambios en el humor social no existen a menos que las instituciones gubernamentales y educativas muestren recientes estudios del hecho social en cuestión.
Recordemos una escena de la película norteamericana Joker (El Guasón, 2019) donde precisamente el personaje central va en un transporte público, desde otro asiento un niño le dirige la mirada y, entonces, él le hace muecas hasta lograr la sonrisa del menor. La madre, quien acompaña al niño, se percata de la situación y le reclama airadamente al Guasón. Este empieza a reírse de forma expresiva e incontrolable, la madre sube el tono del reclamo, entonces, él le intenta explicar, sin ser comprendido, que padece un trastorno mental el cual se expresa en esa “carcajada” que no es de alegría sino de sufrimiento, enseña, incluso, una tarjeta en la que describe su enfermedad. Todo queda en la incertidumbre. Así concluye la escena.
¡Cuántos ámbitos de la vida social, económica, educativa y hasta política no están siendo afectados por los nuevas patologías sociales a consecuencia de la pandemia, y aún no son comprendidas hoy día! En esta dirección, los gobiernos y las instituciones de educación superior están invitados a evitar que se cancere el buen humor de los mexicanos y los queretanos, así como evitar la violencia ya recurrente en las calles de la urbe.
























