El saludo. Querida “República”: mañana por la madrugada los Reyes Magos visitarán los hogares de millones de familias mexicanas.

Los Magos de Oriente arribarán cargados de simbolismos: de sabiduría, fe y diversidad; de realeza (oro), divinidad (incienso) y humanidad (mirra).

Melchor, Gaspar y Baltazar cruzarán territorio mexicano llevando sobre sus hombros siglos de historia, incorporando elementos de distintas culturas y tradiciones; pero también, preservando intacta su misión como mensajeros universales de esperanza. Esa que tanto nos falta fundamentar en nuestra vida pública.

El mensaje.

¿Cuál sería tu carta a los Reyes Magos para mejorar “La Cosa Pública”?

Tal vez les solicitarías “borrar de un plumazo” la red de corrupción, crimen organizado, financiamiento ilegal, complicidad política e impunidad que ha prevalecido durante las últimas décadas.

Probablemente optarías por pedirles una vida pública donde la ley y el Estado de Derecho prevalezcan sobre la lealtad política, el resultado sobre la ideología, la institucionalidad sobre la ocurrencia, la eficacia sobre la popularidad, la política pública sobre la militancia, la meritocracia sobre el clientelismo, la justicia sobre el olvido, la verdad sobre la narrativa.

Quizá les pedirías que los tres principios básicos promovidos por el autodenominado “movimiento de transformación” —“no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”— fueran una realidad presente en la vida de sus representantes.

A lo mejor te nace escribirles que las “obras faraónicas” promovidas durante los últimos años finalmente justifiquen su existencia; que cumplan propósitos claros, que no excedan más sus presupuestos programados, que se ajusten a criterios de transparencia, eficiencia y supervisión permanentes.

Sin duda, les encomendarías la tarea de limpiar el sistema político mexicano desde la raíz.

Bien harías en requerirles gobiernos que actúen, que afronten los problemas, que manden escuchando y obedeciendo a sus ciudadanos; asumiendo su responsabilidad presente sin voltear al pasado, sin simular, ni mirar hacia otro lado.

Harías bien en solicitarles, además, una ciudadanía más responsable y participativa; una que critique y exija involucrándose; una que se sacuda de comodidad e indiferencia.

La despedida.

Querida “R”: al igual que los Reyes Magos, sigue tu estrella con rumbo y con propósito. Recuerda lo dicho por Antoine de Saint-Exupéry: “si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía”.

La firma.

Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

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