El saludo. Querida “República”: en “La Cosa Pública” hay espacios desiertos; vacíos voluntarios e involuntarios cargados de matices, simbolismos y mensajes políticos.

El mensaje

La soledad que acompaña a la presidenta Sheinbaum en su propuesta de reforma electoral parece ser, lo mismo, una decisión que una consecuencia. Elucubrada desde el poder para mantenerlo, fue anunciada como una gran receta para fortalecer la participación ciudadana, castigar privilegios, reducir gastos excesivos y modernizar la vida democrática; todo ello, bajo el argumento central de que la propuesta cumplía con “los deseos del pueblo”.

En el ínter fueron quedando varias preguntas sin respuestas por parte del “oficialismo”: ¿exactamente qué “pueblo” pidió esta reforma?, ¿la propuesta favorece un marco electoral competitivo para todos los participantes?, ¿cómo se fortalece una democracia al reducir el pluralismo efectivo?, ¿al eliminar el programa de resultados preliminares?, ¿quién gana al debilitar al árbitro electoral?, ¿a qué se debe la ausencia de control y fiscalización en la iniciativa?, ¿por qué se empeñan en ignorar al “elefante en la sala”? (la injerencia del crimen organizado en los procesos electorales; la violencia y la coacción del voto, el financiamiento ilegal, los candidatos con vínculos criminales, el sabotaje de las jornadas electorales).

A tan solo unos días del abatimiento de uno de los criminales más buscados de la historia reciente de nuestro país —pésimo “timing” político y social—, se pretendió acelerar el proceso de su aprobación a punta de improvisaciones, diapositivas de “power point”, decálogos, “mensajes mañaneros” y modificaciones a once artículos constitucionales.

El resultado fue el esperado: división, polarización y señalamientos cruzados, a tal punto, que al día de hoy la propuesta carece del respaldo de varios “aliados” e integrantes del propio “oficialismo” —debido a su “tufo” eminentemente hegemónico—.

La soledad generada por la propuesta de reforma electoral de la presidenta Sheinbaum —quien pareciera aferrarse al refrán “más vale sola que mal acompañada”—, es proporcional al tamaño de la desconfianza provocada.

Muestra de ello, es que la propia Presidenta se “curó en salud” al afirmar que independientemente de que su iniciativa no sea aprobada en el Congreso, el solo hecho de haberla presentado significa una victoria para ella; insistiendo en que la propuesta incluye aspectos solicitados por la población y anticipando un “plan B” —lo que eso signifique—.

La razón, de forma, es la percepción de soledad provocada por “propios” y “extraños”. La razón, de fondo, es el vacío de consensos.

La despedida

Querida “R.”: aprende a escuchar y, sobre todo, ponlo en práctica; es el mejor remedio contra la soledad.

La firma

Tu amigo: “El Discursero”.

P.D. En espera de una próxima carta, deshazte del sobre amarillo.

Google News